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Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 148 - De varios tiempos
Publicación de marzo, 2009.
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Tres estampas para una conmemoración bicentenaria: 1810, 1910, ¿2010?

  Artículo por Alfredo Velarde   (version pdf)

TRES ESTAMPAS PARA UNA CONMEMORACIÓN
BICENTENARIA: 1810, 1910, ¿2010?

Primera Estampa: flashback sobre el Movimiento de Independencia de 1810

El 15 de Septiembre de 1908, los comerciantes del Consulado de la ciudad de México organizaron un golpe de Estado frustrado en contra del virrey Iturrigaray. Así, se clausuraba toda posibilidad de negociación entre las elites novohispanas para la obtención, concedida, de la Independencia sin convulsiones sociales de por medio. La cerrazón de la Corona impidió el cambio pacífico, pero abrió la posibilidad de que las masas populares crearan de su propia historia. El descontento creció. El 16 de septiembre de 1810, descubierta la conspiración de Querétaro, el cura de Dolores Miguel Hidalgo, convocó apremiante a la feligresía de su parroquia a la lucha, negándose a pagar tributos para concluir la incendiaria e inusual arenga para un religioso, profiriendo: “Sin patria ni libertad estaremos siempre a mucha distancia de la felicidad (…) la causa es santa y Dios la protegerá (…) ¡Viva Fernando VII! ¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Muera el mal gobierno y mueran los gachupines!”. El movimiento revolucionario de independencia había estallado. Sabemos que el descubrimiento de la conjura precipitó los acontecimientos, impidiendo la elaboración reflexiva de un programa de lucha. Eso explica, al menos en parte, que la consigna tremendamente ambigua de “¡Viva Fernando VII!”, se la comprenda en el contexto en que se postuló como una táctica del cura de Dolores para ganar la simpatía de un sector de los criollos a la causa insurgente. Habiendo iniciado el movimiento como conspiración, muy pronto incorporó a 80 000 insurgentes. De la ambigua consigna en el atrio de Dolores, los insurgentes pasaron a la radicalización de su ideario encaminado a extirpar el despotismo virreinal. El programa se hizo andando y se proponía abolir la esclavitud, las castas, la restitución de tierras a los indios, la liquidación de monopolios estatales y obtener la independencia. Tras los primeros éxitos militares, ocurrió el advenimiento de la traición. Jiménez, Aldama, Allende e Hidalgo, fueron capturados y fusilados por los realistas entre mayo y julio de 1811. Tuvo que tomar la estafeta de continuidad, por el sur, el aventajado alumno de Hidalgo, Morelos, quien creó un verdadero ejército popular, consolidó el programa de lucha, convocó a un Congreso Constituyente del cual emanó la primera Constitución, la de Apatzingán de 1814. Por vez primera, los revolucionarios tenían un proyecto claro, recogido en los Sentimientos de la nación. Pese a que la estrella militar de Morelos se eclipsó en 1815, con su derrota, la lucha siguió con guerra de guerrillas, destacando en la continuidad de la lucha Vicente Guerrero y que obtendría finalmente la Independencia hasta 1821, producto combinado de la lucha aquí, y el cambio del orden político español que restableció la Constitución liberal y las Cortes de Cádiz. En México, para evitar la implementación del liberalismo, la oligarquía, la iglesia y los militares tomaron la iniciativa de hacerse del gobierno. Organizan un bloque independentista encabezado por Iturbide. Se genera la tremenda paradoja que representó el Plan de Iguala, encabezado por Iturbide y aceptado por los insurgentes, determinando que la revolución de independencia se consumara por sus acérrimos enemigos originales. Finalizaban así, tres siglos de dominio español sobre México.

Segunda estampa: flashback sobre la Revolución Mexicana de 1910

La ruptura histórico-revolucionaria que había iniciado en 1810 y que concluyó en 1821 realizando la independencia, dejó inconclusas muchas cosas que explicarán la gran transformación social que empezaría a ocurrir en México a partir de 1854, con el entallamiento de la Revolución de Ayutla contra la dictadura de Santa Anna y que concluiría con la ominosa pérdida del inmenso territorio nacional texano, a favor de los norteamericanos. Se trató con esos acontecimientos, del preámbulo que posibilitaría la transformación de una lucha que realizaría el Congreso Constituyente de 1855 y la promulgación de la Constitución de 1857 llevada a sus últimas consecuencias merced a la revolución liberal juarista con su guerra de los tres años y que sentaría las bases del estado-nacional mexicano y la sociedad capitalista que aún arrastramos como lastre, la desamortización de los bienes del clero, la derrota cultural de los conservadores, así como la expulsión de la intervención francesa y el aniquilamiento del imperio de Maximiliano. De ahí provino, la atmósfera político-militar, que madurará el hastío popular por la larga dictadura de quien habiendo sido héroe de armas y haciéndose largamente del poder, terminó ejerciéndolo con saña: Porfirio Díaz. El fraude electoral de 1910 fue el detonador insurreccional. El maderista Plan de San Luis y el carrancista de Guadalupe, eran la síntesis de los ideales de las facciones burguesas contra la dictadura. En oposición a ellas, el proyecto popular, se representaba en el programa del PLM magonista de 1906, y su Manifiesto de 1911, así como en el Plan de Ayala del Ejército Libertador del Sur, de Emiliano Zapata. Si los primeros exigieron Sufragio Efectivo y No Reelección, los segundos, sensibles al México de los desposeídos, agregarían demandas más radicales, afianzadas en el perfil agrarista de la convulsión, como Tierra y Libertad, convencidas de que la tierra tendría que ser para quienes la trabajaran. La revolución triunfó, si la valoración se circunscribe a la mera deposición del añoso dictador en fuga a bordo del Ipiranga al viejo mundo donde fallecerá en el París de sus afrancesados delirios y refugio póstumo. Pero la revolución quedó interrumpida, porque si depuso al dictador, vio también la liquidación impune de sus principales caudillos populares, Zapata, Villa, Magón, y la imposición de sus usufructuarios, también liquidados por la sangrienta vorágine de la convulsión revolucionaria. Primero Madero, luego Carranza y al fin Obregón, quien con su tentación reeleccionista, violentaría la ley no escrita que habría de cegarle la vida. Aunque la revolución lograra una inconclusa reforma agraria y un reparto de tierras condicionado con la creación del ejido, más tarde se usó para coptar al campesinado a los fines de los regímenes emanados de la Revolución Mexicana, e incluso implicó la conquista de importantes derechos sociales, como los alusivos al trabajo, la educación o la salud, que ahora se conculcan, a la postre sus demandas quedaron inconclusas y mediatizadas por la nueva dictadura del partido de estado que se hizo del poder durante más de siete décadas, con escasos logros sociales más allá de la expropiación petrolera cardenista, en el último coletazo de la revolución arrodillada, ante los corruptos gobiernos civiles, antidemocráticos y contrarios a la causa popular durante el priato. La revolución, primero interrumpida, más tarde traicionada y finalmente desfigurada, terminó institucionalizada burocráticamente. Eso explica que perdiera el poder ante el continuismo neoliberal regresivo del panato que desde el año 2000, a hoy, han hecho todo por regresar el curso del tiempo al pasado más ominoso, conservador y reaccionario. Y explica por qué, ahora, se hable tanto de la nueva revolución que urge y cuyo advenimiento dependerá de todos los insumisos conscientes.

Tercera Estampa: sobre anticipaciones y advenimientos convulsivos

Si nuestras dos estampas anteriores fueron viajes instantáneos a nuestro pasado histórico, la tercera estampa no puede sino ser una fuga libertaria, luminosa y desbordante, en pos del futuro emancipador imaginado, siempre negado por los poderosos y por realizarse, contra la inmensa ignominia que hoy ocurre emplazada en lo que queda de república y nación, dominadas por un tiempo de feroz capitalismo salvaje neoliberal que todo lo avasalla, sólo para favorecer a la oligarquía nacional y los poderes transnacionales del más depredador capitalismo. ¿Cómo conmemorar el cierre del largo ciclo histórico que clausurará dos siglos de lucha ininterrumpida de los mexicanos de abajo, por la conquista de un proyecto nacional digno y autónomo, genuinamente popular y justiciero, de distribución equitativa de la riqueza y radicalmente democrático, más allá de la oficiosa retórica conmemorativa bicentenaria, con globos y serpentinas, que prepara el mentiroso gobierno de facto y espurio, del fraudulento Felipe Calderón? Por principio de cuentas, recordando nuestra historia y rechazando toda amnesia que nos impida extraer las lecciones del pasado. Porque todo proyecto de emancipación integral para el futuro, afincado en el presente de lucha y organización, ha de conocer su pasado para neutralizar los riesgos de repetir, como farsa, las tragedias que en el pasado obliteraron el triunfo definitivo de la causa popular de los de abajo. De ahí y sólo de ahí, podrá detonarse la ampliación de la conciencia que se precisa; el fortalecimiento de los esfuerzos organizativos que le confieran el peso específico requerido para la emancipación de la clase trabajadora, en una lucha histórica porque su victoria se haga realidad; el perfeccionamiento de su programa clasista para la lucha, a fin de esclarecer no sólo contra quiénes luchamos, sino también a favor de cuáles reivindicaciones sociales que garanticen la emancipación; y la propia radicalización de la lucha en todos los frentes, a sabiendas que nadie hará por los explotados y oprimidos, lo que ellos mismos no hagan para sí y a favor de un modelo de sociedad justa, libre y solidaria. Y para eso es, precisamente, la nueva revolución que todavía duerme, indignada y cauta, en las más profundas raíces del México de abajo. La anticipación de la revolución es, apenas, un deseo. Pero su advenimiento, tan necesario como lo es, de ocurrir con nuestro concurso y voluntad, evidenciará un compromiso nuestro, desde el más inmediato presente, con un porvenir que puede ser emancipado y libre, si es que así lo proyectamos para materializarlo. Si no son los explotados y oprimidos quienes hagan la revolución, ¿quién la hará? Si no es en la coyuntura que derivará hacia el 2010 de lucha combativa, ¿cuándo entonces se hará? El futuro ya está aquí y haremos de él aquello por lo que los mexicanos han luchado durante 200 años. ¡Que así sea!

Paseos culturales, Estado de México, foto de Jorge Vargas

Paseos culturales, Estado de México, foto de Jorge Vargas



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