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Núm. 143 - El Libro Rojo del 68: A 40 años del genocidio de Tlatelolco
Publicación de octubre, 2008.
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Comentarios a la presente selección de poemas sobre el 68 mexicano

  Artículo por José Tlatelpas   (version pdf)

Esta no es una antología de remembranza, un libro más de crónica o lamentos; ni un estudio desde afuera. Esta es una antología que es parte y
consecuencia de la lucha estudiantil y social de los mexicanos, por ello
es una fuente primaria que registra los hechos, su entorno, su resultado
y síntesis en la poesía de un pueblo, su arte visual y pensamiento. Este
libro también explora el significado del 68 en la perspectiva viva del presente y del futuro posible, de ahí su nombre: “El Libro Rojo del 68”.

A diferencia de otros libros sobre el tema que intencionalmente hacen de
lado a varios de los grandes personajes del 68, nosotros incluimos imágenes
del maestro José Hernández Delgadillo, ejemplo de entrega, honestidad
y rectitud, el artista visual más representativo de este movimiento.

En la música recordamos a “El Cronista Musical de México”, “el guerrillero
de la canción”, José de Molina. Leopoldo Ayala, “El poeta del 68”, nos acompaña como antologador. Tenemos también la participación del maestro Fausto Trejo Fuentes, dirigente magisterial del 68 que se distingue
por su impecable claridad y rectitud. Este es un libro de política y cultura, por lo que es imprescindible mencionar la aportación al movimiento
del novelista y dirigente social José Revueltas, la cantautora Judith Reyes, y el legendario grupo de sátira musical “Los Nakos”.

Hay más artistas e intelectuales que recordar. Algunos, vinculados estrechamente con la lucha por la democracia o el movimiento estudiantil
mantuvieron viva su aportación, contra viento y marea, en las décadas
cuando se incrementó la represión a los movimientos sociales y cuando
la mayoría de los políticos callaban. Algunos fuimos también víctimas de
persecución, aislamiento, calumnias y campañas difamatorias perpetradas
por los lacayos del imperio. Otros sufrimos exilio, cárcel o marginación
por la defensa de las causas justas que tratamos de defender.

Grupos como “Maíz Rebelde”, “Arte Colectivo en Acción”, secretarías de
Cultura y Prensa del Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP), la Liga Independente de Músicos y Artistas Revolucionarios (LIMAR), el Taller de la Gráfica Popular, el grupo MIRA, CLETA-UNAM, el Taller de Arte e Ideología, Comisión Cultural del PMS y otros, mantuvieron viva la aportación del movimiento estudiantil del 68 durante las dos décadas de más intensa represión, de 1968 a 1988. A partir de esta fecha, más compañeros se sumaron organizadamente a la tarea del análisis, la reivindicación o la memoria. Los artistas del 68 y sus seguidores enfrentaron con valor, claridad e ingenio a la prensa mercenaria y a “los intelectuales vendidos”, levantaron su obra sin becas ni financiamientos bajo condiciones de gran adversidad, y también establecieron un interesante contraste con “la prensa y los intelectuales perdidos” (aquellos que, sin dolo, nada ven, nada oyen, ni registran).

Se debe mencionar también el valioso trabajo de otros compañeros que a
partir del 68 aportaron arte y reflexión. Entre otros: Alberto Híjar Serrano,
Pedro Valdez, el Negro Ojeda, Felipe Galván, Luis y Enrique Cisneros,
Gonzalo Martré, Francisco Segura, Héctor García, Juan Alejandro, el
grupo de teatro democrático “Los Mascarones”, Aurora Reyes, el grupo
Los Nakos (Ismael “Maylo” Colmenares, Gabriela Huesca, Ricardo Pérez
Monfort, Amparo Martínez, Enrique Reintería, Gladys Marroquín, Antonio
Ávila, Francisco Barrios “El Mastuerzo”, Paco Ignacio Taibo II, Elia Crotte, Armando Vélez, Armando Vega Gil, José Martínez Meza, Mayra Cerberos, Jorge Silva y Gerardo Aboytes), León Chávez Texeiro, Enrique Ballesté, Manuel Rodríguez, Cruz Mejía, el grupo cultural de la UVID-19 de Septiembre y los hermanos Betancourt, el grupo de danza Barro Rojo, Iseo Noyola, Gabino Palomares, René Villanueva y Los Folkloristas, Amparo Ochoa, Carlos Bracho, Beatriz Munch, Eugenia y Margarita León, Margarita Bauche, la Cooperativa de Cine Marginal, Anthar y Margarita, el
Grupo Canek, el grupo Zumbón, Vientos Para un Nuevo Día, grupo La
Nopalera, Emilia Almazán, Rafael Catana, Roberto González, Ulises Perzábal “La Changa”, Alejandro Zenteno, Miguel Ángel Gamboa, Andrés
Mejía y el grupo de rock TNT, Rodrigo González “Rockdrigo”, Jaime López, Rina Lazo, Arturo García Bustos, Enrique Bordesmangel y Cervantes, los nuevos Hermanos Michel, Guillermo Briseño y, entre otros, los aquí antologados.

En otra categoría, se encuentra la aportación de Elena Poniatovska y Carlos Monsivais, también valiosa por su contribución a la crónica y la difusión.

Sin embargo, es verdaderamente insólito que en 40 años de libros, películas
y crónicas del 68, prácticamente nadie ha registrado la continua y
clarísima participación de estos artistas y creadores que durante décadas
convocaron y animaron las marchas, las huelgas, los mítines con sus
canciones, sus murales, sus pinturas, su poesía y el testimonio de sus
ingenios. Debe llamarnos a profunda y seria reflexión que, a 40 años del
heroico movimiento estudiantil, la prensa, las editoriales y los medios, de
izquierdas y derechas, sigan pretendiendo substituir a los artistas del movimiento, con una insólita alquimia, por los artistas favoritos de los gobiernos y sus instituciones, ajenos a estas luchas y amigos de ex presidentes represores. Es al menos vergonzoso o revelador que, en 40 años de crónicas, los cronistas todavía no hayan visto y registrado los murales de Hernández Delgadillo, las canciones de Judith Reyes, José de Molina y Los Nakos, la poesía de los escritores militantes del 68, el teatro de Los Mascarones y CLETA, etc. Este distanciamiento, al que también contribuyen los partidos políticos, sus dirigentes e instituciones, se debe seguramente a que los artistas progresistas siempre han sido una voz vibrante, independiente, crítica y libertaria, difícil de manipular para el servicio de los buscadores del poder, el dinero y los intereses cortesanos.

Todos los poetas, los militantes, los ciudadanos y los literatos incluidos,
aunque muy diferentes en oficio y compromiso, nos merecen un profundo
respeto y reconocemos su valiosa aportación y testimonio. Ellos representan distintas posturas ideológicas, políticas y estéticas. En este libro
hemos buscado sus elementos de convergencia y se reúne obra con varios
criterios. Primero, como el título indica, es una antología de poemas que
parten del tema de la lucha estudiantil de 1968. Segundo, se han seleccionado algunos autores por su militancia, a otros por su calidad. Tercero, se han incluido también textos que tienen valor histórico o
testimonial. Por ello, este libro es parte cultura, parte testimonio, parte
denuncia política y parte reflexión plural. Y eso es precisamente la esencia
de la poesía, síntesis personal, estética y compartida de lo más relevante
de la experiencia humana. Aquí mostramos parte del registro social y espiritual de una época y de un pueblo, en la voz de sus poetas y en las
imágenes de sus artistas visuales. No tratamos de valorar a los militantes
tan solo como poetas, ni a los artistas nadamás como militantes; sino de
reunir en un libro, con respeto a las diferencias, el testimonio en poesía
de un gran pueblo que no es ajeno a su dolor y que, desde distintas posturas, ideologías y sentires, manifiesta su asombro e indignación ante la
represión de un mal gobierno. Así como se ha escrito sobre la novela de
la Revolución Mexicana, es preciso estudiar y conocer La Poesía y el Arte
del 68, que con su obra acompañaron también a los estudiantes y al pueblo
en una conmoción social de profundas consecuencias.

Aquí incluimos poemas de escritores profesionales, como Rosario Castellanos y Bonifaz Nuño, de escritores no necesariamente de oposición,
como el Nobel Octavio Paz, poetas e ilustradores que han sido activistas
sociales como Hernández Delgadillo, Leopoldo Ayala, Mario Ramírez, Benito Balam y quien esto escribe, poetas más recientes, como María Teresa Irazaba. Presentamos autores que escriben en las lenguas de nuestros pueblos originarios, como el zapoteca Macario Matus y el nahuatlato Baruc Martínez y la palabra fraterna de algunos distinguidos poetas de origen extranjero: por la mejor España Juan Rejano y Paco Ignacio Taibo I, de Argentina Máximo Simpson, de Uruguay Mario Benedetti y de Honduras el poeta cinchonero Vicente A. Torres. Algunos autores son más directos, otros complejamente simbólicos como el pintor Alfredo Meneses y el poeta Ramón Martínez Ocaranza. No hemos podido incluir a todos los poetas que quisiéramos, nos ha faltado mayor espacio y tiempo. Algunos pocos no pudieron o no quisieron participar en este proyecto. En los materiales encontrados hay quien ha escrito desde el movimiento y sobre el movimiento: quien lo ha profetizando (R. M. Ocaranza), quien lo ha vivido y defendido (Leopoldo Ayala), quien lo ha sufrido (Margarita Paz Paredez), quien lo recuerda (David Huerta) y quien lo imagina (M. Teresa Irazaba).

Hemos omitido a quien lo ha denostado (Jaime Reyes), a varios que impropiamente equiparan las fuerzas represivas con las antiguas deidades
de nuestros pueblos originarios y a quienes tímidamente, a penas, mencionan nuestro tema.

Hemos dicho que el oficio, el estilo y la ideología de los poetas aquí presentados es muy variado. Y que, siendo poesía en castellano, no es raro
que aquí coincidan un mexicano y moderno mester de juglaría con retoños
de un mester de clerecía. Pero creemos que no es menos poeta el autor del romancero del Cid, que don Luis de Góngora y Argote, y aquí, en esta antología de “literatura ciudadana”, todos los poetas tienen su lugar, con el respeto y la dignidad que su integridad o su oficio les han ganado. No quisimos encerrarnos en la limitante del poema lírico y prometeico, aunque reconocemos su valor. Hemos querido compartir poemas que fueron y son parte de la realidad y la reflejan. La poesía es contenido, forma, sociedad, ritmo, metro y prosodia; pero también síntesis de la historia, del arquetipo, del libre albedrío: es, pues, compromiso y elección.

Hemos tratado de que nuestro enfoque sea síntesis de una lucha real con
consecuencias reales en el mundo de hoy. No creemos que un movimiento
social y sus mártires deban circunscribirse a un recuerdo histórico, ni a
un análisis literario, solamente. Hemos intentado hacer coincidir, no supeditar, literatura, testimonio y pensamiento.

Esto es parte de la memoria social que representa parte de la historia moderna de México y América Latina. Respecto al llamado “Memorial de Tlatelolco”, creado y financiado por el Estado, y construido por sus elegidos, no creemos que represente la memoria fiel del movimiento toda vez que ha sido creado por el mismo Estado que perpetró la represión, que nunca cumplió las demandas, y que tampoco ha castigado a los culpables ni ha emitido una disculpa formal ni convincente. ¿Cómo entonces erigir un
memorial a las víctimas sin haber dejado de ser un victimario...? Hace
poco tiempo el archivo documental fue donado de algún modo a la UNAM
pero, a nuestro juicio, no ha dejado aún de ser un centro institucional.

No se ha convertido todavía en un referente que refleje un movimiento
vivo, ciudadano, horizontal y suficientemente crítico, como se requiere.

Queremos deslindar de quienes han usado el tema por oportunismo, ostentación y provecho político o comercial; y de quienes ven al 68 como un episodio histórico y prefieren la comodidad de la nostalgia al análisis profundo o la militancia vigente y sostenida. Para nosotros el movimiento del 68 fue un despertar a una realidad que existía antes, existió entonces con la sangre y represión brutal a la ciudadanía y subiste hoy contra el pueblo en hechos como los sucedidos en Aguas Blancas, Acteal, Atenco, la APPO, y la indiferencia del gobierno frente al abuso criminal y las calumnias contra estudiantes mexicanos, entre ellos Lucía Morett, perpetradas recientemente en la frontera de Colombia. En fin, los ejemplos no escasean.

Las demandas del 68 en realidad no fueron nunca desahogadas. Las luchas
estudiantiles ulteriores, como la del Consejo Estudiantil Universitario
(CEU) y del Consejo General de Huelga (CGH), fueron continuidad del
68. En esencia, quizá en el fondo esta lucha estudiantil fue por impulsar
una verdadera democracia civil: Si la ciudadanía participara democráticamente en las decisiones del gobierno, no habría brutales represiones.

Si los jóvenes estudiantes fueran tomados en cuenta, no tendrían que
pagar una educación y materiales de estudios más caros que en Estados
Unidos y Europa. Si hubiera democracia social, los profesionistas tendrían
trabajo y no se derrumbaría a la empresa nacional para privilegiar
a las grandes transnacionales. Si hubiera democracia social, hubiera un
país de ciudadanos independientes económicamente, y no un país lleno
de familias angustiadas y míseros changarros a la puerta de grandes trasnacionales.

La lucha estudiantil del 68 pugnó por consolidar varios de esos derechos y mientras esto no esté resuelto, la lucha ciudadana habrá de continuar. La aportación político cultural de los activistas del 68 y sus herederos transformó a México positivamente. No vemos en los frutos de su sacrificio ni utopías ni derrotas, sino avances reales, pero inconclusos.

Y desde luego, tampoco vemos en el sacrificio de nuestra gente ni celebraciones ni vendimias que sólo pueden concebir infiltrados o traidores.

No ha caducado la situación de injusticia y represión en México. Podemos
decir que la Revolución no completó sus metas ni tampoco el Movimiento
Estudiantil del 1968. Por lo tanto, Zapata vive y las demandas y banderas
de los valientes estudiantes y ciudadanos del 68 mexicano siguen vigentes,
expresando necesidades fundamentales del país. Y por tanto, son motivo
de reflexión obligatoria para los jóvenes de hoy y del mañana y han
sido motivo para que los poetas se sumen a la reflexión histórica y social.
José de Molina cantaba al respecto: “Compañero, en tinieblas tu continente
está. Una luz necesita: Dásela ya”. Nosotros vemos a los líderes sociales
al frente o junto con las luchas sociales, no detenidos en una fotografía del tiempo. Nos deslindamos de oportunistas acomodaticios que buscan tan sólo ganancias políticas y económicas sin participación en la dirección social y siempre acomodados en el presupuesto. Tampoco vemos a la cultura de rodillas, controlada por las limosnas de instituciones culturales corruptas, como la Secretaría de Cultura del Distrito Federal, en la ciudad de México, el CNCA CONACULTA a nivel federal y el Fondo de Cultura Económica, que no representan a los artistas, sino medran a su costa y además procuran destruir su independencia gremial y controlar, restringiendo fondos y apoyos, los análisis independientes, la crítica profunda y el verdadero desarrollo creativo de una cultura con raíces. De ahí la comodidad del espectáculo ligero, del entretenimiento banal, de la edición que sufre de miopías, síntomas que nos permiten identificar la ideología, la postura política y los intereses económicos de quienes los promueven.

No debemos buscar la herencia del 68 en falsas izquierdas oportunistas,
sectarias y caníbales, ni en una derecha apátrida, amoral y sin principios,
que desde hace cinco siglos ha tratado de vender la soberanía y los bienes
nacionales a potencias extranjeras; sino en la conciencia política de la
nación verdadera, en las nuevas oportunidades de alternancia, en el naciente multipartidismo, en la experiencia cultural y política que hemos
ganado, y en la praxis de los movimientos sociales significativos de las
últimas cuatro décadas. No debiéramos limitarnos a la denuncia y la condena, sino decodificar el presente, proponer un futuro mejor. Debemos
saltar los cercos y fronteras legalistas, construidos contra el pueblo, y ver
más allá, para conformar una verdadera democracia y justicia social, sustento de nuestra soberanía cultural, económica, política y territorial.

Este libro representa la continuidad de un trabajo iniciado en Tlatelolco,
15 años Después, proyecto que impulsamos con el maestro José Hernández
Delgadillo desde la Secretaría de Prensa del Movimiento Revolucionario
del Pueblo (1983), después, con el compañero poeta Benito Balam,
publicamos Desde los Siglos del Maíz Rebelde (1988, 2008).

Posteriormente aparecería el catálogo documental El Lienzo de Tlatelolco, de Leopoldo Ayala, José Hernández Delgadillo y Héctor García (1998), y en el 2004 Ni Perdón ni Olvido (inédito), una antología compilada por Leopoldo Ayala y Mario Ramírez, libro que evolucionó en esta selección y aportó material para otros libros. También hemos tomado materiales de otras publicaciones como 53 Poemas del 68 Mexicano, de nuestro finado amigo Aroche Parra (1972), Generaciones Rebeldes de J. A. Damián y Alejandro Centeno (2007), de nuestra investigación y participación directa
en el movimiento estudiantil, de los textos publicados por la revista Por
Qué, y de la antología Poemas y narraciones sobre el movimiento estudiantil de 1968, de Marco Antonio Campos y Alejandro Toledo Patiño (1996); esta es más literaria, y con ella, respetuosa pero claramente, estamos en desacuerdo en el sentido de que para nosotros el 68 SÍ fue un movimiento popular. La divergencia es mayor con las opiniones de Enrique Krauze sobre la literatura del 68, porque las consideramos no sólo falsas, sino dolosas, clasistas, carentes de fundamento y relevancia conceptual.

Evitamos también hacer una versión cronologista o historicista, limitada
en su esencia, por lo que nos avocamos a una antología analítica, política
y con la visión de unidad y vinculación con las luchas vigentes, alejándonos
de la comodidad de un oportunismo sin opinión.

Esta edición la dedicamos a los valientes luchadores por la democracia
en México, no a los líderes o caudillos; sino al pueblo, el verdadero héroe
del 68 y nuestra historia. Y también a los artistas visionarios que pasaron
lista de presente como hijos verdaderos de este pueblo.

En fin, hoy presentamos 68 poetas y 112 poemas, una canción y 40 imágenes de 8 artistas visuales en este “Libro Rojo del 68”. Los compiladores recordamos con profundo aprecio a nuestros mártires civiles, marchamos una vez más, agitando banderas de esperanza y de unidad, con un libro de poemas y memoria en nuestra mano y vinculándonos a la marcha actual por lograr un mejor futuro para todos.

¡Dos de octubre: no se olvida!
¡Lucha, lucha, lucha, no dejes de luchar, por un gobierno obrero,
campesino y popular!
¡Ni perdón ni olvido!
¡Dos de octubre: no se olvida!

Paloma de la Paz, por Melecio Galván

Paloma de la Paz, por Melecio Galván

Portada de la revista Nueva Generación, por José Hernández Delgadillo, 1972.

Portada de la revista Nueva Generación, por José Hernández Delgadillo, 1972.



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