Cdnflag La Redvista Electrónica de Cultura Latinoamericana en Canadá
Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 143 - El Libro Rojo del 68: A 40 años del genocidio de Tlatelolco
Publicación de octubre, 2008.
Página previa Página siguiente

EL 68 EN LA MEMORIA ESTUDIANTIL Y POPULAR

  Ensayo por Mario Ramírez Centeno   (version pdf)

Se conoce al 68 como el año cumbre de un período revolucionario mundial
donde las masas avanzan en su lucha logrando victorias en diversos
frentes. Cuando los sucesos del 68 dieron inicio en México, ya se había
dado la caída de Charles de Gaulle en Francia, en lo que se conoció como
el “Mayo Francés”, donde el papel de los estudiantes fue fundamental
para, con su entusiasmo, facilitar la participación de los vecinos del Barrio
Latino, primero, y después los obreros, quienes llevaron a una Huelga
Nacional a Francia que hizo temblar a todo el sistema, donde no faltaron
los enfrentamientos callejeros y las barricadas en distintos puntos de
París.

Como en toda lucha se dan bajas y el período revolucionario ya había recibido
con dolor el asesinato del Che Guevara – octubre de 1967 - y se
daba un proceso de represión a toda manifestación de libertad como el
también asesinato a Martín Luther King. En USA se daban las acciones
de los Black Phanters – Panteras Negras –, Black Power – Poder Negro -,
y los Brown Berets – Boinas Cafés –, militantes México-Chicanos. Ya
había sido asesinado Rubén Jaramillo, los ferrocarrileros y los maestros
tenían en la cárcel a dirigentes suyos como Demetrio Vallejo y Othón Salazar.
Llevaba nueve años la Guerra de Vietnam y el movimiento antibélico
hippie manejaba entre sus grandes lemas “Haz el amor, no la guerra”,
en contra de la guerra de Vietnam. Por lo tanto las masas aumentan su
capacidad de movilización y se gana confianza en la derrota de los estados
burgueses y a favor de la lucha contra la opresión. En China llevaba dos
años la publicación del “Libro Rojo” una síntesis de las principales ideas
de Mao Tse Tung que propugnaba por darle a los jóvenes y estudiantes el
papel de sujetos revolucionarios. Ya se había llevado a cabo la Revolución
Cultural China donde, de igual manera, se colocaba a los jóvenes, y a los
estudiantes en particular, como sujetos críticos de la transformación revolucionaria.

En México inicia como una forma de provocación a la marcha del Partido
Comunista, dándose una serie de protestas que con la justificación de las
Olimpiadas a organizarse en nuestro país, fueron reprimidas puntualmente
por el Estado mexicano, dándose el fenómeno de los Mártires del
68, donde jóvenes estudiantes, obreros, amas de casa, maestras embarazadas
y niños los asesinó el Estado mexicano en distintos momentos,
culminando en la fatídica fecha del 2 de octubre de 1968 en la Plaza de
las Tres Culturas de Tlatelolco, donde se estima que murieron más de
700 asistentes a la manifestación.

2 de octubre no se olvida

La masacre del 2 de octubre de 1968 y el asesinato del Che Guevara se
convirtieron durante años en los iconos inspiradores de la izquierda mexicana.
Sembró el movimiento estudiantil popular del 68 muchas conciencias
y nacieron a la lucha miles de activistas, dirigentes populares y
guerrilleros que después formarían parte de movimientos de lucha más
grandes que capitalizarían las distintas contradicciones y errores del sistema
y del Estado mexicano. Hubo muchos pensadores que vieron en el
68 un “estallido inservible” o un martirologio mesiánico, pero ninguno de
los dos tiene sentido si se ubica en el contexto de la historia de las luchas
del pueblo mexicano, pues inmerso en la acción de masas estaban miles
de activistas que se habían formado al calor de la lucha estudiantil del
primer CEU, del movimiento de médicos, del movimiento ferrocarrilero,
del movimiento magisterial, de la masacre y lucha de copreros de Guerrero
y en otras experiencias de lucha, autogestión y resistencia del pueblo
de México ante la opresión de un PRI ya caduco, de un Estado
retrasado y de un sistema anquilosado que no permitía ni siquiera la participación
política más que a una élite de corruptos dinosaurios y no le
daba a la población el acceso al bienestar y a las libertades sociales y humanas
que se gozaban en otras latitudes. En ese contexto la mirada mundial
colocaba como un país en ascenso a México, al cual las repúblicas
de otras latitudes le habían concedido ser la sede de las olimpiadas. Gesto
que llenó de orgullo y pánico a la élite de políticos de la época. Al ver la
caída de Charles de Gaulle, héroe de la Segunda Guerra Mundial en Francia
y en el contexto internacional de avance de las masas antibélicas, contestatarias,
contraculturales y revolucionarias, no les quedó más remedio
que responder en pánico con altos niveles de represión no vistos en otras
latitudes, de ahí que se explique aunque no se justifique, la masacre del
2 de octubre de 1968.

De esa manera se explica también el contubernio, la complicidad criminal
de todo el sistema social, desde el Estado a los medios de comunicación,
pasando todavía por la complicidad actual de acallar los gritos de los asesinados,
las heridas de los reprimidos y el llanto de los cercanos a las víctimas.
De querer acallar la memoria de un hecho salvaje que no debería
volver a suceder pero que sin embargo ahí se encuentra en la historia
como uno de los terribles errores de un partido de Estado, de una dictadura
de partido de Estado que demuestra así su incapacidad para incluir
a los desposeídos, a los disidentes, a los críticos y a los diferentes. Des-
nuda a un sistema con toda la carga de intolerancia que puede tener una
sociedad corrompida. Con el hecho más primitivo que pueda caber en un
país: la aniquilación del que disiente o es agente de cambio, la aniquilación
del contrario como política de Estado, que es el argumento principal,
para acusar a ese Estado, de prácticas persecutorias y fascistas.

Muchos nacimos a la lucha, a la conciencia social y a la política con el
grito de “2 de octubre no se olvida” y todavía continúa ese grito en nuestra
memoria, que no lo podemos acallar más que a punta de seguir participando
en las luchas de todo el mundo. Que no sean inservibles tantas
muertes, tanto sufrimiento y tanto llanto. El 2 de octubre y el Movimiento
Estudiantil y Popular del 68, junto con el asesinato del Che Guevara son
los íconos renovadores de una lucha que todavía continúa y se ha capitalizado
en la construcción, aún pendiente en todas sus implicaciones,
de la democracia para el país. La construcción de una nueva nación.

La guerrilla y las luchas de los 70´s

Ante la cerrazón del sistema y la represión del 2 de octubre, así como el
encarcelamiento de muchos miembros del movimiento del 68, muchos jóvenes
alimentaron la guerrilla urbana y rural y comenzaron a realizar acciones
guerrilleras a lo largo del país. Cabe destacar entre las experiencias
guerrilleras de los 70´s, a las de Lucio Cabañas y Genaro Vázquez, tanto
como la Liga Comunista 23 de Septiembre. De igual manera comenzaron
a llevarse a cabo distintas actividades en torno a reforzar la opción de la
vía electoral, al visualizarse salidas violentas y sangrientas de parte del
Estado mexicano, en su búsqueda por aniquilar la oposición de izquierda,
dentro de un contexto internacional de guerra fría entre el bloque capitalista
y el bloque socialista, donde se repite la masacre del 2 de octubre en
la fecha del 10 de junio de 1971 y una serie de acciones criminales más
en lo que se conoce como la “guerra sucia”.

Las distintas opciones de izquierda fueron construyendo alternativas de
lucha para distintos sectores nacionales a lo largo de los setentas y, bien
entrados los ochentas, las experiencias de las vías revolucionarias, de acciones
de masas y electorales fueron abriéndose camino de forma paralela.
El EZLN reporta su nacimiento a mediados de los ochentas y para
entonces ya aparecen en la escena política distintos esfuerzos electorales
y el Partido Comunista – PCM - logra recuperar su registro a finales de
los setentas, dentro de una supuesta “apertura democrática” que jamás
nos dio acceso al triunfo y, arrojaba migajas de registros a diestra y balas
a siniestra, según le convenía a la dictadura de partido de Estado priísta.

El segundo CEU aparece en escena repitiendo las movilizaciones masivas
de damnificados del terremoto del 85. En el 85 fuimos testigos de cómo
distintos luchadores sociales que fueron parte del movimiento estudiantil
y popular del 68, dieron su solidaridad, apoyo y dirección durante los
aciagos momentos del terremoto del 85, participando en la creación de
una serie de organizaciones de damnificados, rescatando víctimas y sumándose
de lleno a la lucha vecinal por vivienda digna. Artistas como
José de Molina, José Tlatelpas, Benito Balam, José Hernández Delgadillo
y Los Nakos, artistas del 68, realizaron actividades de solidaridad con los
damnificados, donando su trabajo para actividades como el magno evento
del Auditorio Nacional el 20 de noviembre de 1985.

Un año después los estudiantes recuperamos, no sin cierto temor, la confianza
a 18 años del 68, pero utilizando la experiencia analizada del 68,
optamos por no confrontar directamente al Estado y el pliego petitorio es
únicamente de la UNAM, solicitando solamente un aumento en el presupuesto
de la institución educativa después de una huelga estudiantil del
CEU de 15 días, a lo que se forma una resistencia de varias escuelas que
logramos alargarla hasta 20 días, naciendo una nueva generación de luchadores
sociales que alimentarán a las nuevas luchas populares y la vía
electoral de las izquierdas mexicanas. De ahí que digamos, contra los que
dicen que el 68 es una herencia sin herederos, que la lucha continúa. Esfuerzos
electorales como el de la COCEI logran arrancarle el municipio
de Juchitán, en Oaxaca, al hegemónico PRI. De ahí en adelante, la combinación
de esfuerzo electoral y lucha social con presiones de masas logra
irle arrancando espacios electorales al Estado monolítico priísta, hasta
culminar con la derrota del PRI del gobierno federal en 1988. La lucha
del pueblo continúa a pesar de los “sesudos intelectuales orgánicos del
sistema” que afirman que todo eso “ya terminó”.

1988, 20 años después: triunfo de los Mártires del 68

La experiencia de la lucha electoral logra el triunfo del Frente Democrático
Nacional con la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas y muchos miembros
del movimiento del 68 se suman a la confluencia de las izquierdas
alrededor del disidente del PRI hijo del expropiador del petróleo nacional,
Lázaro Cárdenas. El triunfo de los Mártires del 68 es haber logrado desenmascarar
a un sistema mexicano como excluyente, perseguidor y represivo
y que el pueblo votara en masa en contra del PRI, en contra de
decenas de años de exclusión, represión, corporativismo. Se da también
la movilización gigantesca de la conmemoración del 68 con una marcha
que confluye en la Plaza de las Tres Culturas a los 20 años, en la que, ya
para cuando se recibe a la marcha, la plaza ya se encontraba llena con
manifestantes que rememoraban el 68 y recordaban el 2 de octubre reconociendo
con su presencia la importancia del 68 y el referente histórico
del 2 de octubre en la simbología de agravios contra el pueblo y la deuda
pendiente del Estado priísta hegemónico y opresor. Al grupo Maíz Rebelde
nos tocó organizar el acto político-cultural de los 20 años para conmemorar
el 68 y el 2 de octubre, con muchos artistas solidarios entre los
que se encontraban José Hernández Delgadillo, Leopoldo Ayala, Carmen
de la Fuente, Mercedes Sosa, José Tlatelpas, Benito Balam, Leopoldo
Ayala, José de Molina, Horacio Espinosa Altamirano, Los Nakos, Pedro
Valdez, Cristina Gómez, Comité Mexicano de la Nueva Canción, y otros.

El Movimiento electoral del 88 del Frente Democrático Nacional logra la
integración de la izquierda mexicana del PMS y otros referentes para con
ello establecer la posibilidad más abierta hacia la vía electoral, de tal
suerte que con ello se sientan las bases para dar una lucha electoral más
efectiva. Pero el “sistema se cae” y se impone en nuestro país la duda de
un fraude electoral frente a la posibilidad de que la izquierda logre la conquista
del Estado. De esa manera nuevamente se cierra el sistema y excluye
de la participación democrática que presume, a la izquierda
mexicana.

En el transcurso de los siguientes años se van creando opciones de la vía
electoral de la izquierda mexicana para acceder al poder, entre ellas el
Partido del Trabajo – PT – a donde se van sumando desde agrupaciones
maoístas hasta políticos de izquierda mexicanos, algunos participantes
del movimiento estudiantil y popular del 68, así como participantes y dirigentes
del movimiento estudiantil posterior al 68. A mediados de los noventas
irrumpe en escena el Ejército Zapatista de Liberación Nacional
–EZLN–-, con nuevas formas de lucha que van de lo militar a lo político
formado principalmente por las etnias mayas tojolobal, tzotzil, tzeltal y
otras, del sur de país que generan una red internacional de apoyo que la
sustenta, y renueva el discurso y la práctica de la izquierda mexicana,
que se recupera con eso de la caída del socialismo en Europa oriental y
genera esperanzas en torno a la vía armada como forma de acceso al
poder o al menos como una forma efectiva de presión. Aparecen otras
agrupaciones guerrilleras como el EPR y el ERPI, que de forma conjunta
ejercen una presión militar popular sobre el sistema, lo que a la larga es
capitalizado por los partidos que luchan por la vía electoral, quienes comienzan
a ser reconocidos en sus victorias.

1998, 30 años después: se obliga al sistema a abrirse

Con el triunfo de la vía electoral de la izquierda para el acceso al poder
en distintas partes del país y principalmente en la capital, y la presión
sobre el sistema, por todas las vías, va construyéndose el poder de la izquierda
mexicana que mantiene presencia importante en la Cámara de
Diputados, en primer instancia y logra un acceso al poder ejecutivo de
varias localidades del país. Mediante la combinación de las distintas vías
de lucha se conquistan espacios que deben ser reconocidos por el poder
del priísmo en nuestro país. El sistema se abre ante las evidencias de nacionales
e internacionales de ser un Estado represor, corporativizado y
corrupto que tiene que ceder ante una izquierda que lo cuestiona hasta
en sus mismos cimientos.

Si la ruptura de Cuauhtémoc Cárdenas, significa la primera grieta y síntoma
inequívoco de descomposición del partido en el poder, la guerrilla
significa también el estallamiento de luchas populares que buscan una
solución ante la pobreza galopante de un pueblo con muchas afrentas
por parte del Estado mexicano y el sistema social. De igual manera los
cientos de militantes del 68 que confluyen con Cárdenas, aportan para
la construcción de movimientos sociales que logran la renovación de la
izquierda mexicana. Con nuevos aires la izquierda mexicana logra conquistar
distintos espacios políticos del poder estatal y gubernamental lo
que hace aspirar con mayores bríos a una mayor apertura. Pero la derecha
se activa y comienza también a conquistar espacios a lo largo del país
a partir de “concertacesiones” donde, a cambio de apoyos al PRI, le es
concedido desde diputaciones hasta senadurías y presidencias municipales,
así como gubernaturas en un avance desmedido y oportunista. En
el 2000 se da la experiencia de que ante el desprestigio galopante del PRI
la población opta por votar por una derecha provincial y ambiciosa, pues
la herencia del priísmo represor dentro de la izquierda mexicana no supo
construir una opción civilizada de gobierno.

El CGH y la caída del PRI del gobierno federal

Un año antes de las elecciones del 2000, el movimiento estudiantil presenta
una serie de acciones y la huelga estudiantil más larga de la historia,
la tentación de la salida represiva no se hace esperar y se crea la PFP,
una policía creada exprofeso para facilitar la represión a movimientos sociales
como el Consejo General de Huelga – CGH -, formado por la misma
alianza de colectivos estudiantiles que conmemoramos los 30 años del 2
de octubre de 1968, en octubre de 1998.

El CGH nace de estos colectivos y se amplía en la construcción de la
Asamblea Estudiantil Universitaria que se constituye en CGH, convirtiéndose
en problema a resolver por el sistema al cual no se le ocurre otra
forma que la represión y el desalojo de los estudiantes inconformes de la
UNAM, tomada por la PFP por encima de su autonomía. Sorprendentemente,
el nuevo cardenismo no comprende el manejo simbólico del proceso,
que recuerda en las calles el Movimiento Estudiantil y Popular del
68, así como el 2 de octubre que se encontraba ya grabado con dolor en
el corazón del pueblo, y se suma a la represión y la descalificación priísta
y sistemática, lo que lo arrastra en su desprestigio y lo presenta como un
dinosaurio más que no deslindó completamente con el priísmo retrasado.
El pueblo busca opciones ante el anquilosamiento evidente del Estado
priísta opresor y sus corifeos incrustados en una parte de la izquierda
penetrada por el antiguo priísmo, lo que desde luego es aprovechado por
la derecha, que se presenta a las elecciones de ese año como un partido
moderno, cuando llevaba como candidato a lo más retrasado de la historia
con una derecha confesional, atávica y provincial como lo fue Vicente
Fox, pero que tuvo la delicadeza de no agredir al Movimiento Estudiantil
Mexicano y eso lo presentó como un político civilizado y noble, imagen
que supo aprovechar, inclusive robando símbolos de la izquierda mexicana
como la “V” de la victoria del 68.

Las banderas actuales de la izquierda son las de la defensa de la soberanía
energética, alimentaria y social, en una pugna constante contra la ultraderecha
y la derecha en el poder federal que no se tienta el corazón
para asesinar y reprimir a la población con el fin de justificar su guerra
contra el narcotráfico que busca, en realidad, la criminalización de la
lucha social, para lo cual inventa crímenes y, con el contubernio de los
otros poderes del Estado, castiga con desapariciones, encarcelamiento injustificado,
penas inhumanas, violaciones y tortura al disidente, agente
de cambio o progresista que protesta. Sin embargo existen otros procesos
con mucho futuro como son el desarrollo del poder popular y la realización
de una nueva Constitución, luchas todas inscritas en las teorías del
contrapoder como la Presidencia Legítima y otros proyectos más. Otra
vertiente más es la relacionada con la lucha ideológica, cultural y económica
en la vía de ir construyendo, por la vía de los hechos, al socialismo
en México.

Como vemos, la lucha continúa y el 68 no busca herederos porque sus
manifestaciones fueron las de un pueblo que se expresa a través de sus
jóvenes y sus estudiantes en una alianza popular que busca vías distintas
ante la opresión, la explotación de clase, la represión del Estado y para el
avance de la historia. A quiénes no participan en las luchas, jamás verán
las conexiones entre una lucha y otra, pero la continuidad la da no solamente
el simbolismo del 68 y el ajuste de cuentas ante la deuda histórica
de la masacre del 2 de octubre, sino la participación constante de la generación
del 68 en las distintas luchas sociales y la renovación constante
de cuadros de una izquierda que no ha cancelado aún la lucha ni ha dado
por olvidadas las afrentas de los tiranos.

Marcha del 2 de octubre del 2003, con Irma Prieto, Leopoldo Ayala y otros luchadores sociales

Marcha del 2 de octubre del 2003, con Irma Prieto, Leopoldo Ayala y otros luchadores sociales

Perros Hombre, por Ocaranza

Perros Hombre, por Ocaranza



Share

Página previa Página siguiente

Otras publicaciones dentro de este número.

Loading...