Cdnflag La Redvista Electrónica de Cultura Latinoamericana en Canadá
Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 82 - Pluralidades
Publicación de agosto, 2003.
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Gerard Pierre-Charles un luchador por la paz

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HOMENAJE A UN PUEBLO

El Premio Nobel para un eminente combatiente por la paz y el pan en Haití

"Hay pueblos, mujeres y hombres cuyo destino es la lucha.
Para nacer. Para sobrevivir. Para defender su vida y la de los demás. Elección histórica o destino asumido, así se define su existencia...

Todo resulta para ellos más laborioso y les cuesta mucho más sacrificios que a los demás. Cada éxito obtenido, por más modesto que sea, es producto de una hazaña que ellos pueden disfrutar mucho más que cualquiera."

Gérard Pierre-Charles

Gérard Pierre-Charles, en la densidad y fecundidad de su vida y de su obra, proyecta en el plano nacional e internacional la imagen de un humanista, de un luchador social y político, de un intelectual comprometido con su pueblo en la lucha por la supervivencia, por la dignidad, por la exaltación de valores de su identidad cultural.

Más que todos merece ser considerado para la atribución del Premio Nobel de la Paz 2003.

¿Por qué Gérard Pierre-Charles? ¿Por qué Haití?
Otorgar el Premio Nobel de la Paz a un haitiano de tal dimensión en las vísperas de la celebración de los doscientos años de independencia de este país será la expresión del reconocimiento mundial a un pueblo negro, el primero en conquistar su soberanía en América Latina y el Caribe; un pueblo que, por haberse comprometido a seguir la vía inédita de la transformación del esclavo en hombre libre, ha debido pagar un pesado tributo, en un universo dominado durante tanto tiempo por el colonialismo y el racismo.

Haití, primera revuelta de esclavos exitosa en la historia de la humanidad.

Haití, primera república negra del mundo.

Haití, segunda nación independiente del nuevo mundo.

Haití, primer pueblo en haber abolido la infame institucionalización de la trata de esclavos.

Haití, durante más de cien años, el único modelo de movimiento de liberación. Por ello, ha pagado un oneroso tributo que explica, en cierta medida, su degradación actual.

Haití, zoclo de resistencia para toda América. Bolívar, héroe de la liberación de América Latina, fundador de Venezuela, encontró ahí refugio, consejo y apoyo. Los negros de América del Norte, huyendo de la ignominiosa esclavitud, fueron acogidos, con ánimo a que se superaran, hasta adquirir a veces celebridad. Haití, tierra de refugio, tierra de resistencia, tierra de solidaridad.

Haití, miembro fundador de la mayoría de las instituciones internacionales, autor o firmante de las convenciones universales.

Su población original, vaciada y cambiada por seres venidos de otro mundo, por violencias coloniales, aparece también impregnada de la roja sangre de los negros transportados de otro continente, esta África de todas las mutilaciones.

Haití, síntesis de esta mixtura del simbolismo indígena, de espiritualidades africanas, de raíces y moldes europeos. Síntesis igualmente de la histórica rebelión, del ‘marronnage’, de resistencia, de revolución, de toda la gama de la ira humana inspirada de la sed de libertad y de igualdad.

Haití, tierra desgarrada, vejada por las potentes fuerzas venidas del océano, a la vez amputada e injertada por dos millones de expatriados.
Haití une historia atormentada hecha de opresión, de exterminación de pieles rojas, de genocidio de negros, de masacre de blancos.

Este destino colectivo, individual, personal, hoy plasmado en el desempleo, la enfermedad, la invalidez, la ignorancia, la muerte prematura, fraguando con ello un pueblo que, a pesar de todo, prosigue en su búsqueda de vida y de bienestar, como las mujeres picadoras de piedra que deben mantener a sus familias, las portadoras de agua que deben caminar día a día varios kilómetros, las parteras que dan la vida en el suelo mismo, los rescatados del HIV devastador, los ‘boat-people’, desvalidos filibusteros del mar Caribe en pos de El Dorado norteamericano.

Haití, que aún no se libera de los traumatismos de la dictadura de los Duvalier.

Haití, el país más pobre del continente americano.

Haití, el 146to país de todas las listas y estadísticas imaginables.

Haití, nación desolada por una crisis política sin salida inmediata desde hace ya 16 años.

Haití, esta Haití, por todas estas razones, se debe vivir.

Esta Haití merece que se le tome en cuenta, aunque sólo sea en esta ocasión.

Un pueblo, ocho millones de habitantes, que vive sobre una tierra desgarrada, terriblemente solo por su condición humana en este mundo globalizado. Todos los récord del subdesarrollo humano, de la degradación ecológica y del éxodo sin retorno.

Pero Haití, a pesar de todo, va a conmemorar en el 2003 sus doscientos años de independencia.

Cuando tales desafíos se revelan en la génesis misma de un pueblo, su existencia, su supervivencia, sus esperanzas, ¿no merece éste ser objeto del reconocimiento universal?

¿Y el profesor Gérard Pierre-Charles no es el mejor símbolo de esta universalidad? Durante un cuarto de siglo, en su exilio en México, fue, a través de sus enseñanzas, un defensor consecuente de la revolución cubana y de los movimientos de liberación de los años sesenta. Se manifestó y trabajó de manera concreta para apoyar la lucha por la democracia en los países de América del Sur durante los años de las dictaduras militares en los setenta. Su solidaridad con estos pueblos y con los numerosos exiliados venidos a México se prolongó durante los años ochenta, cuando los países de América Central, desde Nicaragua hasta Guatemala, enfrentaron grandes batallas por la democracia. Con sus escritos en español contribuyó notoriamente a hacer comprender la realidad del Caribe, para una mayor aproximación de esta región al resto de América Latina.

El alcance de su obra solidaria y humanista lo ha hecho merecedor de homenajes por parte de los gobiernos e instituciones de República Dominicana, de Cuba, de la Asociación Latinoamericana de Derechos Humanos (Ecuador), de la Asociación de Economistas del Caribe y del gobierno de México, que recientemente le ha otorgado la medalla Águila Azteca, la más alta condecoración dada a un extranjero.

Su solidaridad con los procesos de liberación en África y en particular con el pueblo de Sudáfrica en su lucha contra el apartheid se ha hecho sentir a través de diversas iniciativas en los medios universitarios de América Latina, donde trató los problemas del Tercer Mundo, refiriéndose, entre otros temas, al fenómeno de la dependencia, las estrategias de desarrollo, la identidad étnica y cultural, el combate contra el racismo.

En el itinerario de esta búsqueda de soberanía, dignidad y paz para los pueblos, no ha dejado de identificarse plenamente con su comunidad, confrontada a toda clase de privaciones, y con los países del sur, proyectando desde hace tiempo y en los lugares más diversos su silueta de hombre minusválido, limitado físicamente pero dotado de un espíritu abierto a los cuatro vientos del coraje, la determinación, la acción y el pensamiento constructivo. A través de él se presenta un pueblo que ha pretendido y pretende todavía edificar su destino singular, a fuerza de sucesivas derrotas y de valerosos reempezares.

Ha sido, desde hace ya varias décadas, el símbolo de un pueblo que necesita, hoy más que nunca, una mano de reconocimiento, de apoyo, un empujón positivo en el sentido del progreso, del mundo solidarizado.
¿Por qué Gérard Pierre-Charles? ¿Por qué Haití?
Porque otorgarle el Premio Nobel de la Paz a uno de los hijos más eminentes de este país es un homenaje y un reconocimiento a sus doscientos años de historia.

Otorgar este premio a quien, más que cualquier otro actualmente, ha influido en el curso de los hechos de su propio país y cuyos escritos han incidido en la visión del Caribe en América Latina es una necesidad, una señal muy fuerte, una justa decisión que consagraría la universalidad del espíritu humano y de la causa por la paz.

Recompensar al profesor Gérard Pierre-Charles es dar un vigoroso impulso de esperanza a una nación maltrecha y desencantada por más de doscientos años de batalla sin otra salida que la difícil supervivencia que gestara un nacimiento glorioso.

La tierra Caribe, las Antillas, la América de los pobres y de los olvidados necesitan este reconocimiento.

¡La tierra Caribe, las Antillas, la América de los pobres y de los olvidados necesitan este reconocimiento!

¡No se recompensa a un hombre y a su obra, se reconoce una causa y un combate universal!

Comité Haitiano para la Promoción de la Candidatura al Premio Nobel de la Paz 2003 del profesor Gérard Pierre-Charles
Puerto-Príncipe, 12 de diciembre, 2002

N.B.: Hasta noviembre del 2003, usted puede contribuir a la elección de Gérard Pierre-Charles de forma individual o grupal escribiendo una nota de apoyo al Comité Noruego del Premio Nobel de la Paz, que realiza su selección definitiva basándose, entre otros criterios, en el respaldo a las candidaturas:

A: gj@nobel.no
cc: comite_appui_nobel_gpc@yahoo.fr

Dirección Postal
Comité Noruego Nobel
Drammensvein 19
NO-0255 Oslo
NORUEGA

Asimismo, puede contribuir haciendo circular la información referente a la candidatura (disponible en inglés y francés en nuestra dirección electrónica) y solicitando el apoyo a la misma por parte de personalidades; instituciones de la sociedad civil; asociaciones socio-profesionales; parlamentarios; responsables políticos; directores y rectores de universidades; profesores universitarios en ciencias sociales, historia, filosofía, leyes y teología; directores de institutos de investigación sobre la paz e institutos de relaciones internacionales.



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