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Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 38 - En el fin del Siglo XX
Publicación de diciembre, 1999.
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Editorial del fin del Siglo XXI

  Artículo por José Tlatelpas   (version pdf)

Bienvenidos al segundo milenio después de Cristo, en los reinos de Quinto Sol. Nostradamus y los agoreros del desastre parecen haberse equivocado y, asegún se vislumbra, nada detendrá la existencia del mundo redondo, cruel, embarazado de incertidumbre y ensueños. Los fariseos y los comerciantes aprontan sus negocios para la próxima temporada. Las bibliotecas de profecías y los múltiples artículos sobre la fatalidad definitiva, y sobre la especulación sombría del día de El Fin del Mundo, parecen haberse consumido en el olvido.

Pero nosotros no olvidamos lo que han visto nuestros ojos. Se va el siglo XX, la rota bandera de la modernidad, de la modesta actualidad, la más veloz, pero también la más inacabada, la que nos tocó vivir, de la cual fuimos contemporáneos y protagonistas.

El siglo pasa y algunos poderes se renuevan, otros esperan renacer y otros más quedaron para siempre en el pasado. Memorables por su perversidad quedarán para las próximas generaciones las acciones de Pinochet, Duvalier, Franco, Tatcher, Reagan, Bush, Salinas en México, Somoza... por los siglos por venir, posiblemente, se celebrarán las glorias de los héroes culturales de nuestros pueblos. Desde luego, en nuestra literatura hispana Cervantes sobrevivirá un milenio más, al igual que Ramón López Velarde, Rubén Darío, Sor Juana Inés de la Cruz, San Juan de la Cruz, Ortega y Gasset, Octavio Paz, García Lorca, César Vallejo, Manuel Maples Arce, Lizt Arzubide, López y Fuentes, Ermilo Abreu Gómez, Luis G. Urbina, selecta pero inacabable lista... pero los nombres son muchos, nuestros héroes culturales...

En la política quedó la huella de los personajes hispanos de nuestro siglo: Emiliano Zapata y Francisco Villa, Ernesto Che Guevara, el Subcomandante Marcos (quien recibió el bastón de mando de los pueblos mayas), Augusto César Sandino, Farabundo Martí, el Che Guevara, Salvador Allende... Y los controvertidos El Rey Juan Carlos, Perón en Argentina, Fidel Castro, Felipe González, Abimael Guzmán, César Chávez, Rigoberta Menchú. En la pintura bueno, este siglo fue rico... el gran maestro David Alfaro Siqueiros, Joan Miró, José Clemente Orozco, Dr. Atl, Picasso, el maravilloso Diego Rivera, Candido Portinari, Rufino Tamayo, el maestro José Hernández Delgadillo, Oswaldo Guayasamín, Wilfrido Lam y muchos otros...

¿Cómo recordaremos al siglo XX...? ¿Inundados de cultura chatarra proveniente de la burguesía decadente de Norteamérica e Inglaterra? ¿Con la divertida compañía de los Beatles y los Rolling Stones, lejos de nuestra lengua, religión y tradiciones? ¿Perdiendo los territorios de la América indígena y sagrada, olvidando las lenguas indígenas? ¿Por las valientes y no siempre afortunadas luchas por la soberanía de los hispanos todos los entornos?

Somos testigos de un despertar, desconcertado, lúcido y brutal, parcialmente amordazado de los pueblos hermanos del mundo y de América del Norte... del renacer de la conciencia indígena y de una lucha por conquistar nuevos tratados comerciales entre las naciones que realmente beneficien a todos los ciudadanos. Un cambio de mundo, un parto inverosímil en los espejos.

Hemos visto una todavía limitada y aparente liberación social de las mujeres, quienes merecen todos los derechos. Pero hemos visto también una nueva opresión ahora contra los hombres, el rostro del feminismo reivindicativo. Preocupantes violaciones contra los derechos humanos de los hombres y de los padres de familia en países como Canadá, Estados Unidos y también en Europa. Donde estas leyes han destruído inumerables familias e inundado de traumas a los niños.

Hemos visto los vientos filosos de la soledad, en América del Norte, afectando a la gran cantidad de inmigrantes hispanos, hemos conocido el guadalupanismo chicano, la maravillosa contribución de los artistas hispanos inmigrantes y sus nuevas reflexiones. Y hemos conocido el conservador neovictorianismo social en Canadá. Hemos visto la cultura propia reciclada por la versión nacionalista de nuestros rostros, procedente del extranjero, principalmente en la obra de los inmigrantes hispanos en Estados Unidos y el Canadá. Hemos visto al racismo como un fantasma negro recorriendo el mundo, no sólo los países blancos... como se dice... sino los países amarillos también y los países de piel color de cobre, que tampoco lo desconocen por completo. Y nos sorprende que después de tantos siglos, tan cargados de discusiones, reivindicaciones y conquistas sociales, de victorias y derrotas, aún no parece quedar claro a la humanidad que los países no son blancos, amarillos ni de cobre. Sino que son multiculturalmente hermanos y multicolores, son la barca sin tinturas.

¿Qué nos queda de las tormentas y las primaveras que, como dijo Nezahualcoyotl, pasaron como un sueño? El cielo de ozono y plomo... el dolor de la vida que se escurre y la incomprensión de quienes se dice que nos aman... amaos los unos a los otros, dijo Cristo hace 2000 años... Pero mi tío, el padre Carlos Carrillo, dijo en una homilía: "El problema está en que debería también decirse: Soportaos los unos a los otros"... el amor es también la tolerancia, el respeto, la capacidad de seguir caminando juntos...

En este siglo vimos a los hermanos, a los amigos, a los amantes, a las familias, a los compañeros y a los pueblos, a las organizaciones políticas, a los continentes hermanos que decían amarse los unos a los otros, traicionarse los unos a los otros, engañarse los unos a los otros, olvidarse los unos a los otros. La falsedad, doblez e hipocresía de Poncio Pilatos se sigue enfrentando a la esperanza, en esta simbólica Pascua del Jubileo 2000, que no es sólo una fiesta católica sino toda una esperanza de reconciliación y renovación universal.

Rutas de decepción y odio ha tenido el siglo XX, rutas que no serán ajenas a otras épocas y a otras personas quienes llorarán sus propias lágrimas y destilarán sus propias risas. Sólo ellos habrán de librar las mieles naturales de su propia felicidad. Desde este umbral, entre las ruinas de los nobles sueños del comunismo original y del humanismo eterno, entre las quizá inmortales semillas de su evolución, entre los veloces giros de la diligente organización de la avaricia, el pecado corporativo, la santidad y el abandono, corre entre nuestra cronología, el paso del milenio.

El milenio de la cultura y el español en México, que asumió un papel de liderazgo cultural en el mundo hispanohablante. No nos pasa por alto esta contribución positiva del poco ejemplar gobierno mexicano de la segunda mitad del Siglo XX; pero sí recordamos la organización del "I Congreso de la Lengua Española". Recordaremos también la gallarda defensa de la lengua por los españoles de España; la más grande alza del corazón de los indios, los nosotros, en 500 años... Aquí la foto dinámica de nuestro tiempo nuestro, de nosotros mismos, de nos. Nuestra cara y nuestro rostro. Tan interno y tan privado como nuestro espíritu, nuestro dolor secreto, nuestro amor y sus recuerdos.

El milenio solamente se nos fue a nosotros. Para los idos a la otra orilla, los que viven en las otras corrientes, los que se marcharon antes, para ellos es el tiempo de "después". La corriente que siguió hacia el Noroeste, hacia el Mictlan, el Reino de la Muerte. Para los que vienen después de nosotros es el tiempo que aún no los alcanza, es la dirección del Este, el Tlapcopan y tiene, quizá, el color verde. Nosotros sólo giramos, como decía el cholo César Vallejo, "con los ojos locos" y "todo lo vivido". Como bien lo dijo, estos años son "los heraldos negros que nos manda la muerte". Así me lo enseñó la escritora japonesa Kazumi Kanazawa, y quizá lo olvidó después.

No sé si somos viejos, eternos, o bebés en gestación cuántica y etérea. Pero los años se han llevado nuestro amor, nuestra salud, nuestra alegría y nos han traído otra realidad... somos como testigos impávidos del envejecimiento y del renacer de las generaciones.

Vibramos, escondidos como crisálidas de futuro en la cáscara provisional de nuestras pieles, como los antiguos reptiles de, los que se dice, provenimos. Seguiremos vivos, los genetistas y tejedores de DNA confirman lo que dice la Biblia: "en tus hijos vivirás..." En ellos quedará nuestro amor, sublime, estúpido, inocente, primitivo, indecible, incomprendido. Quedará ahí, aunque los ojos de ellos, los sobrevivientes, no nos vean, sus mentes no nos recuerden y sus corazones no nos valoren, o lo contrario, eso ya está en manos del materialismo histórico, del esoterismo y de la Rueda de Fortuna, válidos todavía, y de Dios y el Diablo, vigentes, como ayer. Quizá nuestro amor latino, amor indio, amor mestizo, ni fue un amor perfecto ni nuestra vida y nuestro siglo tampoco lo fueron... pero nunca ha habido un amor perfecto, salvo el de Dios mítico o el Dios de las Masas Populares que mencionaba Mao Tse Tung. Y como difícilmente podemos comprobar lo que con él dialogamos, tampoco es tan perfecto, de describir, o demostrar, al menos.

Con el siglo XX se fue la vida de nuestros amados amigos y parientes, mil obsidianas dan reflejos negros a las cicatrices de nuestro corazón. Llevamos las flechas sagradas de nuestras amadas amantes que no son ellas, sino son "nosotros", la consumación de la perfección del concepto de "nuestro prójimo"... se fueron nuestros sueños íntimos. La amistad es un dulce sueño. En el Norte, en el Mictlan, quizá nos contemplan los que cruzaron el Río de las Nueve Corrientes, convertidos en luceros. Yo recuerdo a mis amigos, a mis vivos, a mis muertos y a mis estrellas: José de Molina, incomprendido, acorralado y olvidado por quienes defendió. Un artista cabal que vivió en su amor y en su error como un hombre entero de su siglo y su país. Bárbara Délano, poeta chilena, hermosa siempre, igual ahora, como estrella. Leticia Ocharán, dedicada y profesional pintora. Mario Santiago gran poeta hermano, colega de mi generación y testigo de nuestros sufrimientos... Un poeta de altura que nunca se puso de rodillas... Jesús Luis Benítez, narrador y ensayista quien se despidió antes de abordar la barca de cedro rojo... Miguel Ángel España, pintor controversial, inteligente y pleno... Aurora Reyes, poeta y muralista, Juan de la Cabada, cuentista, y su linda esposa, la Sra. Esther Marichal, Germán Lizt Arzurbide, El Ratón Velasco, Francisco Dosamantes, pintor de bellezas y conquistador eterno.

Como decía el fotógrafo Francisco Segura quedarán las medallas de nuestras hazañas y nuestros logros, nuestras victorias y nuestras batallas... aquellas que fueron públicas, las que fueron clandestinas y las que fueron secretas... y también nuestras derrotas. Estos son algunos de nuestros amigos que han marchado, los de carne y los del cerebro y del corazón. Pero los amigos de todos valen lo mismo, porque todos somos todos.

De ahí el sentido profundo del lema zapatista: "Todos los derechos para todos". Porque, después de todo, todo, en el término todos, nos comprende a todos. Y esto nos dice muchas cosas, siempre y cuando no olvidemos el origen de clase.

Nos sentimos como campeones de nuestro tiempo, por las cicatrices, los golpes, por las copas o bien por las conquistas. La verdad es que otros no llegaron al fin de siglo y otros más perdieron la batalla. Nosotros seguimos aquí, por bendición del cielo o por maldición de los infiernos, o por conjuro de los Cuatro Vientos. Nuestra victoria es, sin embargo, tan humilde y tan pequeña que yo la nombraría creación de nuestra soledad, poema a penas. Victoriosos, agitamos la bandera de míticas derrotas.

¿Qué tan puro es nuestro lenguaje, nuestra cultura, qué tan oficial nuestro oficio y qué tan clara nuestra conciencia? ¿Qué tan humanos somos o llegamos al fin de siglo?

En nuestro caso, como revista, porque es desde nuestra modestísima publicación donde dialogamos con nuestros amigos, o soñamos dialogar, con los "lectores amigos", como se decía en el siglo pasado o antepasado... Tan sólo especulamos viajar en el huracán de los espíritus, como moléculas digitales, hacia la luz, o sea, la nada.

¿Pero cuál es el valor del tiempo? ¿Quiénes somos, a dónde vamos? Como decía nuestro amigo Elías Nandino... no somos nada... "al fin de cuentas todos iremos a parar a la mar del olvido..."

Nos preguntamos: ¿A dónde se dirige el arte y la cultura...? Mis amigos dicen que el arte es movimiento, es etcétera... Pero creo coincidir más con el Jefe Robert Joseph de las Primeras Naciones del Canadá, más mejor de la nación Kwakawakwaw de British Columbia, quien dice que las líneas y los colores (la forma) son aspectos secundarios, y que lo esencial es el significado humano, el contenido y la función social.

En el mercado del arte vemos que desde luego muchos galeristas y curadores hoy en día se dejan manipular por el mercado, principalmente estadounidense, otros no. Hay quienes son principalmente comerciantes y quienes son principalmente promotores de arte, en la literatura igual, las mafias poderosas en México y en España han cerrado las puertas a innumerables creadores. Algunos por desprecio se han vuelto francotiradores de literatura... y ¿quién va a lanzar la primera piedra y no entender su justa y profunda necesidad de comunicar? En un mundo pleno de ninguneo y silencio la desesperación nos arrastra y como decía el destacado muralista tolteca José Hernández Delgadillo: "La desesperación es mala consejera".

Después de todo la lengua y la literatura son inmortales, como Mixcoatl, Quetzaloatl, La Llorona y la Santísima Trindad. Nosotros sólo estamos de paso, pasamos un rato sobre la faz de la tierra... escribimos, publicamos, leemos, conversamos un ratito... quizá no somos nada... un sueño apenas...

¿Los nuevos valores? ¿Quiénes son los nuevos valores o quiénes lo serán? No los conocemos de todo. Si los conociéramos bien quizá no serían tan nuevos, pero les damos la bienvenida a esos nuevos portadores de la vida de la lengua. Los guerreros nuevos que habrán de defender con la pluma y la computadora, con el papel y las partículas magnéticas, con la voz y el celuloide, con los nuevos medios, los códigos de la palabra y del lenguaje, del arte y de la naturaleza de nuestro espíritu. De ellos dependerá, al menos en parte, la conciencia y la soberanía de todos nuestros países, su identidad y su existencia, porque así se ha requerido desde el origen de la sociedad.

Entre estos, nos merecen especial mención los guerreros cibernéticos de la lengua: Los foforofos de la lista del Español Urgente de la Agencia de Noticias EFE, la lista Spanglish y otros. Y los personajes que en ella convergen, como José Martínez de Souza, autor del Diccionario de Dudas de la Lengua Española, y otras joyas. Mi querida amiga Carmen Ugarte, por cierto a veces colaboradora de "La Guirnalda Polar", implacable en su castellano y en su crítica. Y la amazona de la lengua, María Barbero, genial buscadora de gemas literarias. Pero hay más, los javieres, Xavier y Xabier. Arturo "El Japoñol" siempre enojado y siempre certero. Ernesto Gómez Font y Enrique Picotto, siempre certero y cordial. Xosé Castro, el gallego. Son muchos y todos valen mucho, porque el tesoro de una lengua son sus hablantes y quienes la aman: no sus libros. Todos ellos haciendo un trabajo que debieron y deberían hacer las instituciones. Paradójicamente, cuando las instituciones destinaron recursos millonarios a la lengua en Internet, los hicieron de lado. Pero su excelente trabajo y dedicación quedará para la historia de la difusión y el estudio del español en el siglo XX como una contribución de los amantes de la lengua.

En fin de los enfines. Se fue el siglo XX y llega el XXI, dicen unos, pero ni en eso hay acuerdo en este tiempo. Quedamos nosotros, atrapados por el sueño relativo de la temporalidad. Como testigos mágicos, encerrados en nuestra biología, llevaremos a un futuro incierto nuestro plasma genético y nuestros sueños.

Lo único que hemos aprendido, es que no hemos leído nada, no sabemos nada, no hemos escrito nada y nada hemos entendido. Nada hemos publicado y nada nos han leído todavía. Pero en este siglo y milenio hemos visto mucho y hemos sentido más. Y quizá no nos hemos comprendido, sin embargo. Pero nosotros esperamos que se mantenga la soberanía de nuestra lengua, nuestra cultura y nuestros pueblos, incluyendo desde luego a nuestras lenguas y culturas indígenas. Vamos de pie hacia el tiempo nuevo, con las poetisas y los poetas de la vida y sus imágenes. Qué tal decirnos entre nosotros, recitarnos, ese hermoso poema del argentino José Pedroni que dice: "Poetas de los tiempos nuevos, dejadme marchar con vosotros".

Aquí estamos, pues: todo lo que creímos haber entendido, es pasado, lo es a cada instante. Y ante la suicida metamorfosis de nuestra biología y lo que hemos amado, solamente navegamos, como locos, de un lado a otro, sobre la faz de la tierra. Somos los sobrevivientes del amor y nadamos en intangibles esperanzas. Otros son los sobrevivientes del odio y habrán de hundirse en su propio infierno.

Y sin embargo, algún día todos nosotros, contemporáneos, fuentes de amor y odio, nos iremos también a la mar del olvido... o a la mar de la lengua eterna, en el lugar donde, se dice, de algún modo, se vive.

VALE.

Imagen de América latina en el siglo XX. En un mural de José Hernández Delgadillo (ciudad de México)

Imagen de América latina en el siglo XX. En un mural de José Hernández Delgadillo (ciudad de México)



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