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Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 78 - Los Vientos de Abril
Publicación de abril, 2003.
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Periodismo y discriminación. El poder del lenguaje

  Artículo por Fernando Bein   (version pdf)

Ya sea para mantener y conservar el estado de las cosas o para modificarlo en alguna dirección determinada, todas las organizaciones con intereses políticos de una sociedad deben procurar que un segmento cualitativamente importante o bien muy influyente de la población, participe de sus valores ideales.

Esto implica una tarea de difusión ideológica y, por ende, el control de los medios comunicación de masas.

A partir de la posesión de este control y en correspondencia con la defensa de sus intereses más caros, se practican y auspician desde ese lugar distintos vicios.
Si alguna vez en la historia de la humanidad el hombre tuvo una cosmovisión del mundo a través de sus creencias religiosas, hoy la tiene por intermedio de los medios masivos de comunicación. Desde la toma de conciencia del lugar de privilegio que gozan, quienes controlan los medios hacen uso y abuso de los vicios mentados armonizándolos con sus negocios.

La discriminación es uno de esos vicios.

Son muchas las oportunidades que ofrecen los medios periodísticos para distinguir cuándo un medio promueve la discriminación. Alguna de esa oportunidades muestran casos demasiado groseros para poder disimularlos u ocultarlos (avisos clasificados, espacios publicitarios, editoriales, etc).

En otros casos, en cambio, la discriminación se ejerce de un modo más sutil y no siempre es fácil percibirlo.

En este sentido el sector de poder (económico y político) que represente el medio cuenta con la inestimable colaboración del sistema educativo como generador constante de falsos prototipos y de estigmas descalificadores, de las instituciones como respaldo y protección legal para la impunidad y, como columna vertebral, del lenguaje. Lejos de menospreciar la importancia de esos elementos es intención reflexionar sobre el fin para el cual han sido creados.

Una primer lectura superficial de los titulares de un diario puede aclarar un poco el tema.

"Asesinaron y asaltaron a homosexual", "Atraparon al asesino de negros". Estos ejemplos de titulares son muy frecuentes en la mayoría de los medios gráficos. Casi sin quererlo -a veces- denuncian por sí mismos la discriminación que se ejerce a través de esos medios. Titulares como los referidos señalan con su índice a sectores de la sociedad subrayando que no integran el centro de interés de la comunidad.

Si las víctimas que esos titulares evocan hubiesen sido heterosexuales y blancos, seguramente no se aclararían tales condiciones. Hemos adquirido pautas que nos inducen a pensar y entender la referencia hombre en un sola dirección: es ineluctablemente blanco y heterosexual.

Mediante esta negación se margina a un grupo. Es decir, el término "hombre" -al que, recordemos, los medios consideran blanco y heterosexual- deberá ser negado con la expresa mención de los calificativos "negro" y "homosexual", según se trate.

Con este recurso de la negación se obtiene un resultado que define a los merecedores de los últimos calificativos como anormales y como hombre "carentes de". Así, por ejemplo, el negro se convierte en un hombre que carece del color blanco, mientras que el homosexual en aquel que carece de la habilidad de amar a las mujeres.

El racismo de los antirracistas

La discriminación a través de los medios periodísticos se ha perfeccionado más aún. Un buen ejemplo los constituye el estadounidense Herald Examiner. Este diario comenzó a publicar hace años una sección semanal dedicada a la vida de los negros. La aparición de este suplemento mereció el siguiente comentario del dirigente y líder negro Curto Moody:

"Estoy seguro de que con esto el Herald Examiner está tratando de aumentar la circulación entre los negros. Me pregunto por qué estos mismos artículos no pueden ser incluidos día tras días de modo que fueran leídos por todos en lugar de ser destacados como algo separado de la corriente principal de la vida comunitaria".

El aporte de la presencia al problema racial no era nuevo.

En 1967 el presidente de Estados Unidos de Norteamérica, Jonson, ordenó la formación de una Comisión de Desórdenes Civiles. Una de sus funciones consistía en determinar la influencia de los medios de comunicación sobre tumultos que la comunidad negra protagonizaba con frecuencia. Con los resultados que arrojó la investigación, importantes sectores de los medios informativos fueron acusados porque "no han comunicado a la mayor parte de la audiencia -que presuponían sólo blanca- el aspecto de degradación y desesperando de la vida en el ghetto". El estudio culmina afirmando que la televisión es especialmente culpable de desplegar ante el ghetto la opulencia de la sociedad blanca.

Resulta creíble y verosímil la responsabilidad adjudicada. Sólo hay que revisar en la memoria apenas unos segundos para comprobar la enorme capacidad de manipulación del periodismo estadounidense. Sus noticias influyen en toda la sociedad; no hay capa de esa sociedad que parezca ser impermeable, ni aún las más ilustradas. Una encuesta realizada con universitarios de ese país admitió que un 40% de los mismos creía que la bomba atómica en Hiroshima había sido lanzada por la Unión Soviética m es un buen botón de muestra.

Paralelamente a la posición que los medios periodísticos asumían, las instituciones democráticas de Estados Unidos generaron más mecanismos de discriminación. En 1954, por ejemplo fue aprobado la Ley de Distribución del Alumnado, por la cual se autorizaba a los Estados a determinar en qué escuelas tenían que ser distribuidos los alumnos atendiendo a su procedencia familiar o sus habilidades particulares o en función de otros criterios subjetivos.. Y mientras las "selecciones" del Reader´s Digest dibujaban la invasión a Vietnam como una heroica cruzada en laque unos simpáticos soldados negros distribuían chicles a los chiquitos vietnamitas que también eran atendidos por médicos militares estadounidenses, la vida de los negros y de los vietnamitas se desenvolvía de un modo muy distinto.

Ambos factores supieron conjugarse para garantizar la segregación asegurando que duraría siempre, pese a ser formalmente ilegal.

A esta política se la calificó popularmente "Tokenism". Este término intentó denominar el método consistente en la concesión de victorias meramente simbólicas por parte de los tribunales o del cumplimiento de las disposiciones legales en las distintas administraciones (autorización al ingreso a la universidad de unos cuantos negros solamente, un juez acá, un oficial allá, un miembro importante en la administración central del gobierno a dos dedos de entrar en el gabinete), simulando la desaparición de rasgos segregacionistas. En síntesis, una integración simbólica.

La mujer también es un ser humano

¿Lugar afortunado para observar la discriminación de la mujer? El lenguaje.

El lenguaje, entre otras cosas, permite la división de los objetos de la realidad en masculinos y femeninos. Paralelamente a esta clasificación suelen ser adjudicados valores positivos a la primera condición y negativos a la segunda. Todo lo cual expone con bastante propiedad cómo la sociedad se ve a sí misma, qué conciencia tiene de sí misma.

Un rápido recorrido por la superficie de la sociedad revela claramente varias clases antagónicas. Algunas de ellas: hombres y mujeres, niños y adultos, poseedores y desposeídos. No necesariamente en ese orden.

Las mujeres, los niños y los desposeídos bien podrían ser englobados y definidos como seres "carentes de". Tal como en el ejemplo de los negros.

La otra categoría -la que lleva ventaja- siempre parece corresponder al hombre, adulto, blanco y heterosexual con algún otro agregado ( católico y occidental, quizás).

La realidad así construida está recortada por preconceptos sexistas y racistas, entro otros muchos. Esta circunstancia ofrece la posibilidad de comprender el proceso social, con toda la complejidad y riqueza que este conlleva, a través de un conflicto en el que los intereses de los grupos y sectores que comentan a aquellos preconceptos gozan de privilegios.

El lenguaje escolarizado y cotidianamente reutilizado por los medios en general, conciben como normal el lenguaje adulto masculino de clase media alta occidental, mientras que distintas a las demás expresiones.

Precisamente en esta estrategia está basada la utilización de pronombres o sustantivos genéricos (el/los Hombre/s) para nombrar a la totalidad de la población humana, es decir, los hombres y las mujeres.

Un ejemplo revelador del funcionamiento de la regla sexista está contenido en el esperanto, un idioma creado y destinado a satisfacer las necesidades de todos los seres humanos. Todos los sustantivos del esperanto terminan en "o", que evoca lo masculino. Los sustantivos femeninos se construyen a partir de la negación de lo masculino. Esto es, por ejemplo: "patro" -padre-, se traslada a "patrino"; "frato" -hermano-, se traslada a "fratino".

El racismo del lenguaje, es el reflejo del racismo de la sociedad.

Las tendencias sexistas parecen haber adquirido mayor vigor gracias a la mismísima historia de los orígenes

Estamos, en general, acostumbrados a pensar nuestra creación desde aquél Adán a partir de cuya costilla Dios engendró a la mujer. De divulgarse otra versión según la cual Dios hubiera hecho a ambos a su imagen y semejanza, menos beneficios habrían obtenido los hombres. Adán hubiese tenido que cederle espacio a Eva y hoy tendríamos nuestras mentes abiertas a la idea de un Dios Padre en total paridad con una Diosa Madre.

Del mismo modo, el hecho de que Adán comiera la manzana está muy lejos de asociarse a su propia debilidad y se vincula al carácter provocador y peligroso de la mujer.

Aunque este tipo de condicionamientos son fácilmente apreciables en cualquier texto de gramática moderna, se hallan más acentuados aún en los medios de comunicación -ya sean gráficos, orales o televisivos.

La especulación de estos hace que le lenguaje cumpla una doble función. Por un lado construye la inferioridad de los marginados y la confirma por otro.

El trabajo del receptor hoy puede ser muy diferente al que tenía tradicionalmente.

Al comienzo del presente trabajo se menciona el requisito que los sectores interesados necesitan cumplir: el control de los medios, por lo que debe entenderse el control de la fuente y el canal de información. Siempre se creyó que de esta forma se puede controlar el mensaje.

Un buen inicio para cambiar el actual estado de la situación es descreer del principio recién enunciado para luego preguntarse, ¿la palabra de los marginados puede ser silenciada totalmente?

Humberto Eco formula varias propuestas para ganar la batalla en la Era de la Comunicación en "La Estrategia de la Ilusión". Es lícito robarle una para ensayar una respuesta a aquella pregunta.

"Habrá que aplicar en el futuro una solución de guerrilla -según Eco. Es preciso ocupar en cualquier lugar del mundo la primera silla ante cada aparato de televisión puesto que no se gana la batalla en el lugar de donde parte la comunicación, sino en el lugar donde llega. Precisamente en el momento en que los sistemas de comunicación prevén un sola fuente industrializada y un solo mensaje, que llegaría a una audiencia dispersa por todo el mundo -continúa-, nosotros deberemos ser capaces de imaginar uno sistemas de comunicación complementarios que nos permitan llegar a cada grupo humano en particular, a cada miembro de particular, de la audiencia universal, para discutir el mensaje en su punto de llegada, a la luz de los códigos de llegada, confrontándolos con los de partida".

Eco redondea admitiendo que "la idea de que un día habrá que pedir a los estudiosos y educadores que abandonen los estudios de televisión o las redacciones de los periódicos para librar una guerrilla puerta a puerta, como probos de la Recepción Crítica, puede asustar y parecer pura utopía, pero si la Era de las Comunicaciones avanza en la dirección que hoy nos parece más probable, esta será la única salvación para los hombres libres, Hay que estudiar cuáles pueden ser las formas de esta guerrilla cultural".

Ante el control de los medios de información contestar, como Eco, "Hágase nuestra voluntado, no la Tuya".

(Trabajo premiado en el Primer Certamen Nacional para Periodistas "La discriminación y los medios de comunicación", e integra el libro "Reflexiones sobre la discriminación", volumen II).



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