Cdnflag La Redvista Electrónica de Cultura Latinoamericana en Canadá
Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 143 - El Libro Rojo del 68: A 40 años del genocidio de Tlatelolco
Publicación de octubre, 2008.
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Antología Poetas de los Pueblos Originarios Sobre el 68 Mexicano

  Poesía por Varios   (version pdf)

DESCRIPCIÓN ÉPICA DE LA CIUDAD SITIADA

“Anónimo de Tlatelolco”, (1528)
(Sección referente a la Conquista)
Versión de Ángel María Garibay

Y todo esto pasó con nosotros.
Nosotros lo vimos, nosotros lo admiramos;
con esta lamentosa y triste suerte nos vimos angustiados.
En los caminos yacen dardos rotos,
Los cabellos están esparcidos.
Destechadas están las casas,
enrojecidos tienen sus muros.
Gusanos pululan por calles y plazas,
y en las paredes están los sesos.
Rojas están las aguas, están como teñidas,
y cuando las bebimos, es como si bebiéramos agua de salitre.
Golpeábamos, en tanto, los muros de adobe,
y era nuestra herencia una red de agujeros.
Con los escudos fue su resguardo, pero
ni con escudos puede ser sostenida su soledad.

TLATELOLCO
Por Adolfo Anguiano Valadez

Caracol de guerra
antorcha que incendia
Son las cinco y media en “La Plaza
de las Tres Culturas...”
El caimán avanza hacia el río
oliendo sangre, agazapado.
Entró el odio, penetró el espanto,
de pánico se estremecieron
los instantes, temblaron los relojes
congelándose las almas;
la metralla en víbora de plomo
paralizó las gargantas...
El tumulto no escuchó
las seis en paz de la tarde...
Porque no sonaron las seis de la tarde
sólo pólvora y ojos asesinos...
sólo pánico atorando las gargantas,
ansiedad y muerte desgarrando
niños, mujeres, estudiantes,
en “La Plaza de las Tres Culturas”.
La técnica y estrategia,
la maldad que habita en la bestia,
la piel tinta de sangre
enarboló la chacalesca, restregándose
en el pasto de sus víctimas,
trescientas voces se callaron
para siempre, trescientas...
¡Ahí, en Tlatelolco!
Fuente de ignominia, está brotando
roja semilla de una aurora,
la espada de una causa. ¡Ahí está brotando!

En los tanques se escudó la muerte,
brilló el filo de los dientes
del invierno prematuro de rabia
centelleando, ojos asesinos...
En el potro de la noche cabalgó
la furia y el espanto entre torres
de miedo que se irguieron con nombres
de próceres y héroes y fantasmas
de terror envueltos en las sábanas
de cientos de anónimas mortajas...
Rondó la muerte con su música
hasta el canto del gallo estrangulado,
se coaguló la sangre entre despojos
y quedó el panteón de gigantes malheridos,
un pueblo marcado con saña de asesinos
que tatuaron en la frente la señal
ardiente de una muerta democracia…
porque hoy estrenó Tlatelolco
¡El estigma que orna el pecho de la patria!

LAS CALLES
(Fragmento)
Por Benito Balam

¿Cómo andar por las calles de México
si todavía no han dejado de gotear los adoquines
y no ha cesado el quejido del aire que cubre
la Plaza de las Tres Culturas?
¿Si yacen todavía allí los mexicanos
como resbalándose entre piedras,
los mexicanos más patriotas,
como una fila de atropellados
o un reguero de dedos mutilados,
como si la tierra hubiese desencajado sus costillas
y puéstolas sobre la superficie de México?
¿Dónde abrevar el corazón? ¿En qué vasija oculta?
Ellos anduvieron por donde antes murieron otros hombres,
acaso como un breve y dulce engaño;
ellos abrieron de nuevo los cauces de la sangre
y comenzaron a labrar un nuevo rostro,
ventisca gutural,
anatomía sideral de la garganta,
guitarra dislocada,
golpes, traumatismo morado
que expresa el corazón cuando se llora
o crisis que lleva el fuego
y los fragmentos del cuerpo deshechos en la plaza.
¡Oh, la inmortalidad de la plaza!,
crustáceo de sangre que sedimenta la huella
de un rojo pavimento,
huella de la locura que vierte el ojo
y la mirada en acecho,
irremediable inundación de una muerte
que no puede creerse.
Sombra de las tres culturas,
gestos fulminantes que acaso látigos castigan:

¡Justicia a la muerte de puños derrotados!
¡Justicia a la indignación y a la batalla
de públicos cráneos derribados!
Llevo la serenidad conmigo
y el celo del fusil bajo mis vientres,
un canal de diálogo de ira
y el humo de fuegos encendidos,
puños en metales,
rojos ríos como banderas extendidas
o dedos exclamando.
… Nuestra nocturna flor deshabitada
abriéndose por noche en una lucha
y el alarido
y la boca arriba
y los ojos en el horizonte
señalando el cielo
como última tumba de un fuego de artillería,
ondeando la bandera como una noche,
como una terrible usurpación a un pueblo.
Para los días de la inclemencia
que un día atardecieron de víctimas,
para esos días de impacto y ruido
persiguiendo el arrojo de relámpagos y pájaros
con lujo de bengalas y buitres
no sobra esta señal,
no sobra el puño.

TLATELULCO: TLAXOXOUHCAYUXINACHTLE
Tlatelolco: semilla libertaria

Por Baruc Martínez

A mis hermanos campesinos de Tláhuac, que también están padeciendo
las veleidosas decisiones del mal gobierno, al quererles expropiar
la tierra que han defendido por siglos.

Ce tlatzahtzilli, ome tlatzahtzilli, centzontlatzahtzilli:
ye quimahmahua in ahquehuan mocentlaliah,
yehuan in altepehuahqueh quitzahtzihticateh tlacaxoxouhcayutl,
yehuan in miltequitqueh ca ye ompohualmahtlacxiuhticah
oyauyuchihqueh,
yehuan in popocaltequitqueh in itech pohuih Casa del Obrero Mundial,
yehuan in momachtihqueh quiamapohuah Manifiesto del Partido Comunista,
Dios y el Estado, La conquista del pan, El Capital, La náusea,
El rebelde, La guerra de guerrillas…

Un grito, dos gritos, miles de gritos:
es la multitud que se contagia,
es el pueblo que grita libertad,
son los campesinos que hacía medio siglo habían hecho una Revolución,
son los trabajadores anarquistas de la Casa del Obrero Mundial,
son los estudiantes que leen el Manifiesto del Partido Comunista, Dios y
el Estado, La Conquista del Pan, El Capital, La Náusea, El Muro, La Guerra
de Guerrillas…

Mochtlacatl onmocuepa caltzalampa,
ahmo cualle tlahtocayutl in quicuihcuiliah,
quiahaxcatihticateh, quinemilizmaquiliah,
telpochcayuticah quitlacualtiah,
tlacaxoxouhcayuticah quiihiyocuiltiah,
in momachtihqueh tequitihticateh
hueliz in ciauhcayotequitl:
mah ihza itlalnamiquiliz in coch-huetzaltepetl.

La gente invade las calles,
se las expropia al mal gobierno,
las hace suyas, las vivifica,
las nutre con juventud,
les inyecta el soplo libertario de la rebeldía,
estudiantes trabajando,
tal vez en el quehacer más pesado:
despertar las conciencias de un pueblo aletargado.

¿Cux quiyacana intechializ in cualli nemiliztli?
¡Ahmo! Ahhuel tlanemilia in tlein ahmo panocah.
Quinyolpachihuia ce tecocolizyalhuacayutl,
quinyolpachihuiah ce texupechtilizyalhuacayutl,
quinyolpachihuiah ce teyezzoyauyuyalhuacayutl,
ce yalhuacayutl quinyolchicahuah huan ahmo quincahua
motzinquetazqueh…

¿Los alienta la esperanza de un mejor futuro?
¡No! Imposible basarse en algo que todavía no ha sido.
Se alimentan de un pasado doloroso,
de un pasado de opresión colonial,
de un pasado sangriento por la lucha armada,
de un pasado que los fortifica y no les permite dar un paso atrás...

In tlatzahtzilli onmocuepa tlacoxyutl,
in tlacoxyutl onmocupea temahmauhtiliztle,
auh imbalas in xolopihatzitzitin quimmahnextia in ahquehuan
quichicoihtah in ahmo cualle tlahtocayutl.
In tecac quimoyauhtoc, in tetlaquen quitzahtzayantoc, in tetonacayuh
quicohcototztoc,
tetahhuan inchoquiliz, toaltepeh icocoliz…

Los gritos se tornan en angustia,
la angustia en miedo,
y las balas de los miserables esbirros señalan a los que osaron desafiar
al mal gobierno.
Los zapatos esparcidos, los ropajes desgarrados, los cuerpos mutilados,
el llanto de los padres, el dolor de la patria…

Tlatelulco: texoxouhcayualtepetl iaxcatzin in tocultzin Cuauhtemoctzin,
zatepan centzonyexpohualchiconxiuhticah occehpa ontemi yezticah,
miquizticah.
Mahtlacyeyi tunalle agosto metztle ahmo molcauhtoc, ome tunalle octubre
metztle aic molcahuaz.

Tlatelolco: bastión libertario de nuestro abuelo Cuauhtémoc,
467 años después te tornas de sangre y luto.
13 Agosto nunca se ha olvidado, 2 de Octubre jamás se olvidará.

Yeceh inyezzo cah oquimana inon ahcualtunalle
quicuitlatiz in yolchicahcayucuemitl,
huan huel ihcuac onahciqui tlaxoxouhcayupixquizpa.
Auh axan itlac Práxedis G. Guerrero tiquinilhuiah in ahquehuan
omicqueh:
“Ocachi cuahcualle toquetzah tonmiquizqueh cah totlancuaquetzah
tonnemizqueh”.

Pero la sangre derramada aquel funesto día
ha de fertilizar los surcos de la rebeldía,
y, entonces, llegará el momento de pixcar la libertad deseada.
Mientras tanto a los caídos en esa lucha,
junto con Práxedis G. Guerrero,
les decimos: “Más vale morir de pie que vivir de rodillas”.

Huexocalco, Ticic tlaxilacalco, Tlahuac altepec.
Desde la casa de los huejotes, en el barrio de Ticic, en el pueblo de
Tláhuac, 5 de septiembre del 2008.

OCTUBRE
Por Macario Matus

Publicado en la revista Neza Cubi, No, 14
Yo pertenezco al pasado,
como tres mil años atrás.
Esta sangre que rueda en mí
la siento vieja, cansada…
Hoy
está más abajo que arriba,
petrificada en el olvido.
Los muertos llaman a rebato,
llaman a la lucha por la plaza
con bayoneta en mano y pólvora en la frente.
Pero, ¿qué puede hacer esta sangre
sin coraje ni color?
¿Qué puede hacer si tan sólo quiere
humedecer la laja del tiempo?
¿Qué si quiere sólo empañar el espejo
de la aurora?
Prefiere callar como si nada ocurriese
debajo de la epidermis,
como si el corazón fuera una roldana
jalada por los días.
Calla porque las alas de la poesía
están trabadas entre los barrotes
y porque adentro está arrumbada la novela,
y porque los números se caen de carcoma,
y porque Dios ayuda a que se vayan al Diablo.
Digo que tengo tres mil años
porque conozco la fuerza vital de muchas cosas;
la fuerza del gobierno que silencia bocas,
manifiestos, circulares, volantes,
de sus escombros
y ata la voz en la garganta
la fuerza de herrumbre del fusil
que se renueva día a día en el desuso,
la fuerza de la cobardía callada
hasta la ignominia por la ausencia del sexo.
Conozco la fuerza del plomo
cuando incursiona como paloma
en el pecho de octubre.
¿Ay, octubre, que volaste sin una gota de mi sangre?
Y también porque conozco,
la fuerza de la poesía,
cuando festona los cafés de L.S.D.
o cuando viste de prostituta
en busca de hombre.
La llaga sangra sin color
la bayoneta chirría el eco sin voz,
lo del Zócalo quedó atrás,
y la zapatilla de la joven de 18 años
– única arma contra el tanque de guerra –
ha quedado colgada sobre un cordón de la historia.

2 octubre 1970

TLATELOLCO, 15 AÑOS DESPUÉS
Por José Tlatelpas

Duro, duro, duro: escribe duro las palabras.
Han golpeado a la Normal, al Metro,
a los camioneros de la Ruta 100.
Golpearon duro, también, las antiguas pirámides
de los abuelos
para extenderlas sobre el piso y el olvido.
Edificaron una iglesia mentada “Santiago” - Tlaltilulco.
También la golpearon encerrando en ella
puercos sanguinarios
que el dos de octubre, de
mil, novecientos, sesenta, y ocho,
pintaron el Códice del Decenio,
glifos sanguinarios, que no se irán borrando
con el tiempo.
Por eso ahora el poeta escribe poemas
con dedos de piedra,
con palabras duras y ligeras, tezontle rojo, inacabable.
Tlatelolco, cuatrocientos años después.
Santiago Tlatelolco, quince años después.
La sangre del pueblo, de los seiscientos muertos,
los armados con amor y valentía,
los que no fueron borrados con calientes balas
de gris y duro, se ha secado.
Tlamatines, historiadores de México, cuicanis:
¿... están presentes?
El aire aún agita el polvo de la sangre,
pinta en las paredes de los teocaltin,
los edificios de Tlatelolco,
los murales que faltaron a Orozco,
a Diego y a Siqueiros.
Los murales nuevos, los nuevos libros de pintura
están delineados con anilinas sangrientas.
Y también con la tintura
de gusanos comedores de corazones.
Quince años después
nos hemos reunido
todos aquí.

Los mismos edificios, acribillados,
están presentes.
Las madres, los hijos, los trabajadores,
están presentes.
El polvo de la sangre y el rastro de los gusanos,
los que comen y roen la alegría del hombre,
están presentes.
Y los poemas y murales que avanzan con pies de acero
aquí presentes, desafiando las bengalas.
Los cronómetros atómicos han detenido su palpitar.
Pacientes aguardan la distribución de las palabras,
la lucha de hoy, el testimonio de siempre.
Está el pueblo de México, se dice fácil:
periodistas del mismo pueblo: ¿Dónde están...?
Últimamente han golpeado duro a la Normal,
la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación,
los campesinos de la Huasteca...
Los pequeños y grandes piojos chupadores de la sangre
obrera y campesina, los abominables piojos,
siguen mordiendo todavía
no han sido exterminados
por el DDT de las iras populares.
Los millones de oídos
están pendientes.
Los ojos esperan,
se abren, se entrecierran.
Las manos se agitan; pero también construyen.
¡Vamos!
Vamos a engarzar el dolor con la esperanza,
la disciplina y el esfuerzo:
coloquemos el collar: ¡jades rojos!,
en el cuello poderoso de nuestro pueblo.
Aún venimos con el itacate del pasado
y la pesada carga en nuestros hombros.
Pero traemos también el morral de tus palabras:
¡“Hay que tirar la carga o morir”!
¡“No aceptamos un futuro de tinieblas”!

"Torso y Represión", del maestro Alfredo Meneses

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De la Serie Perros-Hombre por Ocaranza

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