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Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 58 - Poemas del argentino José Pedroni
Publicación de agosto, 2001.
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CHICHÉN-ITZÁ, UXMAL, PALENQUE, EKBALAM Y COPÁN: CIUDADES SAGRADAS DE LA CULTURA MAYA

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Un legado de nuestros ancestros

La huella que dejó la civilización maya en territorio mexicano es de incalculable valor cultural e histórico. Tabasco, Campeche, Yucatán, Chiapas y Quintana Roo, son los estados herederos de su impresionante obra escultórica y arquitectónica que permiten acercarnos a la explicación del pasado. La cosmogonía maya entrelazada a la creación artística, son los puntos centrales de la conferencia El Espacio Tiempo en la Arquitectura Maya a cargo de la doctora en historia, Mercedes de la Garza, en el marco del ciclo El Hombre y lo Sagrado. Tiempos y Espacios Sagrados, organizado por la Dirección de Etnología y Antropología Social (DEAS) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Para los especialistas, la civilización maya es la muestra de la cultura con mayor desarrollo en Mesoamérica. Pues llegó a poseer los conocimientos científicos más avanzados; sabían del movimiento de los astros y su calendario contaba con mayor precisión que el utilizado en Europa del principios del siglo XVI. Edificó ciudades que representan verdaderas joyas arqueológicas, ya que contienen edificios de diferentes tamaños, las fachadas ostentan elaborada decoración, sus altas pirámides pretendían vincular la tierra con el cielo y lograr la comunicación del hombre con los dioses, eran sus espacios sagrados.

Al respecto la historiadora De la Garza, señala que los sitios sagrados pueden ser algunas montañas peculiares y otros ámbitos no habitados por el hombre y que están fuera del control humano como campos, bosques, cuevas, lagunas. Pero además, el hombre construye espacios sagrados que van desde caminos y altares en las montañas o en las cuevas, hasta conjuntos de construcciones ceremoniales levantados en ámbitos que han sido escenarios de fuerzas sagradas y que por sus peculiaridades se asemejan a los sitios primigenios creados por los dioses.

Los mayas abarcaron una vasta extensión territorial del sureste mexicano y de Centroamérica en Guatemala y parte de Honduras. Existen innumerables ruinas arqueológicas que testimonian su presencia. En ellas no hay un foco principal de irradiación, sino un número considerable de lugares que se han denominado centros ceremoniales. En relación unos con otros, parece que ninguno logra primacía sobre los demás. Chichén-Itzá, Uxmal, Labana, Sayi en Yucatán; Palenque en Chiapas; —Copán en Honduras; Quirigua y Tikal en Guatemala son algunos sitios arqueológicos que representaron para la civilización maya puntos centrales de comunicación divina. En esos espacios se convocaba a los dioses y mediante ritos sagrados se aseguraba su presencia.

La Zona Arqueológica de Ekbalam, un Descubrimiento Contemporáneo de los Investigadores del Inah.

Los centros ceremoniales más representativos de la cultura maya son: Uxmal y Chichén-Itzá. Las ruinas de Uxmal se distinguen por la riqueza de sus fachadas de soberbia concepción. Todos los edificios se encuentran muy cercanos entre sí y se identifican con los nombres de Casa del Adivino, Palacio del Gobernador, Casa de las Monjas, Casa de las Tortugas, Casa de las Palomas y el Cementerio.

En la zona arqueológica de Chichén-Itzá se desarrolló una majestuosa arquitectura civil y religiosa, sus principales edificios son: La Casa de las Monjas, el Edificio Redondo, el Castillo, el Juego de Pelota, el Chichanchob, el Templo de los Tigres y el Templo de los Guerreros. Uno de los edificios más notables del área es la Casa de las Monjas. En su frente hay una escalinata que termina en el primer piso, y de allí sube otra que conduce al tercer piso, existe también un edificio denominado la Iglesia cuya fachada está cubierta de piedras esculpidas.

El Castillo es el edificio que sobresale por su altitud en la ciudad de Chichén-Itzá, consta de una alta pirámide con cuatro escalinatas y en su cúspide se encuentra un templo con fachadas esculpidas. De impresionante precisión matemática, los escalones de sus cuatro caras suman 364 días, aunados a la base del templo representa los 365 días del año; para la investigadora en estos centros seguramente se realizaban ritos para revivir periódicamente el acontecimiento primigenio como una forma de revitalizar el cosmos, así como para emprender viajes sagrados a las regiones celestes e infraterrestres.

En recientes excavaciones realizadas por el INAH se descubrió en la zona arqueológica de Ekbalam, el Templo Monstruo que simboliza la cara del gran dragón terrestre, su boca es la puerta de acceso a la pirámide por la cual penetraban los sacerdotes para realizar sus ritos religiosos. Debido a su magnificencia arquitectónica, la zona de Ekbalam aún está en proceso de exploración, y representa un magno proyecto del INAH; se localiza en la península de Yucatán, muy cerca de su capital.

Una constante de las edificaciones prehispánicas son las pirámides, en la mitología maya representan a las montañas, ascender a ellas significaba llegar al cielo, trascender el nivel terrestre y penetrar en el espacio celeste, a decir de la investigadora el templo pirámide en la arquitectura maya siempre se vinculó con la plaza, son dos elementos arquitectónicos absolutamente unidos, y ello se debe a su sentido simbólico, el vínculo de la tierra cuadrangular con el ciclo piramidal del ámbito de los hombres y de los dioses. Las plazas eran el espacio para que el pueblo participara en las ceremonias religiosas oficiales, en tanto que los templos en lo alto de las pirámides eran los sitios en donde los sacerdotes realizaban ritos como sacrificios humanos. Las zonas arqueológicas de la civilización maya son un importante tesoro cultural, a la vez que permiten la reflexión sobre nuestro desarrollo histórico, proporcionan el deleite visual por su extraordinaria belleza.

La cultura maya nos legó una obra arquitectónica cuya perfección inigualable se conjuga con la exhuberante naturaleza del sureste mexicano. Su belleza sólo puede ser descrita retomando del maestro chiapaneco, Jaime Sabines, fragmentos de su poema las montañas, en él acota "Aquí Dios se detuvo/ se detiene/ se abstiene de sí mismo/ se complace". Precisamente los templos ceremoniales tienen la inspiración divina, los construyeron en honor a sus dioses, para que fueran su eterna morada, concluyó Mercedes de la Garza.

El ciclo de conferencias El Hombre y lo Sagrado. Tiempos y Espacios Sagrados, organizado por la Dirección de Etnología y Antropología Social del Instituto Nacional de Antropología e Historia, en colaboración con la Sociedad Mexicana para el Estudio de las Religiones se lleva a cabo todos los miércoles en el Centro Cultural Isidro Fabela, ubicado en la Plaza de San Jacinto No. 5 Col. San Ángel.



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