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Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 33 - La Historia de Adu y La Guajolota Oralia
Publicación de julio, 1999.
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3-Conejo y la guajolota oralia

  Cuento por José Tlatelpas   (version pdf)

Allá donde las rocas, en una colonia del Axusco, 3-Conejo presumía ante la Guajolota Oralia: "Pues aunque tengas tantas plumas puedo llegar, de la parada del camión hasta los tambos del agua (1), antes de que llegues tú".

"Mira, mira", le respondía la Guajolota Oralia. "Aunque te creas muy muy, bien que te puedo ganar. Hasta cargando mi bolsa del mandado... Te podría apostar hasta una docena de tamales, nadamás para quitarte lo hablador". Respondió 3-Conejo: "Juega el pollo, guajolota, te apuesto la docena de tamales".

"Bueno, pues", contestó ella y pusieron como fecha el sábado, a las doce.

Ese día 3-Conejo estaba entretenido viendo las luchas por la Tele y come que come elotes tiernos y jugosos. De repente, cuando el Angel Azteca planchaba al Villano III, recordó la importante cita que tenía con doña Guajolota.

Rápidamente saltó de su cama y, saliendo de su cueva, se dirigió a la parada del camión. En el camino iba riéndose y mastica que mastica.

Pensaba: "Esa pobre vieja pachiche (2) no me dura ni para el arranque. Nadamás le voy a dar una lección, le voy a ganar la carrera en menos de lo que ella diga: "cau cau" (3). Se reía y enderezaba sus bigotes. Muy fufurufo (4), se limpiaba las orejas.

Cuando llegó ya estaba lista la Guajolota Oralia, también le esperaban los vecinos. Entre ellos el albañil de la esquina, 7-Pedernal; y las flaquitas de la tienda, las hijas de doña 13-Flor y don 6-Caimán. Cada quien apostaba a su favorito. Algunos nomás gritaban: "Pues aunque pierda: ¡yo le apuesto a doña Oralia!". Otros aseguraban muy confiados: "Ya desde ahorita se echa de ver que gana 3-Conejo. ¡Apuesto mi vale de tortibonos y mi cupón de leche CONASUPO!". Una señora nerviosa y flaca, a quien le llaman 4-Lagartija, le pelaba unos ojotes al conejo y comentaba con la gente: "A ver si con esto se le quita lo hablador". Algunos niños del barrio nomás jugaban con piedritas. Otros querían saber de la carrera y se oían sus gritos: "¡Que corran la viejita y el conejo! ¡Que corran, a ver quién gana!".

Llegaron los dos, pues, frente a frente y se hicieron de palabras (5). De repente llegó tío Felipe, un guajolote grandote y prieto que era respetado por la mayor parte de la gente. Habló: "Ya estuvo bien de palabras, ya se dijo bien lo que habría de ser. Ya, que se haga la carrera, que se haga bien la carrera y que gane el mejor". Dicho esto tronó sus alas y cantó como canta el guajolote.

Presumido, se paseó raspando el suelo con sus plumas, sacando mucho el pecho. La gente quería ver ya los resultados. Los niños insistían: "Sí, sí, queremos ver si el conejo es tan rápido y si gana los tamales".

Acto seguido, el tío Felipe comenzó a preparar la competencia. Pintaron con tiza (6) una raya grande, muy blanca y, en el lado opuesto, clavaron palos viejos como para señalar la meta. Y ya los dos en su lugar, se empezaron a echar habladas (7). Doña Oralia comenzó a rascar el suelo con las patas y aventó a un lado su rebozo. Hablaba en voz baja; murmuraba cosas que nadie le entendía y se veía bien ganosa (8) y peleonera. De seguro pensó que sí ganaba. La Liebre Perseguida, guapa y con vestido de colores muy chillantes, acompañaba a 3-Conejo. Ni a nueve metros podía aguantarse su perfume. Sus labios estaban pintados con color rojo que parecían brillar como un foquito. Ella daba consejos a su amigo 3-Conejo. Estaba algo nerviosa, a ratos se peinaba, a ratos lo abrazaba.

Ajustados los detalles comenzó la cuenta de tres. El hijo del tío Felipe fue quien se encargó de eso: "Uno, dos y... ji, ji!..". "Orale, chamaco baboso", le regañó la gente grande. "O cuentas bien o que cuente tu hermanita". Bueno, el chiste es que acabó contando bien: "Uno, dos y treeeees!".

"¡Orale Oralia, nomás tres cuadras!", "¡Échele mi 3-Conejo! ¿No que muy salsa en la saltada?".

Como un rayo ocurrió lo que tenía que suceder, 3-Conejo dejó atrás a la Guajolota Oralia en menos de lo que se acaba una zanahoria. En un instante, entre brinco y brinco, llegó a la segunda de las tres cuadras. La vieja Oralia detrás, caminando trabajosamente y moviendo la cola con rapidez, trataba de correr. Bien se veía como adelantaba la cabeza y como la echaba atrás con pasito de uno y dos. Pero era inútil. Sin embargo, no se acobardaba, murmurando cosas que nadie comprendía se arremangaba (9) las enaguas (10) y le apuraba al paso, los ojos abiertos y brillantes. Pero 3-Conejo ya estaba a media cuadra de los tambos de agua. Ya se saboreaba los tamales de molito verde, ya casi se chupaba los bigotes. Sonreía y bailaba la colita.

La Guajolota Oralia se detuvo y secreteaba: "No le aunque, canijo orejón, orita mismo que te alcanzo". Pero al conejo le faltaban ya menos de cinco metros. En esto 3-Conejo se detiene.

Volteó a ver algo abajo. ¿Era su camisa blanca? No, no era su camisa, es que le dolía la panza.

Por andar de tragón y olvidadizo comió demasiados elotes mientras veía las luchas y le cayó mal tener la panza llena. Bien fuerte que le dolía la barriga. Lloraba: "Ay, ayayai, me duele mi pancita".

La Guajolota Oralia seguramente pensó que ya casi lo alcanzaba; más delante que metía su cabeza, más rápido que apuraba la pata hacia delante. Cuando llegó donde estaba el conejo, este ya se estaba doblando por retortijones (11). "Ay", gritaba el conejo, "qué fuerte me duele mi pancita". Doña Oralia lo rebasó y extendió sus alas para dar el último paso. En esto, 3-Conejo, sacando fuerzas de su orgullo, dio un salto grandotote y alcanzó la meta.

Después de largas discusiones entre tío Felipe, y 6-Tlacuache, el profesor de la Primaria, se llegó al acuerdo de que no ganó ninguno y anunciaron un empate. La gente dijo que era justo y se repartieron los tamales.

¡Seis tamales para el conejo presumido y seis tamales para la vieja Guajolota Oralia!. Entonces 3-Conejo se quejó muy tristemente: "Yo no me puedo comer mis tamalitos, ay, me duele mi panza, ay, por comer tantos elotes". La vieja Oralia estaba sentada en la banqueta, dizque se le bajó la presión, dizque que se le derramó la bilis; estaba transparente, nomás ponía unas caras... un escuincle observó: "Ya se puso verde la viejita". Doña Oralia nomás chillaba: "Ay mis tamalitos, con la bilis derramada no me los podré comer".

Entonces 6-Tlacuache y el tío Felipe decidieron sabiamente repartir los tamales entre todos los mirones. Los primeros en formarse fueron los chamacos. "Yo quiero", "yo", "un cachito para mí", gritaban fuerte y se empujaban.

Sentados en el suelo comían todos muy felices. Doña Oralia y 3-Conejo solamente los miraban con tristeza, no podían comer ni andar en el fandango (12).

1-Hierba, la hija de doña 13-Flor, con su boca tan bonita, no paraba de reírse. Hablaba con su hermanita 4-Caña. La vieja metiche, la 4-Lagartija, nomás andaba viendo a ver qué oía, nomás paraba las orejas. Al otro día, anduvo comentando que estas chamaquitas nomás andaban cuchicheando (13): "Qué bueno que existan competencias de habladores... y qué tamales tan sabrosos". ¡Vaya falta de respeto!

Vocabulario para los niños que quieran saber un poquito más...

Como en México vivimos pobres y ricos; y unos vienen de la ciudad y otros del campo, no todos los niños hablan igual. Los papás de unos estudiaron en la universidad y los de otros en la primaria de su pueblo o con los consejos de abuelito. Otros de plano, ni estudiaron nada. Por eso, algunas palabras que usan unos niños no las entienden otros. Para que entendamos mejor lo que se dice en este cuento, pongo aquí una explicación de palabras que usan muchos niños en nuestro país, pero que otros niños a la mejor ni las conocen.

1.- Tambos del agua, en muchas partes de la ciudad de México y en otros estados del país, los niños pobres no tienen agua en tubos ni tienen llaves en su casa. Entonces, toman el agua de los ríos; o bien, unos camiones llamados "pipas" les llevan el agua y las depositan en unos "tambos" que son unos botes bien grandes. Esos tambos están juntos en un lugar, llega la pipa y los llena y luego van las mamás con cubetas a llevarse el agua para sus casas.

2.- Pachiche, quiere decir arrugado o arrugada. Viene del idioma náhuatl “pachichina”, que quiere decir "chupar". Se usa mucho en los pueblos y en algunos lugares de la ciudad de México.

También se dice pachichi. algunos dicen estás pachiche (o pachichi). Quiere decir "estás chupado", o sea "arrugado", pálido, como enfermo. El náhuatl es el idioma de los antiguos mexicanos, nuestros abuelitos, los que algunos llaman ahora "los aztecas" y que no son "aztecas" sino mexicanos. Muchos lo hablan todavía.

3.- “Cau cau”, así hacen las guajolotas cuando buscan novio o no encuentran a sus hijitos. En España les dicen "pavos" a los guajolotes, pero los pavos son otros animales que se parecen mucho a los guajolotes.

4.- Fufurufo, se usa mucho en la ciudad de México y quiere decir muy presumido y orgulloso, alguien que se cree mucho y lo da a notar y hasta exagera.

5.- Hicieron de palabras, en la calle se oye muy seguido. La gente dice así cuando alguien empieza a discutir. Cuando ven discutiendo a dos personas dicen: "Ya se hicieron de palabras".

6.- Tiza, este es el nombre antiguo del "gis". Viene del náhuatl tizatl o tizatlali. Esto es muy chistoso. En otros países de América Latina y hasta en España la gente usa la palabra tiza para decir pedazo de gis o unas piedras blancas como de yeso que pintan muy bien. Pero en México muchos que no aprendieron bien en las escuelas les dicen "gis" que era una marca que salió hace muchos años de tizas para usar en pizarrones. Eso me dijo mi maestro.

7.- Echar de habladas, es como presumir, o hablar creyéndose muy muy, o decirle de cosas a la gente. Hablar de más, también se dice.

8.- Ganosa, que tiene ganas, que está animosa, que quiere pelear o hacer algo.

9.- Arremangaba, es una vieja palabra española. Como en México vivieron unos españoles malos hace como 500 años y se querían hacer como dueños de México (se fueron hasta 1810) se empezó a usar el español en lugar del náhuatl que se hablaba antes. Esta palabra se usaba antes en España y se sigue usando mucho en México. Viene de arriar que es lo mismo que "jalar" y manga que ya sabemos que es lo que tapa los brazos en tu camisa o chamarra. Arremangar quiere decir "subirse las mangas".

10.- Enaguas o Naguas, son las faldas. Esta palabra viene desde Cuba, que es un país que está en una isla, cerca de México. Cuando vinieron los españoles a nuestro continente llegaron a Cuba antes que a México. Entonces los que vivían ahí llamaban a sus faldas naguas. Y cuando vinieron a México así se quedó. A veces, en España, dicen enaguas, que es lo mismo.

11.- Retortijones, viene de España y se usa mucho en México. Quiere decir que se le torcieron a uno las tripas y que duele un poco la panza. En México casi todos lo usan para decir que les "duele mucho la barriga".

12.- Fandango, viene de España. Era un baile muy antiguo español y se usa para decir fiesta, pachanga o alboroto. En México se usa mucho también y más bien quiere decir "escándalo", "pleitazo", "un super relajo" o algo así.

13.- Cuchicheando, algunos dicen que esta palabra vino de España y quiere decir hablar en voz baja o secretearse. Muchas veces los maestros dicen a los niños que "no estén cuchicheando en clase", o sea, "hablarse en secreto" o "murmurar", que es casi lo mismo.



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