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Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 62 - Culturas Vivas, Culturas Originarias
Publicación de diciembre, 2001.
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Los rituales mortuorios de los mexicas de la antigua Tenochtitlán

  Noticia por Guillermina Escoto   (version pdf)

Entrevista con Ximena Chávez, especialista en arqueología funeraria

Un ritual funerario es un acto para asegurar la llegada o hacer más ligero el viaje del difunto al lugar de los muertos que le corresponde de acuerdo con su cultura. En el caso de los mexicas que habitaron la antigua isla de Tenochtitlán, y en general de los pueblos nahuas del posclásico, el ritual duraba cuatro días, al cabo de los cuales los cuerpos eran cremados o
Los rituales funerarios
Foto: Carlos Álvarez

enterrados dependiendo de la causa de su muerte. Terminadas las exequias se realizaban fiestas subsecuentes hasta el cuarto año, cuando consideraban que la teyolía (alma) había llegado al lugar de los muertos.

El lugar a donde viajaba la teyolía también dependía de la forma de morir o la actividad desempeñada en vida por el difunto y podía ser el Mictlán, el Tlalocan y la Casa del Sol; mientras que los lactantes se iban al huichihuaicuautli, un árbol nodriza. Explica la arqueóloga Ximena Chávez Balderas, especialista en arqueología funeraria y curadora de la exposición Funerales de dignatarios mexicas que se exhibe en el Museo del Templo Mayor, quien en entrevista habló de las costumbres mortuorias mexicas identificadas por los investigadores del recinto, por medio de trabajos arqueológicos.

La arqueóloga explicó que el tema de la muerte ha sido estudiada desde el campo de la antropología por los etnólogos, antropólogos sociales y físicos, así como por los arqueólogos, quienes exploran la respuesta humana ante este hecho natural; la arqueología funeraria en sus principios se relacionó con los suntuosos descubrimientos representados por grandes tumbas, consideradas en ese tiempo como tesoros; sin embargo, ya ha adquirido un carácter científico y con el apoyo de otras disciplinas ha logrado que los entierros dejen de considerarse simples receptáculos de objetos y huesos, para ser una de las fuentes de información que más datos aportan acerca de los antiguos pueblos y sus costumbres.

A partir de las excavaciones en el Templo Mayor y las investigaciones que siguieron a cada hallazgo, hoy se pueden explicar a fondo los rituales funerarios que se realizaron en la Casa de las Águilas y el Templo Mayor. En ambos espacios, señaló Chávez Balderas, solo se enterraron a los grandes señores mexicas y son los únicos sitios del área excavada donde se han localizado restos cremados. Si bien no se ha podido identificar la identidad de cada uno de ellos debido a que no presentan inscripciones en sus tumbas que narren su historia, como sucede en el área maya, se sabe que debieron ser gobernantes, consejeros y sacerdotes o incluso miembros importantes de la milicia.

La investigadora explicó que el ritual funerario mexica comenzaba con el arreglo del cuerpo, el cual debía quedar flexionado y cubierto de papeles; se envolvía con mantas y se le colocaba una piedra en la boca que simbolizaba el corazón, verde en el caso de los nobles. El bulto era colocado mirando al septentrión, región asociada al Mictlán.

Luego se le dirigían palabras lo mismo que a sus deudos, refiriéndose a su viaje, y se le ofrecían más papeles que le serían útiles en los nueve parajes por los que tenía que pasar antes de llegar a su destino. También le cortaban cabellos para colocarlos como ofrenda junto con un mechón que le habían quitado al momento de nacer. El difunto era adornado con las insignias del dios principal. Llegaban a visitarlo otros señores de su misma clase social con ofrendas y hombres para sacrificar.

Al cuarto día se cremaba el cuerpo en el patio del templo principal, junto con un perrito y las ofrendas necesarias para su viaje al Mictlán, para ello era colocado en una pira hecha de varas de pino y se exponía al calor durante más de 10 horas. En la cremación podían acompañar al difunto objetos personales de ornato, su vestimenta, herramientas de trabajo de sus sirvientes y ofrendas para el Mictlantecuhtli, señor del Inframundo. Una vez cremado el cuerpo y las ofrendas, se recolectaban las cenizas y se depositaban en una o varias urnas, junto con la piedra verde, y se procedía a su sepultura en los templos importantes. Las personas que no correspondían a la élite podía enterrarse en los templos de los barrios.

En lo que se refiere al resto de la población, la investigadora explicó que si el deceso ocurría por edad avanzada o alguna enfermedad común, se pensaba que el difunto iría al Mictlán y su cuerpo sería cremado si los deudos podían costear ese tipo de funeral. Especificó que fuentes históricas como Sahagún y Durán describen que todos los mexicas eran cremados, ``sin embargo hay relatos menos conocidos que apuntan que esto se hacía a los grandes señores; yo soy de la idea que así pasaba porque la cremación es un tratamiento muy caro y en las evidencias arqueológicas sólo hemos encontrado restos cremados en el área del Templo Mayor, donde enterraban a la élite``.

La cremación, dijo, ha sido empleada en diferentes partes del mundo, en diversas temporalidades y comúnmente asociada a la transformación, transporte y purificación, del cuerpo por el fuego y por el ascenso del humo al cielo.

Cuando las causas de muerte se asociaban al agua, explicó Chávez Balderas, el individuo encontraría su destino cósmico en el Tlalocan, al lado del dios Tláloc, y su cuerpo era enterrado. Si la muerte había sido gloriosa, estos eran los casos de los guerreros que morían en batalla y las mujeres al dar a luz, su destino sería acompañar al sol en su trayecto; los guerreros de la puesta al atardecer y las mujeres del atardecer hasta que se ocultaba el astro. Los guerreros eran cremados y si no era posible recuperar su cuerpo, estos se representaban con un bulto hecho de ramas. Las mujeres muertas por parto eran enterradas y sus restos cuidados la primera noche ya que se creía que guardaban cierto poder.

La investigadora explicó que al finalizar las exequias, los mexicas acostumbraban realizar fiestas y ritos subsecuentes a los cuatro, veinte, cuarenta, sesenta y ochenta días del entierro; y luego cada año hasta completar cuatro cuando se consideraba que la teyolía llegaba al mundo de los muertos. De acuerdo con la arqueóloga, existen fuentes que mencionan de manera vaga que sí se recordaba a los difuntos en otras fiestas, en tanto que las ofrendas de alimentos eran para recordar a los guerreros.



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