Cdnflag La Redvista Electrónica de Cultura Latinoamericana en Canadá
Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 57 - Amores de Sol
Publicación de julio, 2001.
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Mis Pensamientos Sueltos, mi Poesía:

  Poesía por Lourdes Rangel   (version pdf)

La poesía reside en tu cuerpo y en tu corazón, en las dos partes, como diría Descartes. ¿Cuál es el movimiento de las partes? Yo pienso que la musicalidad de las palabras. O sea que, en base al ritmo y retorno, como diría Verlaine es música o idea o sueño. Como en el caso de los surrealistas, es tridimensional, es música, sueño y movimiento. Respecto a los miedos en la poesía creo que en esta época todos tenemos miedo del amor. Tememos comprometernos con el amor. ¿Cómo escribir poesía temiendo al amor? Es que una cosa es la poesía y otra el amor. Es más difícil entregarse amorosamente a los hombres porque implica alguien más que uno mismo. Es más difícil porque depende de otra persona: en cambio, la poesía depende de uno mismo. No depende de los demás. El hacer depende de uno mismo y la interpretación de los demás, como lectores

Carta del Bosque

Mi nuevo amigo:
Años luz para desangrarme en la partitura
de una hoguera catada,
para abrasarme con el perfume primitivo
que el cipresal bajo nuestra sombra verde sueña.
Es un aliento que se cuelga del umbral
de mi garganta
como bellota deletreando cualquier nombre.

Después de andar el itinerario de tu pecho,
la penumbra
respiraba a través de las hojas, y al mirarte...
al mirarte me rompí en dos constelaciones
que unen sus pedazos
para regalar un caparazón a la noche.
Me dejas bandada de aves que cruzan el océano
para perforar el primer trino de la sed nocturna
hasta descansar en la palabra azul de cualquier
sauce.

Mis ojos, amigo, de mirar embotado,
han podido sostener mil combates
cuando miran tu cuerpo de hombre.
Son guardianes de la madriguera
donde huye tu sangre salvaje por la noche...

Por la noche ya no ha vuelto a jaspear el Sur
en la piel de algún leopardo de la ceiba.
Me evaporo de ti como todas las lluvias
que fluyen secretamente circulares
en la corteza de tus ojos.

Discúlpame si no recuerdo cómo te llamas, pero la pronunciación de los abetos
reproduce nuestra emoción al desgarre
de cualquier horizonte
y sobre el cassette que corre un bosque de Marte
suenan cintas de pinos estableciendo tus párpados.

La chimenea, danza la chimenea con el humo
de las palabras
en nuestro primer encuentro y me pregunto
por tus venas de boj, por esa savia: deseo.
Deseo quemarme con el idioma del heno,
de los leños en noviembre,
arder en el hechizo de los cuentos medievales
que escuchaste de niño.

¿Cuánto falta domesticar al mediodía
y calmarlo en las entrañas de los cedros?
¿Cuántas calles sin tiempo
cuando aprendemos a decir las primeras
carreteras?

Amigo, quiero amanecerte, que ningún sol
me recuerde sin el eco de tu sombra,
que sus rayos debatan la alquimia entre nosotros.
A partir de la luna gotean los feudos
y los caballeros,
y cada armadura es suspiro cruzando un bosque
de noche artesana
donde toda la materia prende sin lograr
consumirse.

P.D. ¿Y cómo has estado? Perdona mi escritura enmascarando los árboles, pero cuando me miras tu niñez huele a hierba quemada, de tus venas mil aves que cantan locas entran
y salen,
la voz se te enverdece y, lo mismo que las hojas,
tiembla.

Jeroglífico del Agua

I

La lluvia se volvió íntima en nuestra ventana,
disuelve esta calle, nos ahoga por dentro.
Decanta un bosque la luz de la carretera:
tu mirada,
película que habla la lengua del árbol.

La lluvia pare nuestros latidos antes de morir,
tiembla su oído de cristal en mi cuerpo
y cuando resbala una gota sonámbula de amor
desprende la crónica nocturna de las piedras.

II

Duermes sobre el océano azul de arrepentirse,
entre las olas que encuentran su historia en la arena...
(a caracol al lado me suena el recuerdo
en tu almohada.)
hacia el muelle un beso violenta su oleaje,
tus labios como colibríes exploran dunas,
queman el aroma que amuralla lirios.

La soledad te arrastra en dirección a mi barco.
Junto al turquí nos anclamos a una vena
de nuestra isla...
¿recuerdas cómo oíamos sufrir al mar?

(Con la noche el faro se prendía de amapolas,
explorabas un continente de fósforos tropicales.)
Marea alta: la luna nunca perdona la tierra.

III

La fuente de tu casa dialoga con mis ojos,
me rompen desde el balcón hacia dentro
las lágrimas.
A la luna se incrustan imágenes de cristal
y en los labios de mi violín tiembla la pena...

En este jardín te esperé como un trébol de cuatro
hojas
como la noche que gira en su falda infinita:
¿Escucha cómo florecen y se deshoja mi alma
líquida!
La sangre parece tener alas al dejar el corazón.

IV

Como árida luz te conserva al lago ciego:
una barca de plumaje blanco que lo cruza.
En su pupila la corriente mi nostalgia.
Desde la última nube el humo te canta
mi nombre
y sus ecos verdes agigantan todo el árbol
para dar sombra al momento en que se incline tu llanto.

De tu sueño hacia dentro el lago es profundo
y los párpados te aletean, pues buscan un reflejo
que ilumine el cauce de otra aurícula.
(hace tiempo que soy agua y tomo
la forma de nuestra tristeza
aunque otro cisne
se busque
en mí.)

Rosas azules

Rosas azules



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