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MARIATEGUI Y EL FASCISMO
Hugo van Oordt H.
LA ESTADÍA EUROPEA DE MARIÁTEGUI
Leguía asumió la presidencia el 4 de Julio y en seguida liberó a los dirigentes obreros. La manifestación triunfante que los acompañó desde la cárcel se detuvo delante de las oficinas de La Razón, el periódico de Mariátegui, y lo invitó a sumarse a la primera fila de la marcha. Sin embargo, la luna de miel leguiísta fue bastante corta. Para agosto, Leguía ya estaba reprimiendo las acciones de los trabajadores; suprimió La Razón y a Mariátegui y su colaborador César Falcón les invitó a abandonar el país.
En octubre los dos emprendieron su viaje a Europa. Más adelante, se le acusaría a Mariátegui de doblegarse ante Leguía. Su propia explicación era que se encontraba cada vez más limitado en sus actividades cuanto más Leguía asumía poderes dictatoriales, y que el movimiento obrero seguía demasiado débil y desorientado para actuar con éxito en el Perú. Leguía le ofreció la alternativa del exilio y él aceptó.
Al dejar Perú, Mariátegui ya tenía una reputación en el movimiento obrero nacional, un trabajo periodístico considerable y un conocimiento elemental del marxismo. El viaje a Europa le serviría para profundizar y desarrollar esos conocimientos. Después de un tiempo corto en Francia, viajó a Italia donde asistió al congreso donde se fundó el Partido Comunista Italiano en Livorno en 1921, y aprendió mucho sobre el marxismo en este período.
MARIÁTEGUI Y EL FASCISMO
Aunque llegó cuando se habían acabado ya las ocupaciones de las fábricas italianas, sus artículos y ensayos reflejan su inmersión en los debates sobre la cuestión de la hegemonía que surgieron a consecuencia de esas acciones. Más importante aún, Maríátegui pudo presenciar hasta qué punto la debilidad de la burguesía y las vacilaciones del reformismo permitieron el surgimiento del fascismo; esto fue tema central de las clases y conferencias sobre la situación mundial que presentó en las Universidades Populares al regresar al Perú, y en los artículos suyos que aparecieron en 1923 y 1924 y que se publicaron bajo el título “Figuras y Aspectos de la Vida Mundial”.
Mariátegui considera al fascismo como un movimiento eminentemente político, a diferencia de lo manifestado por el Kuominter, que repitiendo mecánicamente a Jorge Dimitrof, considero al fascismo como la expresión exacerbada del capitalismo monopólico.
Para comprender el fascismo italiano —importante por ser la primera experiencia de este tipo de gobierno de excepción— tenemos que remitirnos a la figura de Benito Mussolini, a su formación política anterior y a su actuación durante el surgimiento del fenómeno. “Como todos sabemos —afirma Mariátegui— Mussolini es un político de procedencia socialista. No tuvo dentro del socialismo una posición centrista ni templada sino una posición extremista e incandescente. Tuvo un rol consonante con su temperamento. Porque Mussolini es, espiritual y orgánicamente un extremista. Su puesto está en la extrema izquierda o en la extrema derecha”.
Mussolini no es el creador del fascismo, es su inspirador. El fascismo como fenómeno político surge por determinadas condiciones económicas y sociales y en esto tiene un peso específico la Primera Guerra Mundial, en la cual participa Italia junto con Inglaterra, Francia y Rusia zarista en contra de Alemania.
El triunfo de la Entente —tal es la denominación con la que se conoce a la alianza anti-germana— dejó a Italia al borde de la crisis ya que en el reparto le tocó una mínima ración, hecho que hizo despertar grandes resentimientos, particularmente en sectores intelectuales y de la pequeña burguesía en su conjunto.
Mussolini que había roto con la tendencia socialista a raíz de la firme posición de la clase obrera de abstenerse de participar en la guerra. “El socialismo italiano —continúa Mariátegui— reclamó la neutralidad de Italia. Mussolini, invariablemente inquieto y beligerante, se reveló contra el pacifismo de sus correligionarios. Propugnó la intervención de Italia en la guerra. Dio, inicialmente, a su intervencionismo un punto de vista revolucionario. Sostuvo que extender y exasperar la guerra era apresurar la revolución europea”.
No podemos dejar de lado el desarrollo capitalista en la Italia Fascista, donde el proceso de industrialización fue realmente tardío, ya que no se inició hasta aproximadamente 1880.El feudalismo, con nítida predominancia en el agro, dio pruebas de su fortaleza ante la dispersión política y las ocupaciones extranjeras. A pesar de estas características particulares, Italia poco antes de la Primera Guerra ya había ingresado a la etapa imperialista.
La deuda externa italiana después de la guerra tiene ya características catastróficas. La desigualdad entre un norte industrializado, donde el capital financiero ejercía gran poder y un sur con grandes resabios feudales, impidieron que pudiera concretarse —como en otros países europeos— en un Estado nacional. “Italia se presenta al termino de la guerra como un país económicamente a la vez “retrazado”, respecto a los demás eslabones de la cadena imperialista y, en cierto modo “adelantado” con respecto a sí mismo”.
Cuando llegó la victoria, el armisticio y la desmovilización, surgió un sentimiento de frustración que afectó a amplios sectores de la población, particularmente a la pequeña burguesía y la intelectualidad, ansiosas de acciones de gesta y epopeya. Los intervencionistas salieron en última instancia derrotados y los socialistas que habían planteado la no participación fueron los ganadores, ya que lograron conquistas gremiales y hasta 155 escaños en el parlamento. “Estos sentimientos de decepción y depresión nacionales, eran propicios para una violenta reacción nacionalista. Y fueron la raíz del fascismo. La clase media es particularmente accesible a los más exaltados mitos patrióticos. La clase media italiana, además, se sentía distante y adversaria de la clase proletaria socialista. No le perdonaban su neutralismo. No le perdonaban los altos salarios, los subsidios del Estado, las leyes sociales que durante la guerra y después de ella habían conseguido del miedo a la revolución. La clase madia se dolía y sufría que el proletariado, neutralista y hasta derrotista, resultase usufructuando de una guerra que no había querido. Y cuyos resultados desvalorizaba, empequeñecía y desdeñaba. Estos malos humores de la clase media encuentran su hogar en el fascismo. Mussolini atrajo así a la clase media a sus fasci di combatimento”.
Mussolini se ha desvinculado totalmente de sus orígenes socialistas y hasta reniega de ellos, ha renunciado a la dirección de Avanti para fundar un nuevo periódico Il Popolo d´Italia desde el cual comenzará su predica ultra-extremista y ultra-conservadora:
“La reunión del 23 de marzo dirige su primer saludo y sus reverencias a los hijos de Italia que están caídos por la grandeza de la patria y por la libertad del mundo, a los mutilados e inválidos, a todos los combatientes, a los ex prisioneros que han cumplido su deber y él, se declara heredero de sostener sus reivindicaciones de orden material y moral que serán defendidas con fuerza por las asociaciones de combatientes…La reunión del 23 de marzo se opone al imperialismo de los otros pueblos o el detrimento de la Italia y el eventual imperialismo italiano o el detrimento de los otros pueblos; él acepta el postulado supremo de la Sociedad de Naciones y presupone la integración de cada uno de entrar en ella, integración en la que se refiere a Italia debido a su realización sobre los Alpes y sobre el Adriático con la reivindicación y la anexión del Fiume y de Dalmacia… La reunión del 23 de marzo obliga a los fascistas a sabotear por todos los medios las candidaturas de los neutralistas de todos los partidos.”.
La claridad del planteamiento de aniquilar a los enemigos de la participación en la guerra es claramente manifiesta.
“Mussolini ha pasado —afirma el Amauta— del socialismo al fascismo, de la revolución a la reacción, por una vía sentimental, no por una vía conceptual. Todas las apostasías históricas han sido, probablemente, un fenómeno espiritual. Mussolini extremista de la revolución ayer, extremita de la reacción hoy, nos recuerda a Juliano. Como este emperador de Ibsen y de Marezkovsky, Mussolini es un ser inquieto, teatral, alucinado, supersticioso y misterioso que se ha sentido elegido por el Destino para declarar la persecución del dios nuevo y reponer en su retablo los moribundos dises antiguos”.
Mariátegui observa el surgimiento del fenómeno, el papel que juega la clase media y el nefasto papel de la socialdemocracia que se entregan al fascismo con armas y bagajes. “Algunos disidentes del socialismo y del sindicalismo —analiza Mariátegui— se enrolan en los fasci aportándoles su experiencia y su destreza en la organización y captación de masas. No era el fascismo todavía una secta programática y concientemente reaccionaria y conservadora, el fascismo antes bien, se creía revolucionario. Su propaganda tenía matices subversivos y demagógicos”.
El Fascismo por ejemplo se enfrentaba verbalmente en contra de los nuevos ricos y dejaba de manifiesto tendencias republicanas y anti-clericales. Los socialistas los dejaron actuar inconcientes del peligro que se avecinaba. El odio de la pequeña burguesía contra el proletariado era incentivado por la cúpula fascista.
Particular importancia tiene el papel de los intelectuales especialmente D´Annunccio y su aventura del Fiume. Encabezada por el poeta y dramaturgo italiano Gabriele D´Annuncio, que al mando de un ejército compuesto por militares de bajo rango, ocupó la ciudad estableciendo en ella un estado soberano que se regía por la Carta del Carnaro.
Con el ascenso de Mussolini al poder, tras el golpe de 1922, el Estado libre de Fiume fue ocupado por tropas fascistas. Dos años más tarde, la ciudad fue anexada a Italia.
Los fascistas tomaron como bandera el Fiume como una reivindicación nacional post-bélica. “El fascismo es D´Annunciano —opinaría Mariátegui— pero D´Annuncio no es fascista”.
El enfrentamiento cada vez más radical de los fasci contra dirigentes y organizaciones obreras, había puesto a Italia al borde de una guerra civil: “Italia entró en un periodo de guerra civil. Asustada por los chanses de la revolución, la burguesía armó, abasteció y estimuló solícitamente al fascismo. Y lo empujó a la persecución truculenta del socialismo, a la destrucción de los sindicatos y cooperativas revolucionarias, al quebrantamiento de huelgas e insurrecciones. El fascismo se convirtió así en una milicia numerosa y aguerrida. Acabó por ser más fuerte que el Estado mismo. Entonces reclamó el poder. Las brigadas fascistas conquistaron Roma. Mussolini en “camisa negra” ascendió al gobierno, constriñó a la mayoría del parlamento a obedecerle, inauguró un régimen y una era fascista”.
La burguesía italiana en su afán de combatir el socialismo y la revolución había creado un movimiento fanático e incontrolable, y lógicamente se postró ante él.
La víspera de la Marcha sobre Roma, el rey se negó a promulgar el estado de sitio e invitó a Mussolini a compartir el poder. La marcha sobre Roma no pasó de ser un desfile de camisas negras con fanfarrias y algarabía anti-socialista.
Esta consolidación del fascismo no estuvo al margen de ciertas negociaciones con el parlamento. Mussolini que siempre había manifestado un discurso anti-parlamentario, tuvo que aceptar la democracia representativa, aunque la limitó y trato de utilizarla para sus fines. Mussolini había conquistado Roma, el gobierno y a la mayoría de los intelectuales italianos. “Unos se unieron sin reservas al carro y a su fortuna; otros le dieron un consenso pasivo; otros, los más prudentes, le concedieron una neutralidad benévola. La Inteligencia gusta dejarse poseer por la Fuerza. Sobre todo cuando la Fuerza es, como en el caso del fascismo, joven, osada, marcial y aventurera”.
El futurismo junto con el D´Annuncianismo fueron los integrantes sicológicos más importantes del fascismo, los futuristas consideraban que el triunfo de Italia en Trípoli era el comienzo de una nueva era para Italia.
Pero, ¿qué ha pasado con los partidos socialdemócratas? A quien Lenin tipificó como “social-traidores” por su abierta colaboración con sus burguesías. Ellos fueron la base social del crecimiento del fascismo, aportaron sus cuadros y su experiencia.
El problema real no era la disyuntiva entre fascismo y social democracia, sino al mismo tiempo fascismo con socialdemocracia. El camaradas Stalin afirmaba que: “El fascismo era la organización de combate de la burguesía que se apoya sobre el sostén activo de la socialdemocracia. Objetivamente, la socialdemocracia es el ala moderada del fascismo… Estas organizaciones no se excluyen recíprocamente, sino que por el contrario se complementan la una a la otra. No son antípodas, sino mellizas. El fascismo es un bloque uniforme de estas dos organizaciones…”
A pesar de que el golpe de estado fascista obtuvo la aprobación de la mayoría de las cámaras, el liberalismo se postró ante el principio de autoridad, cuando las hordas fascistas asesinaron al diputado Matteotti, el liberalismo se separó del fascismo refugiándose en el Aventino , donde continuaron sus sesiones, mientras el parlamento fascista seguía sesionando en Montecitorio . Los socialistas proponen a la oposición que se constituyan en “Parlamento del Pueblo”, voces que no son escuchadas. Todavía existía temor a la revolución.“Aislado, bloqueado, boicoteado, el fascismo deviene más beligerante, más combativo, más intransigente. La oposición liberal y democrática lo ha devuelto a sus orígenes. El ensayo reaccionario, libre del lastre que antes lo entrababa y enervaba interiormente, puede ahora cumplirse en toda su integridad. Esto explica el interés que, como experiencia histórica, tiene para sus contemporáneos la batalla fascista”.
El fascismo pues, según la visión de Mariátegui es un movimiento eminentemente político. Es una combinación de demagogia y represión. En su etapa de consolidación se presenta más demagógico que represivo, para pasar a su segunda etapa, como un movimiento más represivo sin dejar de ser demagógico.
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José Carlos Mariátegui durante su estancia europea
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