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Núm. 115 - María Sabina sacerdotisa de los hongos mágicos
Publicación de mayo, 2006.
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Poema a María Sabina

  Poesía por Alma López "Jade"   (version pdf)

Hallarme en Huautla me estremece
no hay duda, estoy en lugar preciso
en esta tu tierra mazateca
la majestuosidad de la noche se impone.

Tengo la dicha de que la aún viva presencia de María
me muestre las faldas de montaña entretejidas
fascinada, me sustraigo a sus encantos
me dejo guiar por aquellos ríos, que junto al viento
murmuran una oración desde la cima.

Absorta por la forma en que desenredas
lentamente tu plateada cabellera
que me alumbra en este viaje
te observo en tu cotidiana existencia,
mujer limpia que abona la tierra,
que recorre los mismos parajes,
que en lo recóndito se sumerge
hasta desintegrarse.

Ser la niña que jugando,
encontró otros niños como ella: limpios, descalzos,
claros, inocentes y hambrientos.
Sí, niños maravillosos, niños santos.

¡Cuántos juegos no habrá jugado Sabina!
¡Cuántos juegos únicos y mágicos!

Siento como me extiendes tus manos
sonriendo me ofreces un trozo de vida, eso es la alegría,
mis temores asoman, resuenan mis miedos
y al verlos a ellos tan tiernos, tan pequeños
me impulsan no sólo a tocarlos, sino a consumirlos
honguitos, niñitos santos, sangre de cristo...
Como en sueños, a vertiginosa velocidad del caracol resbalo,
cayendo en sus profundidades, ahí me pierdo.

Su delicadeza tocó mi ternura, consoló mi desdicha,
únicamente escuché sus risas, y me abrieron paso en la ronda
y colocándome en el centro cubrieron mis ojos
tuve que correr y gritar, encontrarlos en la penumbra,
mientras que ustedes esperaban el momento
de mi más terrible desesperanza
para que cuando al menos lo esperaba
estallaran de pronto en mil carcajadas.
Cuando una multicolor lluvia de fragancias
inundó mis mas sutiles deseos.

Quise jugar con las palabras
una silueta se proyectó en el laberinto
mi cuerpo cedió a tu liana
convirtiendo a mi alma en arco iris
el cielo me confundió contigo
comprendí tu idioma desconocido
y juntas volamos María.

Llenándonos de arrugas crecimos
nuestros surcos hicieron destino
mientras te convertías en la sabia, isla de lo desconocido
yo intentaba entonar abruptamente tus misterios

Tu, María Sabina, diste mil gritos a tu vestido
devolviéndole sus anhelos al infinito
pediste permiso a cada estrella para que pudiéramos esparcirnos

Un repentino entumecimiento me sobresaltó de improviso
¡Puedo correr tan veloz con la neblina y el viento!
Hasta entonces recuerdo mis huesos, que notoriamente entumecidos
ven como viene con toda su furia, la tormenta
que nos lanza su nota más alta y su mas deslumbrante brillo

Mujer María Sabina, cómo danzas con el Hombre Universo
moviéndose rítmicamente hacia los cuatro vientos
guiándome cadenciosamente hacia el origen
hacia una esperanza forjada en el horizonte

Tus legendarias trenzas,
tu piel morena curtida de conocimiento
Abuela, ¡Si que ha pasado esto que llaman años
tu divino canto me ha elevado
y vengo aquí una vez más,
a devolverte algo sagrado:
mi eterno agradecimiento por llevarme de la mano

Vamos, deslicémonos nuevamente,
desandemos el tiempo
disolvamos el espacio
signos indescifrables de lo creado

Obséquiame tu dulce magia de niña Luna
quiero ser la heredera de tus luminosos cantos
revélame tus ancestrales secretos
los mismos que me permitieron sentir
como los ángeles rieron gozosos
al elevarnos en sus iridiscentes alas
de poesía

El tiempo nos pidió una ofrenda
y tu, humilde sacerdotisa
entregaste una historia perfumada de incienso
tu sagrada misión me impregnó de un amor fascinante
como el de la Virgen Madre en su manto de nubes
como las mil voces de Dios en el firmamento

Obra pictórica sobre María Sabina, en proceso.

Obra pictórica sobre María Sabina, en proceso.

La deidad que protegía y guiaba a los sacerdotes que usaban las plantas sagradas en el México prehispánico. Foto de J.R. Ruiz

La deidad que protegía y guiaba a los sacerdotes que usaban las plantas sagradas en el México prehispánico. Foto de J.R. Ruiz



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