Cdnflag La Redvista Electrónica de Cultura Latinoamericana en Canadá
Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 32 - Especial sobre creadores del Pacífico
Publicación de junio, 1999.
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Poemas de Takaaki Yoshimoto

  Poesía por Takaaki Yoshimoto   (version pdf)

ENTENDIMIENTO TACITO

Takaaki Yoshimoto

Tu pequeña derrota se transforma
en la pequeña alma corrompida
del mendigo, tragando la pobreza
o el engaño de las mujeres,
en la orilla del canal para la basura.

Es todo. Sólo eso.
Sin embargo te dañarás.
Eso te oscurece a ti y a tu mañana.

Eso puede ser tu raíz de rebeldía.
Eso siembra las semillas de la desesperación
en todos lados.
En el corazón tan peligroso del hombre.

Y la miseria que sientes del hombre, es verdadera.
Son verdaderos la duda y el dolor que guardas
por la incertidumbre sobre la raíz de la justicia y la rebeldía.

En este Teatro Grande del mundo
la riqueza y la estabilidad conforman la justicia.
Una pequeña humillación se convierte en rebeldía.
Cada prestidigitación existe justamente.
Pero los prestidigitadores no se dañan por sus propios
mecanismos.

Tú, no dejes de pensar:
En que la belleza de casi todas las justicias tiene mucho tiempo
alejada del criterio público;
en que la felicidad tendrá intención de alejarse de ti
y de mí cuando tú y yo nos alejemos de ella;
en que el absoluto, o Dios, son sólo una
prestigiditación para tratar de cambiar al instante
por la eternidad, y su mecanismo lo sostienen
la tristeza, la desesperación y la codicia de los prestidigitadores.
Ah, por eso.

Yo, también, soy uno de los inhábiles prestidigitadores,
y un compañero de los actores de pantomima, cobardes
sobre los mecanismos de sus propias prestidigitaciones.
Los enigmas, inquietos, siempre observan en el precipicio
de la vida.
La forma fea del entendimiento tácito del hombre
está detrás de todos los paisajes.

En la mañana, cuando tropiezas por tu pequeña derrota
y yo me enfermo de complejos,
es la Estación Nuestra de la Humillación.

Tú, que piensas que no hay razón cierta en ningún lado y
yo, que creo que no hay ninguna angustia que valga la pena en ningún lado.
De cualquier modo, tenemos que empezar a andar,
reuniendo las rebeldías de cada uno, afuera,
del hambre oscura.

Cuando echas tu pequeño fracaso en el campo de las mujeres;
las mujeres de no sé donde,
florecen los amargones y las violetas torcidas
como si fuera por tu derrota.

Tú, debes cuidar esa primavera de los años cincuenta.
Yo, voy a excavar todos los entendimientos tácitos.
Voy a andar despejando el ambiente que cubre la
Tierra como neblina.
Ah, y casi seguramente
veré algo donde tú guardas las flores de la humillación.

Nota: Toamdo de "La estación en que tengamos los ojos", publicado por Las Ediciones Artesanales del Coyote Esquivo, México, 1981.



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