Cdnflag La Redvista Electrónica de Cultura Latinoamericana en Canadá
Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 71 - Creaciones y eventos de México, Chile y Japón
Publicación de septiembre, 2002.
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Romance del Ejército

  Poesía por Mario Ramírez   (version pdf)

El guerrero ha montado
un pájaro del odio.
Hoy como nunca,
sus brazos se han podrido
en números aberrantes.
Puede que sean las barras
de algún lenguaje óptico.
Puede que sean las barras
de alguna bandera de odio.

Puede que el guerrero
se haya metido en una tortuga de metales,
capaz de horadar la tierra e
incubar los huevos de la muerte.

Nadie sabe que es lo que pasa
en la cabeza del guerrero.
A través de sus ojos ni la noche
puede alcanzar a las sombras
que anidan su mente.
A través de sus ojos sólo se han visto
pervertidos cristales
anclados en la cacería de sueños.

En su máscara de hierro permanece
la mueca del fuego.
No es que el amor halla poseído a la dureza.
No es que se hallan encendido las estrellas
en algún rincón del acero.
Es que el guerrero ha montado
un pájaro del odio.

¿Cuándo comenzó?
¿Cuándo terminará?
Los primeros guerreros se apegaban
a la respiración del universo.
Eran los hombres que se volvían dioses
y la guerra era consigo mismo
y contra los animales del fuego,
contra los poderes del aire, la tierra y el agua.
Y guerrear con el hombre era recrear al universo.

¿Recuerdas tu imagen derrotada en el espejo?

El primer escalón de la victoria.

¿Las Diez mil Mutaciones del Guerrero?

¿El Dragón que protege a la espada?

¿Recuerdas la Té Katana?
El brazo sable.

ELa derrota del mundo
como el camino al Nagual?

¿Por qué cambiar tu sangre por petróleo
o unas cuantas monedas arrojadas al piso?

* * *

¿Y el Bushido?
El código de honor Samurai.
Las 6 líneas del honor en el vestido.

Ah, Ey el juramento del Sir?

Ya no hay Dios.
Ya no hay Rey.
Ya no hay Dama.
En su lugar una fila de números candentes
convertidos en ecuación de la impunidad y el asesinato.
¿Cuándo terminará?

* * *

Las manos del guerrero pesan
como puede pesar el plomo incendiado
o como puede pesar un cadáver ennegrecido de cadáveres.
Pesan al momento de abrir las alas negras del pájaro del odio.

Pero al guerrero no le pesan
pues sus músculos no conocen
el peso exacto de la razón
o la humanidad.

No conocen la gravedad que alcanza a despeñar
las astillas de los hombres.
Ni que a esos hombres sí les pesa la gravedad
de sus manos inminentes
podridas en códigos de audio.

* * *

El guerrero ha descubierto
los rincones de la médula
y sobre ella arroja los relámpagos
del hierro.

Pareciera que los dioses le han
heredado el hacha del trueno.
Y tal vez llegó a creerse seso de pájaro
o volcán de alas.
Pero no puede evitar la risa
del comerciante y el burócrata,
del avaro y los generales,
mientras va depositando mentiras contundentes
sobre humillantes flores de llamas desoladas.
Son mentiras traducidas
en unos cuantos discursos
y un medallón de oro.

¿Cuándo comenzó?
¿Cuándo terminará?
Son heraldos negros
y calaveras de plomo
arropados con ingenios
construidos por sabios
con sueldo pagado por comerciantes.

Así no hay espejo que soporte el óxido
de la concavidad vacía que debiera guarecer
los corazones.

¿Que te importa el dragón?
Si hay un puñado de monedas
arrojadas al tacto de tus deseos.
Que importa si las varillas
del torso no cubren
más que circuitos de la metralla.

Para el amor están los que depositan
sus huesos por la mañana
y abren los oídos por la noche
para recogerlos en las estampidas
de trincheras.
¿Cuándo terminará?

El Guerrero ha bajado
con sus alas negras
y sus estrellas metálicas
filosas hasta los cuellos.

El Guerrero a romper las calles
con medias cruces de pólvora negra.

Te lo dijimos guerrero,
que al comerciante le importa poco la humanidad.

¡Te lo dijimos, Guerrero...!

El Guerrero ha bajado
a vender cadáveres de niños
recostados sobre petróleo,
a quemar pueblos enteros
y romper el sueAo de antiguos dioses
de la lluvia y el fuego.

Llegó a intoxicar el destino
y pelearse con los viejos espíritus de los siglos.

¿Cuándo comenzó todo esto?
¿Cuándo acabará?

* * *

Hoy las monedas cortan la piel como nunca antes,
hoy las monedas agujeran y desangran los cuerpos
hasta despedazarlos en unas cuantas banderas rajadas.

Hoy, los guerreros se hallan perdidos
buscando el cuerno de la fortuna
en un bosque de espantos.

Hoy los poemas están manchados,
las gargantas sólo pueden hablar espuma
o paladares secos, amarillos,
carcajadas de la desesperación,
pieles sin venas.

Todo, menos tu paso de piedras machacantes
o tu rastro líquido de sigilos de negro aceite.

* * *

El guerrero ha bajado
sobre la tierra arrasada.
El guerrero ha bajado
y desató poderosas lenguas de fuego
con sus alas negras.

Hay un vértigo de banderas desgarradas.

Hay lunas quebradas en filo.

Hay hamburguesas de metal
y sodas explosivas.

Hay kaibiles y asesores de guerra,
en la guerra, hablando en idiomas
extranjeros o cartilla de identidad ajena.

Hay dolor y cuellos desgarrados.

Hay un sigilo de hiena en las palabras no dichas,
como barracas llenas de cieno y prostitución,
como alimentos detenidos,
como cerco militar
o ayuda económica extranjera.

Hay mentiras apoderadas del éter.

Hay tortugas de acero desovando los huevos
alargados de la muerte.

Hay testigos silenciados por barrotes.
Hay niños de la ternura
despedazados como cráteres.

Hay comerciantes disfrazados de filósofos
o políticos o niAas de la caridad o te vendo mi alma, diablo.

Hay.
Hay.

Ay, ayay.

* * *

Canek está crucificado
en el camino donde se hallan bajo tierra
los corazones entristecidos de los tzotziles.
El dios murciélago atisba por entre lianas
los moscos de plomo que se clavan ardientes
sobre las pieles y se llevan las almas de los mayas.
Los ojos de los niños morenos están perdidos
y sus papás los andan andan buscando.
Las doncellas indias mojan sus mejillas
con vergüenzas de doble filo
y recuerdos de pañoletas negras.
Un chaneque se arrastra sin una pierna
hacia la anciana que gime un canto de guerra.
Una procesión de tojolobales cruza hacia el Norte
de la selva buscando respuestas en las volutas del fuego.



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