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Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 74 - Miguel Hernández: poeta y mártir
Publicación de diciembre, 2002.
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Semblanza de Miguel Hernández

  Artículo por José Tlatelpas   (version pdf)

De los brillantes poetas españoles de su generación, al igual que el cantautor Juan Manuel Serrat, me gustan Miguel Hernández y Antonio Machado. Hernández, el gran poeta neo barroco, nació el 30 de octubre de 1910. Mucho se ha escrito sobre su juventud como pastor de cabras, pero más debería escribirse sobre su fecunda imaginación y el aderezo ornamental de su poesía, sólidamente humana y rebosante de vida y de colores. Y qué decir de su amor a España, a su esposa y a los pobres de su pueblo.

Su educación académica fue limitada y esporádica, toda vez que su labor de pastor y vendedor de leche se lo impidieron. Pero el campo y el trabajo rural le enseñaron colores profundos y variados. Desde la adolescencia estuvo enterado de la obra de Rubén Darío, Zorrilla, Miró y Gabriel y Galán. Posiblemente en esta época intentó sus primeros versos. Desde joven entabló amistad con Efrén Fenoll quien organizaba en su panadería una tertulia literaria donde también Miguel conoció también a Gabriel Sijé, quien le invitaría a conocer los clásicos de la poesía española y le ayudaría en sus inicios literarios al joven poeta. También recibió ayuda del canónigo de la catedral, don Luis Almarcha. Desde ese entonces Hernández se acercó a grandes autores del Siglo de Oro: Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Luis de Góngora y Garcilaso de la Vega.

El semanario El Pueblo de Orihuela y el diario El Día de Alicante lo publicaron en 1930. Y de ahí en adelante comienza a verse su obra en varias revistas de la época. Algunos de sus biógrafos han mencionado cómo se marchó a Madrid lleno de esperanzas, con unas cartas de recomendación y unos poemas para enfrentar una típica y angustiosa situación, dado que las recomendaciones de poco o nada le sirvieron. Tuvo que regresar a su pueblo pero no sin antes haber hecho contacto con La Gaceta Literaria y Estampa, quienes trataron de ayudarlo infructuosamente.

De regreso en Orihuela escribe su libro Perito en Lunas (1933), donde muestra una profunda lectura de Fray Luis de Góngora, y una atención a las rutas y tramas del estilo y del lenguaje. Influencia que siempre se habrá de mantener presente en su brillante obra. Yo siento también una faceta mora en la poesía de Miguel, menos estudiada que otros aspectos de su obra, y desde luego un aporte de la cultura campesina española. Estos dos temas se prestan a mayores e interesantes estudios. Al igual que Lorca, la poesía de Hernández rebosa de lunas moras y sus interminables noches.

Por cierto, en esta época conoce a quien sería su Luna, inspiración y esposa, inmortal en los bellísimos versos que Miguel le dedica, Josefina Manresa, española levantina.

Miguel regresó a Madrid en la primavera de 1934, cabe mencionar el hecho de que trabajó para José María de Cossío, ayudándole a redactar historias de toreros. Recordamos que el gran muralista José Hernández Delgadillo también comenzó su carrera cerca de la fiesta brava, pintando imágenes de toros y toreros, ayudado también por un personaje de la cultura taurina. Dos Hernández, dos grandes artistas populares y una gran tradición de nuestros pueblos.

En Orihuela Hernández quizá era gongorino, místico y telúrico; pero en Madrid le tocó el surrealismo y el movimiento revolucionario que entonces se gestaba. He ahí la génesis de este gran poeta, el barroco de Góngora, la influencia surrealista, el espíritu revolucionario Republicano e internacionalista y su experiencia en el campo como niño yuntero de los páramos de España.

Varios fueron los amigos de Miguel en Madrid, Altoaguirre, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Delia del Carril, Maria Zambrano, Vicente Aleixandre, Pablo Neruda, Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado.

En julio de 1936 estallaría la guerra contra la República Española y Miguel se alista en el 5o. Regimiento republicano. Después servirá en la 1er. Compañía del Cuartel General de Caballería donde fue Comisario de Cultura del batallón de El Campesino. Esta etapa lo influiría hondamente en sus obras Viento del pueblo (1937) y El hombre acecha (1939).

En medio de la guerra se casa el 9 de marzo de 1937 con Josefina. Pero casi de inmediato tiene que reincorporarse al combate, en el frente de Jaén. Pronto tendrá otra breve pausa en su participación en la guerra, porque habrá de retirarse a Cox buscando recuperarse de enfermedad que los médicos de la época diagnosticaron como una "anemia cerebral".

La República Española y España sufrirían un revés del que aún no se reponen a principios del Siglo XXI. El fascismo de los falangistas se apoderó del país. Miguel trató de huir de Galicia hacia Portugal, pero fue detenido en la frontera y entregado a los fascistas españoles quienes lo encarcelaron en Madrid y después en Sevilla. Sin embargo, fue liberado a mediados e septiembre de 1939. Regresó a encontrarse con su esposa y su familia a Orihuela donde los fascistas de su propio pueblo lo vuelven a encarcelar, ahora en el seminario de San Miguel, convertido en cárcel por los falangistas. De ahí fue trasladado a Madrid, Ocaña, Alicante. No volvería Miguel a disfrutar la libertad en vida.

Víctima del maltrato fascista contrae una tuberculosis mortal que le afectó ambos pulmones. Después de una dolorosa agonía, el gran Miguel Hernández, poeta del amor y el rostro alto, orgullo del mundo hispanohablante, muere el 28 de marzo de 1942.



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