Cdnflag La Redvista Electrónica de Cultura Latinoamericana en Canadá
Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 10 - Bárbara Delano Azócar
Publicación de agosto, 1997.
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POEMA DE DIANA TOLEDO

  Poesía por Diana Toledo   (version pdf)

Diana es una luna de la ciudad de México. Sus textos revelan una intimidad remota, una expresión dialéctica y preñada de simbolismo. Apenas 20 años de edad y, sin embargo, expande un aliento de autenticidad y gramática sincera. No es ajena a las complejidades del Siglo XX y lo dice "cada día me despierto con la muerte a mi costado". Y reincide en el clavar el ave negra: "... sé que un nuevo ciclo de martirio ha comenzado".

A pesar de que, en este poema introspectivo y simbólico, Diana aprieta sus dolores hasta volverlos una bola de palabras, una piedra de cenizas... ella es, en realidad-realidad, una poeta de luz, de amor y de alegría. Es una luna luminosa frente a la aridez de la noche. Es palabra que corre entre la niebla, es íntima prosodia entre los labios.

Y hoy presentamos sus primeras órbitas de luna, para compartirlas, quizá, con la verdad de nuestras noches desoladas.

EL REMORDIMIENTO

Cada día me despierto con la muerte a mi costado,
y pienso que es el viento, que su amor me regaló.
Cada vez que el tiempo lo contrario demostró,
sé que un nuevo ciclo de martirio ha comenzado.

Cada día que pasa, cada segundo,
se vuelve una duda que a mi cuello se abraza
por saber que un extraño a mi puerta agonizaba.

Muerte lenta, sueño profundo, eterna leña a mis espaldas,
terrible dueto a mil palabras, estruendoso vacío
que a mi conciencia resquebraja.

Cada vez que siento mi garganta salpicarse,
de caricias expectantes y murmullos reprimidos
aguardando a rebelarse;
siento el roce del extraño, que a mi cuello se aferra.

Siento a un muerto no marcharse, al miedo que me contempla
...y al sano juicio abandonarme.

Es por eso que yo vivo con el sueño a mis espaldas,
es por eso que hoy decido, recobrar lo que era mío.
Sólo debo recordar qué fue lo que perdí.

Hace tanto tiempo ya...
que no queda aliento de paz en mí.

Fotografía de Caro Irigoyen

Fotografía de Caro Irigoyen



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