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Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 72 - Los amigos perdidos
Publicación de octubre, 2002.
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Los amigos perdidos

  Editorial por José Tlatelpas   (version pdf)

Los amigos perdidos... en este mes se cumplen 17 años de la muerte de Rockdrigo, una gran pérdida para la cultura de nuestro país. Sus canciones son parte de nuestra realidad cotidiana, de nuestra realidad real, de la mera neta, de la pura neta, como sacada de nuestros sueños, angustias, corazón, loqueras y alucinaciones. Rockdrigo murió como consecuencia del terremoto de la ciudad de México. Si bien lo conocí, no puedo decir que éramos amigos íntimos por no haber tenido el tiempo y la oportunidad, a pesar de haber convivido en muchos eventos públicos.

Recuerdo el día después del terremoto, fui a ver lo que había pasado por la ciudad, me tocó organizar junto con José Hernández Delgadillo, Mario Ramírez, Benito Balam y Ulises Perzábal "La Changa" las primeras brigadas culturales de apoyo. Ulises nos comentó que la noche anterior había estado en una fiesta, un reventón, en casa de Rockdrigo y que, en la madrugada, tuvieron una diferencia y Ulises salió disgustado de la casa del cantautor. Rockdrigo, después de la larga fiesta, cayó rendido por el sueño del que ya jamás despertaría. "La Changa" me platicó esto el mismo día, no recuerdo si ya sabía que se había derrumbado la casa de Rockdrigo. Las terribles noticias fueron llegando poco a poco y nos costaba trabajo enterarnos de lo que estábamos viviendo. Ulises se incorporó de inmediato a los trabajos de rescate y apoyo cultural. Y pronto recibiríamos no sólo esta trágica noticia sino muchas otras más.

Recodar la muerte de Rockdrigo nos hace recordar la partida de varios otros importantes actores de la solidaridad y la cultura en ese momento: José Hernández Delgadillo, quien aparte de organizar y trabajar en la solidaridad y organización de los rescates creó una excelente colección de grabados sobre el terremoto. Pepe ya se marchó también dejando un recuerdo de abnegación, dedicación y honestidad en su trabajo cultural. José de Molina, cantautor de las causas contestatarias en México y América Latina, cronista musical del México moderno, a quien sugerí hiciéramos juntos un disco sobre el terremoto que terminó haciendo con el poeta Benito Balam, Leopoldo Ensástiga organizador social que hizo una labor humanitaria durante los terribles sucesos del terremoto... todos ellos se han marchado ya...

Pero todo ellos estuvieron ahí, junto con otros destacados artistas, estuvieron junto al pueblo que sufría y detallaron la experiencia solidaria del un pueblo que por sí mismo se organizó para salvar a sus hermanos. Una bella obra de estas brigadas culturales, tan ajenas a los grupos culturales de élite que sólo vieron en el evento una oportunidad de autopromoción y cuya solidaridad ficticia sólo se dio en las declaraciones públicas y en adjudicarse una participación más inventada que real. Faltó Rockdrigo, un artista conocido por su autenticidad y solidaridad que hubiera sin duda estado en primera fila con las brigadas de rescate.

Rockdrigo hizo un bello trabajo de llevar la cotidianidad de una juventud rebelde a la música. Digo cotidianidad rebelde porque la mayoría de los compositores y cantantes nos presentan unas canciones artificiales, simplistas, cuidadosamente confeccionadas con fines mercadotécnicos o preciosamente labradas, tanto, que a veces empalagan. Rockdrigo reivindicó el mundo de las juventudes pobres, ocupadas en la joda diaria de la vida, las que estaban ausentes de trovas preciosistas y relativamente ajenas, lejos de las elegancias de la televisión "bonita". El llevó al rock la voz rebelde pero no la voz rebelde en imitación de culturas ajenas, sino la voz rebelde de los chavos de la banda, de la esquina, de mi calle. Usó nuestra voz, nuestra experiencia, lo que otros no han considerado cultural, literario, musical: lo nuestro, a fuerza de real-real, inusitadamente ajeno en las preocupaciones artísticas que de unos artistas que buscan musas en los cielos y no en los rincones de su propia casa. Cultural en sí, en plenitud, pero visto desde adentro, se antoja más bien una disquisición del alma de frente su sus propias pupilas y sus propias soledades.

Cabría decir que otros con él hicieron esta magnífica labor, entre ellos La Maldita Vecindad, el Tri y el propio Ulises Perzábal, perdido en el sótano del sótano del underground; pero quien también es autor de composiciones sumamente ricas y significativas y es uno de los arquitectos del rock y el blues mexicanos más auténticos, críticos, originales y de raigambre popular.

Recordamos en este aniversario recordar la obra de Rockdrigo con aprecio y regocijo, con tristeza y profundidad. Su obra chira quedará entre nosotros. Cabría recordar también que sería muy benéfico valorar a los cantautores en nuestros países mientras están vivos, y no sólo descubrirlos una vez que han físicamente se han marchado. Gracias por tus rolas, Rockdrigo, camarones.

Foto de Ulises Perzábal "La Changa" tomada por Lisa Cassidy para The Minnesota Daily, un periódico estudiantil independiente en la universidad de Minessota.

Foto de Ulises Perzábal "La Changa" tomada por Lisa Cassidy para The Minnesota Daily, un periódico estudiantil independiente en la universidad de Minessota.

Foto de Ulises Perzábal "La Changa" tomada por Lisa Cassidy para The Minnesota Daily, un periódico estudiantil independiente en la universidad de Minessota.

Foto de Ulises Perzábal "La Changa" tomada por Lisa Cassidy para The Minnesota Daily, un periódico estudiantil independiente en la universidad de Minessota.



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