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Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 12 - Literatura filipina y sefardita
Publicación de octubre, 1997.
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LA POESÍA HISPANOFILIPINA: EDAD DE ORO (2a. Parte)

  Artículo por Edmundo Farolán   (version pdf)

La paradoja que se encuentra en las poesías filipinas de la Edad de Oro es,
aunque se ha escrito mucho durante este período, el contenido poético refleja
un tono sombrío, triste. Casi todos los poetas de este momento histórico
lamentan la pérdida agonizante de la herencia española en estas islas, en particular, la lengua.

ENRIQUE FERNÁNDEZ LUMBA fue uno de los escritores en este periodo que
lamentaba la pérdida del español en Filipinas. Secretario de la Academia
Filipina hasta los 1970´s, era un hombre prágmatico, y se metió con mucha
controversia entre los académicos cuando publicó un artículo sobre la lengua
española como una "reliquia" en Filipinas. Su estilo poético es intimista y
sentimental. En la siguiente poesía, expresa su tristeza por un amor
perdido, y aquí se nota claramente algún paralelismo simbólico de la pérdida
de la lengua española en Filipinas:

TUS CARTAS

Yo las conservo como reliquias
de un amor grande, pero ya muerto;
yo las conservo como cenizas,
como despojos de etinto fuego.

Yo las conservo con el cariño
con que se guardan tristes recuerdos,
con la amargura de un bien perdido,
con el cuidado de un pobre viejo.

Cuando las miro, suave amargura
sube a mis ojos, llena mi pecho
y hondos suspiros el alma inundan:
tristes suspiros que van muy lejos.

¿Quién me dijera que ayer en ellas
tú me juraras amor eterno,
tú me escribieras tantas ternezas
y me olvidaras muy pronto luego?

Por eso siempre cuando las miro,
dolor agudo hiere mi pecho,
porque me hablan de un amor mío
que fue muy grande, que ya está muerto...

FERNANDO MARIA GUERRERO fue otro gran poeta de este periodo. Fue nombrado
"Príncipe de los poetas líricos" por la Academia Filipina, e ingresó poco
después como miembro de número. Publicó dos colecciones de poesías,
"Crisálidas" en 1914, y postumamente en 1971, se publicó "Aves y Flores". La
siguiente poesía expresa, como la de Fernández Lumba, el simbolismo de un
violín silente que refleja el abandono del español en Filipinas:

EL VIOLÍN SILENTE

En parda funda, sobre el rojo marco
que orla el cristal de un deslucido espejo,
hay un violín sin cuerdas,
un violín cuyo arco,
por ser, en su abandono, casi viejo,
ya ha perdido sus equinas cerdas.

Ya quien había de tocarle ha muerto;
la futura canción se hizo pasada
por voluntad del Sino
Las manos de mi Alberto,
al llamar a las puertas de la Nada,
¡han dejado el violín en mi camino!...

Y allí está, polvoriento y silencioso,
como triste reliquia de un naufragio
en la flor de la vida.
Parece, en su reposo,
traerme el alma el único presagio
consolador: mi próxima partida!

Incluidos también dentro de este período son varias poetisas que han
contribuido inmensamente al desarrollo de la poesía filipina. Citamos a dos:
Evangelina Guerrero Zacarías y Adelina Guerrea Monasterio.

EVANGELINA GUERRERO ZACARÍAS heredó la vocación poética de su padre, Fernando
Maria Guerrero, y fue una escritora prolífica. Escribió cuentos, ensayos, prosas líricas, ademas de sus poesías que publicó bajo el título "Kaleidoscopio Espiritual". He aquí una poesía tomada de esta colección:

EL PARQUE SOLITARIO

Envuelto en sombras duerme en el misterio
de la noche plateada el olvidado
parque; glosa la brisa en el salterio
mágico del frondaje desmayado

leve cantata de sutil pesar.
Surca las ondas una azul estela
que un barco deja sobre el glauco mar.
Un ave pía con fugaz cautela...

Es una queja el canto de la fuente
que va evocando mil recuerdos viejos,
mientras sus aguas hacia el cielo miran.

Y en un espasmo de ansiedad ardiente,
se alzan hasta los astros que allá lejos
plenos de amor po su pasión suspiran.

ADELINA GURREA MONASTERIO nació en La Carlota, Negros Occidental. Escribió
teatro, cuentos y poesías. Fue directora de ña sección femenina del
periódico manilense ¨La Vanguardia´, y en 1921, embarcó para España donde
vivió el resto de su vida. Su libro de cuentos titulado ´Cuentos de Juana´,
ganó el primer premio de literatura en el Certamen de la Unión Latina de
París.

CON TAÑIDO DE CAMPANA

Niebla sobre la ciudad,
humo del aire y del frío,
infinita soledad
del azul corazón mío.
Niebla sobre la ciudad.

Sudor de atmósfera plena
en la tristezs de enero,
difumino de la antena
vegetal y del sendero.
Sudor de atmósfera plena.

Invitación a ensoñar
langores del corazón,
a desprender del telar
los hilos de la razón.
Invitación a ensoñar.

Con tañido de campana
de mi tore azul`bermeja
aquella historia temprana
que está quedando vieja.
Con tañido de campana.

LORENZO PÉREZ TUELLS nació en Madrid en 1898 y vino a Filipinas cuando sólo
tenía cuatro años. Estudió en el Ateneo de Manila donde se graduó como
perito mercantil. Ganó varios premios en concursos poéticos, y sus poesías
aparecieron en publicaciones importantes en España y Latinoamérica. Dirigió
la revista Éxcelsior´, y en 1938, dedicó a la producción de películas. En
1947, fue elegido como miembro de la Academia Filipina y en 1956, formó parte
de la Delegación Filipina al II Congreso de Academia de la Lengua. Falleció
en Manila en 1956.

A RIZAL

El ave de recuerdo bate sus alas reales,
--¡oh, apóstol!,¡oh, profeta!--sobre tu blanca tumba
Tu nombre, entre una música de liras celestiales,
en el eco profundo de la historia retumba.

A pesar de la insidia del Tiempo del Olvido,
te yergues soberano--¡oh, apóstol!, ¡oh, profeta!--
en la mano una palma, pues que mártir has sido,
y un laurel en la frente, pues que fuiste poeta.

.........

Y la Patria, esa madre de todos tus afanes,
que se envuelve en el oro lustral de sus Estíos,
te invoca con el rudo vibrar de sus volcanes,
te reza con el dulce sollozo de sus ríos...

Y es que guarda en el fondo de su pecho, latente,
la llama de tu noble, libertadora, tea.
¡Puede un trozo de plomo destrozar una frente,
pero no puede nunca destrozar una idea...!

FERNANDO CANON, aunque era condiscípulo y amigo de Rizal, pertenece a la Edad
de Oro de nuestra historia literaria porque publicó sus obras en este siglo.
La poesía siguiente viene de su libro "A la Laguna de Bay" publicado en
1921:

FLOR IDEAL

El rocío de nubes blanquecinas
Eterniza la flor de las colinas.
Esa flor que en su cáliz peregrino
Encierra el ósculo del amor divino,
Llevado allí por las sublimes notas
Del eterno cantar de los patriotas.

Blanca flor de montañas
Que en azul empíreo se mece,
Cuando surgen patrióticas hazañas,
Se multiplica y por doquier florece;
Pero diz que se oculta y desaparece,
O se demunda roja,
Cuando patria postrada se sonroja,
Y vayan por las nubes sus raíces
Lloradas por las musas infelices...

La mujer filipina que ha sido un tema de muchos poetas, filipinos y también
extranjeros, es uno de los temas en las poesías del gran patriota Claro Mayo
Recto y el poeta lírico Isidro Marfori.

ISIDRO MARFORI publicó los siguientes libros que ganaron premios literarios:
Cadencias, Aromas de Ensueño, Bajo el yugo del dólar, Sonetos, Versos.
Ganó varios premios literarios, y la poesía siguiente refleja su liricismo
romántico:

LIRICAS

Aunque se diga luego
que soy un ruín o un loco
o mi obra es la de un ciego,
mujer, te amaré un poco.

¿Qué me importan la mofa y la histriónica risa
y el menosprecio hipócrita de los viles de rango?

Acojo la sonrisa
de tu ilusión doliente...¡Ven a mí, flor del fango!

Para terminar, vamos a ver a CLARO MAYO RECTO con su homenaje caballaresco a
la mujer filipina:

LAS DALAGAS FILIPINAS

Dalagas del terruño, el poeta os saluda,
coronado de flores, de ensueño y arrebol,
y por los dioses lares y por el mismo Budha,
os ofrenda estas rosas, novias todas del sol.

Por las manos que tienen mansedumbre de tules,
por las sampagas níveas del malayo vergel,
por las místicas garzas de los lagos azules,
coloco en vuestras frentes esta hoja de laurel.

Adoro vuestros labios, donde el sol de mi tierra
ha dejado sus besos de sátiro oriental,
porque son el santuario de bellezas que encierra
el glorioso prestigio del solar de Rizal.

Ojos negros, refugio de hechizos y embelesos,
dolientes, langorosos, plenos de soñación,
como noches sin luna, pero con rojos besos,
que vierten en el alma perfumes de ilusión.

Manos sutiles, como suavidades de lago,
se seda que se aleja en rítmico frufrú,
como el bogar quimérico de un ensueño muy vago
sobre las aguas mansas del piélago de azur.

Frente, color de aurora, donde bellas florecen
con aromas de cielo flores de castidad;
mejillas sonrosadas, que en su gracias parecen
vírgenes de los lienzos de la pasada edad.

Caballera flotante cual selva enmarañada,
que exhala dulcemente aromas de querer,
ensoñación, delirio del alma, enamorada
de las carnes y besos de la amada mujer.

Pies finos, diminutos de rosáceos talones,
y senos que se exaltan con ferviente ansiedad,
ánforas virginales con vino de ilusiones,
que emborracha las almas de voluptuosidad.

Talle gentil y esbelto como enhiesta palmera,
donde alegres laboran las abejas su miel,
con suave ritmo que los nervios exaspera,
como si fuese espíritu de un viejo moscatel.

Todo un conjunto armónico y gratao que envidiara
la ardiente castellana y la impasible ´miss´,
la princesa que el cielo de Rusia cobijara
y la dama que siente la fiebre de París.

Quién dice que no es bella la mujer filipina,
que visite estas tierras de Burgos y Rizal,
y verá que es más mística, más dulce y más divina,
la hija de los rajáhs, la niña tropical.



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