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Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 83 - Las Huellas de Septiembre
Publicación de septiembre, 2003.
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El dia que viajé con la muerte

  Cuento por Oswaldo Pérez Cabrera   (version pdf)

Como aquella noche en que a la Muerte se le ocurrió subirse en el mismo vagón en el que viajaba taciturno sin disimular ni intentar siquiera pasar desapercibida. Entró con todo y manto y guadaña sentándose detrás de mí. Se me erizaron los cabellos de la nuca al sentir un frío cavernal. ¿Sería yo el único capaz de percatarme de su presencia? Yo leía un cuento que hablaba de sentimientos y recuerdos. Decía cursimente: "Hoy hablé con ella, el amor latente, unas promesas de tal vez, una tentativa de visítame; amores a distancia. Creo que ella me extraña tanto como yo. Te dije que éramos almas gemelas, sin embargo, incapaces de prometerse fidelidad."

La muerte me guiñó una oquedad, pienso que debió tener buenas tetas cuando era de carne y hueso porque ahora sólo sirven para amamantar cadáveres con polvo. Yo sabía que aquella noche ella no iba por mí; ya en otras ocasiones me había coqueteado como recordándome que por más que me esconda en el tiempo, ella acabará encontrándome y haciéndome suyo. Mi affair amoroso con la Muerte ya tiene escrito el final. Pero esa noche ella esperaría a que yo me bajara para detonar la bomba. "Tal vez para que pueda cumplir mi intento de promesa e ir a buscarte escapando de la monotonía de las ciudades"

Veo a mi alrededor buscando a alguien a quien salvar, pensaba que si uno de los transeúntes se iba conmigo ella no se lo podría llevar, pero la Muerte es caprichosa y me muestra una sonrisa descarnada. Tomando en cuenta lo que veo decido que yo no soy nadie para interferir con el destino y me levanto dándole las gracias a la sucia Muerte con una mueca que denotaba aún cierto miedo e incertidumbre. Ella aprobó tras una sombra fría escondida bajo su rasgado atuendo.

Una muchacha blanca y delgada se levanta para bajarse del destino, yo le sonrío y le digo si le gustaría ir a celebrar la vida conmigo. Saliendo de la estación es que escuchamos el fuerte y ensordecedor estallido, como un trueno salido de la boca de Dios.

Nunca pensé que La Muerte se valiera ahora de tecnologías terroristas, pero la Muerte siempre se prostituye a aquel que le proporcione ayuda. Yo pensé en la señora gorda, en el viejo alcohólico sentado frente a la mujer oriental, en las familias que iban viajando ignorantes de lo que sucedería; pensé en todos ellos que ahora estaban reducidos a pedazos, sangre, huesos y músculos desperdigados por las vías. Nosotros nos quedamos viendo estupefactos, sin creer que eso fuera parte de la vida real.

Creo que la mujer blanca y delgada no se había percatado que aquella noche la Muerte había viajado con nosotros, me tomó de la mano con su mano sudada y decidimos tácitamente salir a celebrar la vida que todavía poseíamos. Busqué el cuento que hablaba de sentimientos y recuerdos pero lo había olvidado en el vagón. Ahora nunca sabré si la promesa de un reencuentro con el amor lejano se hizo realidad o se quedó manchado de recuerdos como aquellas vías de restos humanos.

De la serie Haiga: Una obra de Shinobu Tobita sobre un viaje a los mundos del más allá..

De la serie Haiga: Una obra de Shinobu Tobita sobre un viaje a los mundos del más allá..



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