Cdnflag La Redvista Electrónica de Cultura Latinoamericana en Canadá
Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 83 - Las Huellas de Septiembre
Publicación de septiembre, 2003.
Página previa Página siguiente

LA VIDA DESCONOCIDA DE SALVADOR DÍAZ MIRÓN

  Artículo por Homero Bazán   (version pdf)

A siglo y medio de su nacimiento


LA VIDA DESCONOCIDA DE SALVADOR DÍAZ MIRÓN EN EL NUEVO NÚMERO DE LA REVISTA BIBLIOTECA DE MÉXICO

Homero Bazán

Los grandes poetas veracruzanos son los homenajeados en el número 76 de la revista de la Biblioteca de México. A más de siglo y medio del nacimiento de Salvador Díaz Mirón, diversos escritores e intelectuales lo recuerdan como uno de los mayores innovadores del modernismo y el postmodernismo de finales del siglo XIX y principios del XX.

Asimismo, otro gran poeta nacido en el puerto de las marimbas, el maestro Rubén Bonifaz Nuño, es la figura central de la publicación correspondiente a julio y agosto, al cumplirse en este 2003, ochenta años de su nacimiento. Marco Antonio Campos ofrece una entrevista con este reconocido escritor, quien recuerda sus tiempos cuando leía a Emilio Salgari y hurgaba en los cajones de las librerías de viejo como un explorador a la caza de descubrimientos.

Entre los autores que participan en este número se encuentran José Antonio Montero, quien habla de Salvador Díaz Mirón y su vínculo entrañable con Veracruz. Manuel Sol ofrece un artículo donde muestra el perfil de este intelectual como poeta de las minorías y el pueblo, y María Elena Llarena del Rosario, presenta una carta que Mirón escribió a su abuelo desde la cárcel y donde le dice:

Querido y estimado Pantaleón: Una necesidad imperiosa me obliga a suplicarte, no sin pena, que me facilites quince pesos. Si Dios me permitiere salir vivo de la cárcel, o si en ella quisiere aliviarme de la miseria pecunaria, te pagaré religiosamente el dinero, no los favores que te debo. Cuenta con la eterna gratitud de tu pobre amigo, que jamás olvidará que su familia ha comido algunos días a merced a tu generosidad.

Por su parte Francisco Hernández desentraña a través de su colaboración la personalidad de este poeta con un poema donde describe uno de tantos duelos donde participó: Cuando la bala está en el aire, en su elemento, se aviva el caminar del segundero ajeno a las distancias. El proyectil, entonces, se concentra en el deseo mayor que lo dispara: no dar contra paredes ni peñascos, sino en el centro mismo de la vida. Tal vez el corazón o el entrecejo o en la fruta que asiste a la garganta.

Igualmente Luis Ramón Bustos, pone al descubierto con su artículo, otra de las facetas de Mirón: su participación en la vida política del país. El investigador afirma que los biógrafos de Mirón aún no se ponen de acuerdo sobre el motivo de su primera salida forzada del país; algunos afirman que tuvo que desterrarse porque en el periódico El Pueblo, que dirigía Rafael de Zayas Enríquez, escribió violentos artículos contra el temido general Marcos Carrillo, quien había tomado el mando político y militar de Veracruz a partir del Plan de Tuxtepec.

Bustos recuerda que en 1878, en otro de sus sonados duelos, en esta ocasión contra Martín López, Mirón quedó herido a causa de un certero balazo que le destrozó la clavícula izquierda y le dejó lisiado el brazo, lo cual truncó su primera participación como diputado a la legislatura local, representando al distrito de Jalacingo.

En 1879, en compañía de Miguel Reyes Torres publica el periódico La Opinión del Pueblo, donde también suele atacar al gobernador Mier y Terán. Esta obsesión por el gobernador tiene, en opinión de Luis Ramón Bustos, una explicación: hacia aquellos años, Díaz Mirón se pensaba liberal y democrático y pensaba que Mier y Terán terminaría con el proyecto modernizador que intentaba frenar el poderío económico de la iglesia católica y emprender la defensa de las libertades y garantías individuales.

Finalmente en este número de la revista, Rubén Bonifaz Nuño, otro gran veracruzano, presenta un poema inédito titulado Calaca: El vacilón de tus bacilos, la virulencia de tus virus, tus reumas, tu arterioesclerosis, el resbalón y la caída en el baño, pones en alerta ante mí, malevola, Dientona. No me tocó que me encontraras en Chapultepec, con la bandera, ni en las Hibueras, torturado; no el 5 de mayo; ni siquiera en alta mar, de cara al cielo.

Sobre su afición a los libros viejos, don Rubén Bonifaz recuerda con especial estimación a Amado Vélez, quien solía comprar bibliotecas enteras y remesas y tenía la generosidad de invitarlo primero que a nadie a empolvarse las manos con esos libros antiguos.

"Una vez don Amado Vélez me mostró un excelente ejemplar de la edición de la Rusticatio Mexicana impresa en Bolonia en 1782. Le dije que ese libro me interesaba mucho y le pregunté el precio. Trescientos pesos, respondió él. No se burle de mí don Amado, le dije, sorprendido ante lo barato de la oferta, y él me respondió: Mire, sé que si le pido cinco mil pesos igualmente me los dará, pero lo que a mí me interesa es que mis libros estén bien colocados".

Una pintura de la colección Yussai, del maestro Shinobu Tobita.

Una pintura de la colección Yussai, del maestro Shinobu Tobita.



Share

Página previa Página siguiente

Otras publicaciones dentro de este número.

Loading...