Cdnflag La Redvista Electrónica de Cultura Latinoamericana en Canadá
Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 60 - Cultura y Discriminación
Publicación de octubre, 2001.
Página previa Página siguiente

LITERATURA Y EROTISMO, MESA REDONDA EN EL CICLO CONVERGENCIAS

  Noticia por Enrique Morales   (version pdf)

"No estoy nada inclinado a pensar que lo esencial de este mundo sea la voluptuosidad. El hombre no está limitado al órgano del placer. Pero ese inconfesable órgano le enseña su secreto".

La reflexión es del bibliotecario, "místico sádico", fundador del Colegio de Sociología con Roger Caillois y Michel Lairis, teórico de la religión, autor de novelas firmadas con el seudónimo Pierre Angélique, y asiduo de la orgía, la embriaguez y el burdel: Georges Bataille (1901-1962), de quien Michel Foucault dijo que "es uno de los escritores más importantes del siglo XX".

Tanto él, como Miller, Chaucer, Genet, Burroughs, Ballard, Apollinaire, Sade, Paz, Klossowski, Petronio, Nabokov, Nin, Gautier, Fuentes, Bukowski, Mishima, Lord Byron, Swinburne, Cleland, Maupassant, Zola, Flaubert, H. Pascal, Boccaccio y Eusebio Ruvalcaba, entre una interminable lista, así como fragmentos de Las mil y una noches y El cantar de los cantares, sólo por mencionar dos títulos, comparten un punto: mostrar el erotismo como creación literaria, ya sea en al menos una de sus obras.

Tema sin duda inquietante es el que resultará ser la mesa redonda Literatura y erotismo que -con la participación de Rocío Barrionuevo, Andrés de Luna y Sergio González Rodríguez- se realizará el miércoles 26 de septiembre a las 19:00 horas en la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes, en el marco del ciclo Convergencias, organizado por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

El erotismo, es demasiado oneroso: Bataille

Retomando a Bataille, quien ha "querido y encontrado el éxtasis", éste señala: "El erotismo es cruel, lleva a la miseria, exige ruinosos gastos. Es demasiado oneroso para estar además unido a la ascética... Para renunciar a mis costumbres eróticas debería inventar un nuevo medio de crucificarme; no tendría que ser menos embriagador que el alcohol".

En el libro El Aleluya y otros textos, seleccionado por Fernando Savater para la editorial Alianza, el autor de La historia del ojo ofrece, a su manera, lo siguiente: "Un hombre, una mujer, atraídos el uno hacia el otro, se unen por la lujuria. La comunicación que les mezcla depende de la desnudez de sus desgarraduras. Su amor significa que no ven el uno en el otro su ser, sino su herida, y la necesidad de perderse: no hay deseo mayor que el del herido por otra herida".

Y más adelante es categórico: "Los amantes se encuentran en la condición de desgarrarse. Uno y otro tienen sed de sufrir. El deseo debe en ellos desear lo imposible. Si no, el deseo se saciaría, el deseo moriría"; y es que al final de cuentas él mismo definiría al erotismo como "la aprobación de la vida hasta en la muerte".

Otro que se ha encargado de mostrar el erotismo es el escritor Vicente F. Herrasti en su antología Los juegos de Eros, donde afirma que nos encontramos frente a un poliedro de incontables facetas, que ha intrigado al hombre desde su origen como tal, aunque a ese remoto antepasado no le interesó conocer el erotismo sino sólo vivirlo y dejarlo ser en espíritu y cuerpo.

Luego de que el erotismo fue confinado a espacios cerrados, sobre todo en la religión judeo-cristiana, Herrasti agrega que su liberación requirió de un largo proceso y la intervención de varios factores, quizás el más importante sea el arte en general y la literatura en particular. Desde Aristófanes hasta Olaland, dice, se pueden encontrar diversas expresiones de lo erótico: humor, placer, dolor, ironía, homosexualidad, onanismo, sadismo y más.

Pero en las distintas sociedades no todo está igualmente permitido como afirma Mardrus: "La literatura árabe ignora totalmente ese producto de la vejez espiritual: la intención pornográfica. Los árabes ven todas las cosas en su aspecto hilarante; su sentido irónico sólo conduce a la alegría, y ellos ríen de todo corazón, como niños, allí donde un puritano gemiría de escándalo".

Un aspecto que haría palidecer a cualquier santurrón aparece en un poema de la noche 240 de Las mil y una noches: "Vi en el baño fulgir cándida plata/ y de lecho mis ojos se embriagaron./ Una gacela cautivó mi alma,/ sus caderas en flor me aprisionaron/ y vislumbré una cosa de prodigio/ que retener sus dedos no lograron./ ¿Por qué, señor, no pude convertirme/ en agua o pez, para gozar del raro/ placer de acariciar aquel prodigio/ tan suave, escurridizo y delicado".

Más lejos llegó D. H. Lawrence, quien trató de recuperar la "conciencia fálica", al considerar que el amor es enemigo de la claridad y la razón. Parte de su filosofía aparece en su obra El amante de Lady Chatterley, donde comenta que "mi religión suprema es la creencia de que la sangre y la carne son más sabias que el intelecto. Nuestros espíritus pueden equivocarse. Pero lo que la sangre experimentada cree y dice es siempre verdadero".

Pero de ello se abordará en la mesa redonda Literatura y erotismo, que se realizará, con entrada libre, el 26 de septiembre en la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes, donde, como dice Vladimir Nabokov, "en un país libre no debe esperarse que ningún escritor se inquiete por el límite exacto entre lo sensible y lo sensual. Eso es ridículo".



Share

Página previa Página siguiente

Otras publicaciones dentro de este número.

Loading...