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Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 80 - Encuentros
Publicación de junio, 2003.
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EN LA GLOBALIZACIÓN, LA CERÁMICA ES SÓLO CURIOSIDAD ARTESANAL ALEJADA DE SU VALOR HUMANO Y ARTÍSTICO

  Artículo por Gibrán Bazán   (version pdf)

Aún cuando México, gracias a su tradición prehispánica, es considerado un país de barro, Alberto Díaz de Cossío, uno de los ceramistas más reconocidos del país, se pregunta por qué este medio ha sido tan relegado en las décadas recientes. Los apoyos y las exposiciones son casi inexistentes, a lo que se suman el poco reconocimiento que se da a los alfareros como artistas y continuadores de una tradición de varios siglos en nuestro país.

La cerámica –afirma el creador- se enfrenta a los embates del comercio mundial y la globalización. Sus piezas artísticas, al nivel de cualquier escultura o pintura, son tratadas como meras curiosidades artesanales e incluso no falta exposición donde algún exportador pregunte si se pueden hacer un millar de piezas para venderlas en el extranjero. "Esto me recuerda el cuento de Bruno Traven sobre el gringo y la vendedora de canastitas. En la globalización, el trabajo humano, artístico y detallado parece no tener un sitio, lo que vale es la gran producción".

En este 2003, Alberto Díaz de Cossío, continúa perteneciendo al Sistema Nacional de Creadores, al cual ingresó desde 1993. Durante estos diez años –dijo-, ha invertido el apoyo del Conaculta en tratar de revertir la indiferencia que la cerámica, como expresión artística, tiene en los circuitos de exposiciones. Confiesa, sin embargo, que hay muy poca unión entre los ceramistas mexicanos, razón por la que este año se juntó con otros colegas para crear la Primera Bienal de Cerámica Utilitaria, que actualmente expone las piezas de más de 72 participantes en el museo Franz Mayer.

"Es un esfuerzo conjunto que ha dado muy buenos frutos. La bienal se promocionó a nivel nacional y llegaron trabajos de más de 500 ceramistas de todo el país. Creo que sólo a través del trabajo constante, las muestras y el acercamiento con el público se podrá sacar a la cerámica de los segundos y terceros planos a los que ha sido confinada en los años recientes".

Nacido en el año de 1935, la labor de Díaz de Cossío en este medio se remonta a los años sesenta, cuando se unió al grupo de ceramistas llamado Cono-10. Más tarde, en 1970, se colgó un morral al hombro, con apenas lo indispensable, y peregrinó por las decenas de comunidades de la zona mazahua para enseñar a sus habitantes el oficio de la alfarería con el propósito de que tuvieran una fuente de ingresos económicos y sortearan la grave crisis que por esos años azotaba a la región.

De ese primer esfuerzo se conformaron grupos y cooperativas de noveles alfareros, y se construyeron los primeros hornos de alta temperatura. Don Alberto recuerda que por esos años la gente del lugar lo conocía como el "copete chamuscado", pues pasaba la mayor parte del día trabajando en los hornos. "Todo el frente de la pelambre se me quemaba y me veía bien chistoso. Durante esos primeros años se necesitó de un gran esfuerzo para levantar las cooperativas y vender los productos. Afortunadamente hubo buenos frutos para la gente del lugar y muchos lograron subsistir. Todavía hoy existen varios de esos grupos que desarrollan trabajos de alta calidad".

A finales de los setenta ingresaría al grupo de alfareros de Valle de Bravo para continuar la promoción de la cerámica a nivel internacional, labor por la que sería reclutado por el Fondo Nacional de las Artesanías (Fonart) para emprender campañas de enseñanza y difusión del arte de la cerámica a nivel nacional, labor que cumplió durante 14 años. Todavía hoy mantiene la actividad docente en el Taller de Producción de Cerámica, ubicado en la calle de Centenario #63, en Coyoacán.

"Lo que me preocupa de la globalización es que ante la imposibilidad de cumplir con sus grandes demandas, obliga a muchos alfareros a hacer de éste un medio popis y elitista. Actualmente están surgiendo una serie de tallercitos especializados en piezas únicas y que obviamente elevan su precio a las nubes, y sólo los ricos pueden pagar por ellas. Creo que la cerámica debe seguir perteneciendo a la gente porque es parte de nuestro origen y tradiciones".

Y añadió: "Es lamentable que en otros países se considere a esta actividad el arte de las artes, y en México, aún con nuestra tradición, se encuentre tan olvidada. Parte de la historia del mundo se estudia a través de las piezas de cerámica milenarias. Es un arte que ha acompañado a la humanidad y que hoy clama por una nueva oportunidad para renacer".

El prestigiado ceramista Alberto Díaz de Cossío
Foto Ramona Miranda

El prestigiado ceramista Alberto Díaz de Cossío Foto Ramona Miranda



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