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JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI: y la Alianza obrero - campesina
Hugo van Oordt H.
José Carlos Mariátegui no sólo fue un preclaro teórico marxista que analizara la realidad peruana y latinoamericana. Fundamentalmente fue un organizador de las clases básicas con las cuales poder hacer la revolución socialista en el Perú.
CENTRALIZACIÓN CAMPESINA
Las tesis de Mariátegui sobre la realidad peruana incidieron en el problema del indio y de la tierra, que están ligados a la estructura semi-feudal del campo peruano. “El problema del indio —planteaba Mariátegui— es el problema de las tres cuartas partes de la población del Perú. Es el problema de la mayoría, es el problema de la nacionalidad… sin el indio no hay nacionalidad posible. El problema del indio es la cuestión clave y forma parte del problema de la tierra, del problema agrario y del problema nacional”.
Lo expuesto se manifiesta en pobreza rural, inmensos contingentes de campesinos pobres sometidos y tratados como bestias de carga, sin acceso a una sola pulgada de tierra. En el área andina la desnutrición, la mortalidad, el analfabetismo y la ausencia de servicios son alarmantes. La esperanza de vida en el área rural es de 40 años y la tercera parte de los niños nacidos allí mueren antes de cumplir el primer año.
La lucha del campesinado peruano tiene raíces históricas y se inicia con la implantación de la feudalidad por los conquistadores españoles. Sin pretender tocar el problema desde sus inicios, concretaré a analizar el movimiento campesino y su lucha por la tierra, durante el periodo en que Mariátegui se aboca al trabajo de centralización en la perspectiva de la alianza obrero-campesina.
Podríamos definir este periodo como de movilización espontánea y organización embrionaria del campesinado, ya que la movilización en este periodo coincide con los inicios del capitalismo agrario —particularmente en la costa— y de formas de organización que tienen un marcado carácter anarcosindicalista.
Estas luchas se intensifican en la costa norte del país (Departamentos de Lambayeque y La Libertad), particularmente en el Valle de Chicaza, donde los sindicatos existentes impulsan una gigantesca huelga por mejoras salariales.
No podemos referirnos a estas luchas como las de un movimiento obrero propiamente dicho. Características de semi-feudalidad, prevalecían en las relaciones campesinas: las masas eran en su mayoría campesinos emigrantes enganchados en la sierra (región andina), mediante “cebo” adelantado, empleándose incluso la coacción física. El hacendado costeño aseguraba la permanencia en su feudo, utilizando “grupos de vigilancia” particulares —cual verdaderos señores de la guerra— y la perpetuaba endeudando al trabajador en el “Tambo” —nombre quechua donde los Incas almacenaban provisiones para las épocas de escasez— (Tienda de Raya en México), que ejercía el monopolio del comercio en su hacienda.
Así como en las haciendas azucareras del norte de la costa peruana, las haciendas algodoneras situadas al sur de Lima, el proceso de proletarización del campesinado es igualmente incipiente. Pocos eran los trabajadores asalariados. La gran mayoría eran “yanaconas”, colonos que recibían una parcela de tierra y en algunos casos semillas y dividían la cosecha “al partir” con el hacendado.
Si bien es cierto que se daba el inicio de un “capitalismo agrario”, este nacía atado a intereses terratenientes e incapacitado por ello para cumplir con la misión histórica de liquidar le fuedalidad, hecho que fue nítidamente percibido por Mariátegui.”El capitalismo se desarrolló en un pueblo semi-feudal —afirma Mariátegui— en instantes que llegada la etapa de los monopolios y el imperialismo toda ideología liberal correspondiente a la época de la libre concurrencia ha dejado de ser válida”.
La lucha del campesinado peruano por la tierra está en ascenso. La gigantesca insurrección de Rumi-Maqui se extiende por la sierra y marca el inicio de grandes levantamientos campesinos en Cuzco, Puno y Ayacucho.
Estos levantamientos campesinos que son fácilmente aniquilados por las fuerzas represivas, generan el surgimiento de corrientes “indigenistas” que pretendían una idealista reconstrucción del Tahuantinsuyo —Imperio de los Incas—, hecho que fue duramente criticado por Mariátegui.
Él, que participó en varios Congresos Indigenistas, planteo una estrategia basada en la Alianza Obrero-Campesina. En la solución de los problemas de la tierra rechazaba la idea que pudiera hacerse reivindicando las tradiciones del comunismo primitivo agrario que floreció en América antes de la conquista española e insití en la diferencia que existe entre este y el comunismo moderno. La doctrina socialista —afirmó— es la única que puede dar un sentido moderno y constructivo a la causa indígena, que situada en su verdadero terreno social y económico, y elevada al plano de política creadora y realista, cuenta para la realización de esta empresa, con la disciplina y la voluntad de una clase que hoy hace su aparición en nuestro proceso histórico: El Proletariado”.
Paralelamente el APRA consolida su hegemonía en el movimiento campesino del norte del país aprovechando los vestigios de organizaciones anarco-sindicalistas, las cuales son absorbidas fácilmente debido a sus planteamientos de “populismo agrario”.
La reiterada defensa de la comunidad indígena hecha por Mariátegui, sirvió de pretexto para que sus detractores, —entre quienes habría que incluir a los enviados del Kouminter que consideró al Amauta como “populista”— lo motejaran de “indigenista” sin tomar en cuanta que su pretendido “indigenismo”, a diferencia de las posiciones utópicas que inclusive eran compartidas por el Partido de Haya de la Torre. Mariátegui sentó claramente su posición:
“Y el fenómeno nacional no se diferencia ni se desconecta en su espíritu, del fenómeno mundial. Por el contrario, de él recibe su fermento y su impulso. La levadura de las nuevas reivindicaciones indígenas es la idea socialista, no como la hemos heredado instintivamente del extinto incario, sino como la hemos aprendido de la civilización occidental, en cuya ciencia y en cuya técnica sólo romanticismos utopistas pueden dejar de ver adquisiciones irrenunciables y magníficas del hombre moderno”.
La Constitución de la Federación de Yanaconas y Comunidades bajo la dirección de Mariátegui y su posterior integración a la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP) formó parte de la unificación obrero-campesina, que marcha paralelamente a la fundación del Partido Socialista (posteriormente Comunista) del Perú.
ALGUNOS ANTECEDENTES PREVIOS A LA CENTRALIZACIÓN OBRERA
Mariátegui emprende desde las páginas del periódico “Labor” —fundado por él— el trabajo tendiente a la centralización obrera que culminara en la constitución de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP).
Las primeras manifestaciones de propaganda ideológica revolucionaria son en el Perú las que suscita, a principios del siglo actual, el pensamiento radical de González Prada. Poco después de que González Prada se separa definitivamente de la política, fracasado el intento de crear el Partido Radical, aparecen los primeros grupos libertarios.
Algunos obreros, que se interesan por estas ideas entran en contacto con González Prada, a quien su decepción de lucha política empuja a una posición anárquica. Se constituyen pequeñas agrupaciones libertarias que se limitan a iniciar la propaganda de sus ideas, sin proponerse por el momento ninguna otra acción. González Prada colabora, con pseudónimo o sin firma en eventuales hojas sueltas: "Los Parias", "El Hambriento".
Algunos radicales y masones, amigos de Gonzáles Prada, simpatizan con esta propaganda, sin comprometerse de frente en ella. Aparecen otras hojas efímeras: "Simiente Roja", etc. La única que llega a adquirir permanencia es "La Protesta" que da su nombre al primer grupo anárquico de acción persistente.
La Federación de Panaderos "Estrella del Perú", se presenta como el primer gremio en el cual influyen las ideas revolucionarias. Es en una actuación de los panaderos donde González Prada pronuncia, el 1o de Mayo de 1905, Su discurso sobre los Intelectuales y el Proletariado es reproducido por Mariátegui en el No. 8 de "Labor".
Bajo el gobierno de Billinghurst el mutualismo amarillo, al servicio de todos los gobiernos se prestó a una actitud de cordialidad con los obreros chilenos. Una comisión de estas sociedades obreras, auspiciada por el gobierno, visitó Chile, donde se cambiaron entre representantes mas o menos falsos de uno y otro proletariado palabras de reconciliación y amistad. El grupo anárquico del Perú que trabajaba entonces por dar vida a una Federación Regional Obrera Peruana, envió a Chile, desconociendo a la delegación oficial, visada por el billinghurismo, al obrero Otazú, que en el país del Sur fue recibido por trabajadores de la misma filiación”
No podríamos inscribir estos contactos entre obreros como una muestra de internacionalismo dado su carácter pro gobiernista dirigido por la cancillería para arreglar con Chile la cuestión de Tacna y Arica (territorio peruano que había quedado en posición de los chilenos a raíz de la guerra del pacífico)
El movimiento billinghurista obtiene la adhesión de de algunos elementos participantes en estas escaramuzas ideológicas; el más importante de ellos es un ex-libertario, Carlos del Barzo, artesano que más tarde interviene en el intento de organización de un Partido Socialista y que figura alguna vez como candidato obrero a una diputación por Lima. El billinghurismo tuvo su lado, asimismo, al líder de las huelgas portuarias de esa época, Fernando Vera; pero, al asimilárselo, hizo de él un "capitulero".
Billingurst es desplazado del gobierno a travez de un golpe militar encabezado por el General Oscar R. Benavides. González Prada publica el semanario “La Lucha” y Carlos del Barzo, "El Motín"; pero ambos periódicos representan sólo una protesta contra el régimen militar, una requisitoria contra sus abusos. Por la filiación ideológica de sus directores, cabe sin embargo relacionarlos con el movimiento social. Del Barzo sufre prisión y deportación; y González Prada un juicio de imprenta.
“Bajo el gobierno de Pardo, los efectos de la guerra europea en la situación económica influyen en la agitación social y en la orientación ideológica. Un grupo sindicalista intensifica la labor entre las masas. Barzo dirige algunas huelgas de zapateros y organiza el sindicato de trabajadores de esta industria en la capital. La propaganda anarco-sindicalista penetra en la campiña de Huacho, produciendo una agitación sangrientamente reprimida por las autoridades de Pardo” .
En este tiempo, se inicia en la redacción del diarió oposicionista, "El Tiempo", muy popular entonces, un esfuerzo por dar vida a un grupo de propaganda y concentración socialistas. La dirección del periódico, ligada a los grupos políticos de oposición, es extraña a este esfuerzo, que representa exclusivamente la orientación hacia el socialismo de algunos jóvenes escritores, ajenos a la política, que tienden a imprimir a las campañas del diario un carácter social. Estos escritores son César Falcón, José Carlos Mariáteguí, Humberto del Aguila y algún otro que, unidos a otros jóvenes intelectuales afines, publican a mediados de 1918 una revista de combate: "Nuestra Epoca". Un artículo anti-armamentista de Mariátegui provoca una violenta protesta de los oficia1es del ejército que en numeroso grupo, invaden la redacción de "El Tiempo" donde trabaja el articulista para agredirlo. "Nuestra Epoca" no trae un programa socialista; pero aparece como un esfuerzo ideológico y propagandístico en este sentido.
“Se constituye el Comité con la adhesión de Del Barzo y algunos obreros próximos a él y de los Dos grupos de estudiantes, (ya profesionales al- nos) que ha tomado parte hasta entonces en agitación obrera. El grupo tiende a asimilarse todos los elementos capaces de reclamarse del socialismo sin exceptuar aquellos que provienen del radicalismo gonzalez-pradista y se conservan fuera de los partidos políticos. Una parte de los elementos que lo componen, dirigida por Luis Ulloa, se propone la inmediata transformación del grupo en partido; la otra parte, en la que se cuentan precisamente los iniciadores de su fundación, sostienen que debe ser mantenido como Comité de Propaganda y Organización Socialistas, mientras su presencia no tenga arraigo en las masas. El periodo no es propio para la organización socialista; algunos de los elementos del comité redactan un periódico: "Germinal", que adhiere al movimiento leguiísta; Mariátegui, Falcón y sus compañeros se separan, finalmente, del grupo que acuerda su aparición corno partido el l° de Mayo de 1919.”
La primera huelga general, en solidaridad con los trabajadores de la importante fábrica textil de Vitarte, se llevó a cabo en abril de 1911. Aunque no fue exitosa, el mismo año se decretó una nueva ley sobre accidentes en el trabajo; en 1913 se concedió el derecho a la huelga, aunque en forma restringida; y al año los trabajadores del puerto de Callao ganaron la jornada laboral de ocho horas. En 1915 y 1916 hubo nuevos ataques al nivel de vida de los trabajadores, como consecuencia de la decisión de exportar materia prima en vez de bienes terminados, lo que afectaba a su vez el nivel de ganancias de la empresa. La respuesta fue una ola huelguística y la demanda de cortar la jornada laboral.
Aquel mismo año, Mariátegui fundó una nueva revista, Nuestra época, que expresaba su transición de la vanguardia artística a un radicalismo cada vez más politizado. El nombre de la revista se refería a algo más que el espíritu de la época; se trataba de un momento histórico de cambio y de lucha. “Nuestra Epoca no trae un programa socialista, pero aparece como un esfuerzo ideológico y propagandístico en este sentido” 6.
La revista duró dos numeros; fue reprimida a raíz de un artículo de Mariátegui que criticaba las fuerzas armadas. A principios del año siguiente, Mariátegui fundó La Razón, un periódico cuyo objetivo declarado era apoyar a los que luchaban. Era una primera encrucijada en su transformación en marxista y dirigente obrero.
El año 1919 resultó ser el momento de transición. El costo de la vida para los trabajadores había subido dos veces desde 1913; en los dos años anteriores hubo una serie de huelgas en Lima y otras ciudades para incrementos salariales y el recorte de la jornada laboral. El primer sindicato general, la Federación Local Obrera de Lima, se formó en 1918 y la creación de un comité organizador para el Partido Socialista, aunque prematuro, fue más un reflejo del ambiente militante que un avance político real. El año 1919 empezó con una huelga de panaderos que rápidamente se transformó en huelga general bajo el liderazgo de los anarquistas. El gobierno concedió la jornada de ocho horas pero se negó a aceptar las alzas salariales. En abril se formó el Comité Pro Abaratamiento, reuniendo una gama de organizaciones en una serie de protestas; y en mayo nuevas huelgas paralizaron la ciudad, quedando detenidos tres líderes sindicales. La declaración del estado de sitio y la detención de los líderes del movimiento no sirvió para amainar la protesta popular, que se enfocó ahora en una campaña por el retorno del ex-presidente Leguía. Se creía que él estaría dispuesto a enfrentar la vieja clase dirigente e introducir medidas para modernizar el estado peruano.
Leguía asumió la presidencia el 4 de Julio y en seguida liberó a los dirigentes obreros. La manifestación triunfante que los acompañó desde la cárcel se detuvo delante de las oficinas de La Razón, el periódico de Mariátegui, y lo invitó a sumarse a la primera fila de la marcha. Sin embargo, la luna de miel leguiísta fue bastante corta. Para agosto, Leguía ya estaba reprimiendo las acciones de los trabajadores; suprimió La Razón y a Mariátegui y su colaborador César Falcón se autoexilian en Europa donde Mariátegui ve surgir el fenómeno fascista italiano y lo analiza con claridad meridiana.
La constitución de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP) concreta la centralización obrera y la alianza obrero campesina formulada por Mariátegui, luego vendría la tarea más importante la constitución del Partido Socialista (Comunistas) del Perú, vanguardia organizada del proletariado peruano con una línea política y militar que lo posibilitaba a emprender el camino hacia la captura del poder.
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XIV FESTIVAL DE LA HUASTECA en San Felipe Orizatlàn, Hidalgo. Fotografías de Jorge Vargas/Conaculta.
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