Cdnflag La Redvista Electrónica de Cultura Latinoamericana en Canadá
Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 38 - En el fin del Siglo XX
Publicación de diciembre, 1999.
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Nelly Keoseyán: Poemas

  Poesía por Nelly Keoseyán   (version pdf)

Hoy presentamos una poetisa y poeta, escritora y musa, femne fatale, metafórica y sensual. Nelly es una niña ingenua, atemorizada y pasional, una escritora terrible, protagonista del escándalo, del pecado y del misterio. Difícil de definir, definida por sus secretos y sus devociones. Devota de los misterios de San Juan de la Cruz, pecadora como Sor Juana Inés, limpia y pura como el viento del monte Ara. Nelly es una poeta interesante y compleja, generalmente embarazada de símbolos y referencias cultas, religiosas y sensuales. Los versos que aquí presentamos versan sobre su última etapa, rarísima, en la que yo la siento en búsqueda. Desprendiéndose de una piel y de los símbolos, escapularios y hábitos del simbolismo antiguo para dar paso a un diálogo íntimo, de reencuentro y de búsqueda primaria. Presentamos primero estos poemas del libro Los Paraísos del Sueño, publicado por la Universidad Autónoma Metropolitana en la que, por cierto trabajaba Bernardo Ruiz, un poeta amigo, como decían en el pasado siglo :-) y Mariana Bernárdez, delgadita como una rama y de bellas caligrafías. El libro se publicó como parte de la colección Casa del Tiempo en 1998, en la ciudad de México, claro. Con minúscula ciudad, aunque pueda nombrársela Señora Ciudad, Ombligo de la Luna.

En lo personal siempre me ha gustado la poesía de Nelly, sus ojos, su cintura, su pelo, su corazón fraterno y el valor humano de su hospitalidad armenia. Me fascinan sus poemas, como me fascinan algunos poemas de Octavio Paz. Ambos representan, para mí, creaciones muy distintas de mis nubes, quizá nunca escribiría nada como ellos lo han escrito. Porque no quiero, porque no sé y porque no puedo. Y porque quiero, sé y puedo otras telas diferentes. Pero lo que une a Paz y a Nelly, en cierto modo, es el uso coherente de símbolos y lenguaje propio. Para Nelly todos los bosques son distintos, pero todos ellos, quizá, bosques nocturnos y en ellos el pecado habita, cohabita y nos espera. Los lagos son espíritus, quizá, los arrollos nos permiten abrevar con placer. Los frutos saben a leche y la leche brota después del himeneo. Las ciervas son inocentes y caerán bajo el asecho del pecado y, en los estertores de la muerte, los orgasmos galácticos serán secretos rurales en los campos del deseo. Su lenguaje es un lenguaje complejo, elaborado. En estos últimos poemas la siento desnudarse, la siento cambiándose de símbolos, palabras y paisajes. Pero persiste esa comunicación íntima, despiadada, profundamente introvertida y brutal, dulce y complicada.

En el próximo número de La Guirnalda Polar, presentaremos algunos poemas antiguos de Nelly Keoseyán, en los que se aprecia su complejo manejo de los recovecos conventuales del deseo y la ceremonia sagrada de las pasiones.

ORACIÓN EN TIEMPOS DE OSCURIDAD

Madre de todas las cosas
Madre nuestra que yaces bajo la tierra
Líbranos de la oscuridad.
Que nuestras lágrimas
No sean derramadas en vano.
La voluntad del mal
No marchite las flores.
No engendren frutos muertos el árbol.
Madre de todas las cosas
Danos la paz.

III

A tu huerto le nace mi flor
A tu jardín le brota la fruta
que mi semilla le da.
¡Conmigo te colmas de leche y néctar!
¡Te embriagas de ambrosía y de espuma!
Y la dicha crece en tu corazón
como la hierba silenciosa.

IV

Al corazón del huerto iremos
untos, mi Amado y yo.
Nuestro jardín florido nos espera
Nuestra fuente de leche y miel.
¡Frutos de fuego engendraremos!
Vayamos, preñemos la tierra
con la semilla del placer.

EN LA PRISIÓN DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

Hasta un perro encerrado ahí
conmovería.
Hasta una planta sin aire,
sin rendija de luz
ni gota de lluvia
que se filtrara en los muros,
agotaría su savia y sus raíces.
Hasta un gusano
haría lo posible por escapar
de tu mísera celda.
Pero en la oscuridad
tus ojos veían la otra luz:
una llama de amor viva
en tu interior ardía
sin consumirse,
velaba por ti
como la sombra protectora
de un ángel invisible.
Y tu pasión era fuego en el hielo
de tu carne y tus huesos.
Y le cantabas al sol.
Porque por vivir preso
en un cuerpo que moría
enamorado del amor divino,
no había mar más azul
que el que veías
cuando lo buscabas en ti
por dentro.
Ni montaña ni cielo
más alto que tu paraíso.

Foto de Caro Irigoyen, de una colección de ventanas, luz, esperanza y reflexión

Foto de Caro Irigoyen, de una colección de ventanas, luz, esperanza y reflexión



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