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Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 69 - Julio del 2002
Publicación de julio, 2002.
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LOS ESCRITORES QUE HAN PISADO LA CÁRCEL SERÁ TEMA DE REFLEXIÓN

  Artículo por Enrique Morales   (version pdf)

"Imagino a un gran escritor que construyera en su mente una novela con centenares de personajes, que entremezclara a la trama simplemente humana episodios de la historia, que viajara con las criaturas de su fantasía y que a ese hombre lleno de ilusiones y capacidad creadora le impusieran un mal día: Tú no vas a escribir ese libro. Cada 24 horas podrás llenar una página. Pero será en forma de cuento y sin conexión con la anterior. ¿Oíste bien?"

Curiosamente la reflexión anterior no proviene de un escritor sino de Siqueiros, quien le confiesa al periodista Julio Scherer, en el libro La piel y la entraña, lo siguiente: "¿Qué pasaría con el escritor? ¿En que abismos no se abatiría? ¿Concebiría alguien semejante tortura en Balzac, en Dostoyevski, en Roger Martin Du Gard?"

Y más adelante también le revela: "Esa es mi verdadera cárcel. He de trabajar con el cuadro de caballete, mientras sueño con los grandes frescos. El alma sirve para abarcar todas las cosas. ¿Y qué es la prisión, en las condiciones en que yo me encuentro, sino un corral de cerca muy alta que impide ver lo que hay más allá, que no es otra cosa que el mundo?"

Sirvan esas palabras del pintor mexicano como un adelanto de lo que se prepara en la mesa redonda Literatura y cárcel que, en el marco del ciclo Convergencias organizado por el Centro Nacional de Información y Promoción de la Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes, se realizará el miércoles 26 de junio a las 19.00 horas en la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes con Gustavo Hirales, Edith Negrín y Salvador Castañeda. La entrada, como siempre, es gratuita.

La siguiente es una relación, breve e incompleta, de frases tomadas de diversos libros que demuestran hasta qué punto distintos escritores de diferentes épocas y estilos han escrito sobre la cárcel.

Papini (en Visita a Lenin, que aparece en el libro Gog): El principal ideal de todo gobierno debe ser el de que el país se asemeje lo más posible a un establecimiento penal. La vieja mazmorra zarista es la última palabra de la sabiduría política. Bien meditada, la vida del presidiario es la más adaptada al promedio vulgar de los hombres. No siendo libres, están, al fin, exentos de los peligros y de las molestias de la responsabilidad y se hallan en condiciones de no poder realizar el mal. Apenas un hombre entra en la prisión, debe, por la fuerza, llevar la vida de un inocente.

Víctor Hugo (al principio de su novela Los miserables): Mientras, a consecuencia de las leyes y de las costumbres, exista una condenación social que cree artificialmente infiernos en plena civilización, y enturbie con una fatalidad humana el destino, que es divino; mientras no se resuelvan los tres problemas del siglo: la degradación del hombre en el proletariado, la decadencia de la mujer por el hambre, la atrofia del niño por las tinieblas (...) los libros de igual naturaleza que éste podrán no ser inútiles.

Jean Genet: Hablar de mi trabajo de escritor sería un pleonasmo. El tedio de los días de cárcel me hizo refugiarme en mi vida de antaño, vagabunda, austera, miserable. Más tarde, y una vez libre, seguí escribiendo para ganar dinero(...) Mi soledad en la cárcel era total (...) Mi talento será el amor que siento por todo lo que compone el mundo de las cárceles y los presidios.

Jorge Luis Borges: La cárcel es profunda y de piedra; su forma, la de un hemisferio casi perfecto, si bien el piso (que también es de piedra) es algo menor que un círculo máximo, hecho que agrava de algún modo los sentimientos de opresión y vastedad. Un muro medianero la corta; éste, aunque altísimo, no toca la parte superior de la bóveda; de un lado estoy yo, Tzinacán, mago de la pirámide de Qaholom, que Pedro de Alvarado incendió; del otro hay un jaguar, que mide con secretos pasos iguales el tiempo y el espacio del cautiverio.

Siqueiros: Hay quienes piensan que en la cárcel disfrutamos los artistas de tiempo suficiente para realizar las tareas que nos vengan en gana, que aquí vivimos una especie de penoso, pero fecundo retiro. Ojalá, fuera cierto en mi caso ¿pero cómo podría serlo si mi alma está imaginativamente entregada a la obra monumental y permanezco en una celda cuyas paredes opuestas casi podrían tocar con sólo alargar los brazos?



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