Cdnflag La Redvista Electrónica de Cultura Latinoamericana en Canadá
Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 58 - Poemas del argentino José Pedroni
Publicación de agosto, 2001.
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LOS OTOMÍES RINDEN CULTO AL SOL Y A LA LLUVIA EN LAS MONTAÑAS, CON LA IMAGEN DEL DIVINO ROSTRO

  Artículo por Karla Hernández Ordóñez   (version pdf)

Diplomado La Brujería: salud y enfermedad. Nuevas perspectivas teóricas de la ENAH

Los otomíes son uno de los grupos indígenas con tradiciones y culturas prehispánicas más arraigadas en el país, pese al sincretismo religioso con el catolicismo aún conservan sus creencias, cultos y prácticas relacionadas con lo que se conoce como brujería y curanderismo, explicó durante su ponencia El curanderismo y el tratamiento de la brujería en población otomí de Santa Cruz Ayotusco, Estado de México, impartida por la maestra en historia y etnohistoria, Juana Romero García, en el marco del diplomado La Brujería: salud y enfermedad. Nuevas perspectivas teóricas, que se lleva a cabo en la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

Las características de este grupo, explicó Juana Romero, es que practican la religión católica, mezclada con sus propias creencias; rinden culto al Señor de la Caña y al Señor del Divino Rostro, incluso existe una asociación ex profesa para esta imagen, tienen sus propias capillas donde practican el curanderismo y realizan peregrinaciones privadas a los bosques de los cerros aledaños, como el Cerro de la Campana y el de Tepexpan.

La especialista dijo que sus capillas son oratorios familiares, en los cuales se rinde culto a la Santa Cruz y al Señor del Divino Rostro, el cual se asocia a Tláloc y Otonteuctli, dioses prehispánicos del agua y el fuego, respectivamente. La aparición de esta imagen presenta versiones encontradas, por un lado se dice que apareció en una piedra y otros aseguran que fue un caballero montado a caballo quien dejó el manto con la imagen en la zona.

Para los otomíes los brujos (as) son los individuos que chupan la sangre de la gente y se transforman en animales como el guajolote, cerdo o perro (nahualismo). Sus prácticas curativas se basan en chupar el cuerpo para sacar el mal, hacer limpias con huevo o monedas, o bien, utilizar hierbas; éstas se realizan en las capillas por lo que al practicante se le conoce como capillero. Aquí son atendidas las enfermedades de tipo anímicas o emocionales como el espanto.

Por otra parte, dijo la historiadora, las enfermedades relacionadas con la maldad y la venganza, ocasionadas por el odio, los celos y la envidia, trastornos que dañan al individuo, se manifiestan con dolores de estomago, espalda o alguna parte del cuerpo, pérdida de apetito, sueños con animales y letárgo. El tratamiento que se le proporciona al paciente para eliminar el mal consiste en una limpia con la yema de un huevo, copal y hierbas. De acuerdo a la enfermedad, se basan en el síndrome caliente-frío, si la enfermedad es fría utilizan medicamentos calientes, hierbas como la manzanilla, ruda, hinojo o pírul.

Los aquelarres, en los cuales participan los tiemperos (evocación a la naturaleza), curanderos o capilleros, se hacen durante cuatro horas en las que peregrinan en el cerro para ofrendar en la parroquia que se encuentra en la parte alta hierbas, flores rojas, asociadas con la sangre y la lluvia, después de oficiarse el culto religioso. Los sacerdotes que practican el catolicismo en estas iglesias buscan erradicar las costumbres otomíes, las cuales se han incorporado a esta religión desde la década de los sesentas, cuando empezó el mestizaje en esta zona.



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