Cdnflag La Redvista Electrónica de Cultura Latinoamericana en Canadá
Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 50 - Especial sobre el grupo cultural Maíz Rebelde
Publicación de diciembre, 2000.
Página previa Página siguiente

Desde los siglos del maíz rebelde

  Introducción por Horacio Caballero Silva   (version pdf)

Prólogo al libro: DESDE LOS SIGLOS DEL MAIZ REBELDE
(Poemas de Benito Balam, José Tlatelpas y Mario Ramírez, 1988)

Por Horacio Caballero Silva

Estos son algunos de los poetas jóvenes que forman parte de esta corriente
cultural y que me despiertan interés, los cuales están siendo llamados
a filas por una vocación histórica: En realidad, más que capillas
son verdaderas órdenes, como hubo órdenes de caballería y órdenes religiosas.
Ahora hay órdenes del poeta de la calle. El poeta de la calle es el
que recibe el cariño y el apoyo de la gente, algo mejor que el aplauso o el
premio del concurso. Cuando se trata de cooperación para conseguir una
impresión ¡Cómo hay aportaciones de la gente!

Eso es importante, porque el monopolio de las editoriales y de los premios
oficiales empieza a declinar frente al apoyo solidario del pueblo, a pesar
de la modestia de estas publicaciones que, en su sólo formato, son ya un
poema de protesta.

Qué importante que hayan surgido estas identificaciones, el descubrimiento
de estos intereses. No es raro que ocurran estos encuentros, que
se den como veta los minerales parecidos. Yo creo que este mismo espíritu
que los ha llamado, es el mismo espíritu que llamó a todos los activistas
en el 68, es el mismo que nos está llamando a filas, el que está organizando
el llamado a través del poema hacia la transformación de esta sociedad.

Esta sociedad también la van a transformar los poetas y los poetas
también tienen que ser transformados por ella. De ahí que la responsabilidad
de escribir tenga un valor y una exigencia moral que empieza a
penetrar en el ánimo de estas palabras, de estas imágenes poéticas que
cruzan como aves, como formas de elevación hasta zonas donde se habla
de la totalidad, se habla de un hecho colectivo que reclama justicia.

Buena parte de su temática es de indignación, de estupor, de reclamación
de justicia; pero no en un tribunal o en un reportaje periodístico, sino en
medio de un juicio universal, profundo, abarcando todos los espacios de
la abstracción y queriendo llegar con mucha fortaleza y ánimo guerrero a
sus semejantes, a quienes les inquietan también éstas cosas y, cuyo lugar
de reunión también está en la calle.

Es muy claro que ha aparecido una cultura del 68, la historia del México
contemporáneo se mide o se valora como "la de antes del 68" y “la de después
del 68". Esto significa que el 68 ha sido un cambio definitivo, total.

Es irreversible el acontecimiento de las vocaciones del estudiantado y de
la juventud. Pero no toda la juventud se ha enterado bien de estos acontecimientos
a pesar de que se habla tanto de ello, de ahí la importancia y
la responsabilidad de comunicarlo en aquellos a quienes impactó el mensaje
y despertó dentro de sí una modificación, hasta el grado de desarrollar
una cultura diferente, de convertir en comunicado de convicción
profunda, en comunión social este saber y sentir que implica toda esa experiencia
de confrontación entre una generación joven y un gobierno avejentado,
caduco, y con una larga tradición de corrupción e intolerancia.

Frente a un Estado de gángsteres y bandoleros contra los que se alzó el
movimiento del 68, y que todavía subsiste de muchas formas a pesar de
los esfuerzos del Estado por renovarse moralmente, lo que motivó el 68
sigue exigiendo de una sociedad honesta la entrega que principalmente
los jóvenes son capaces de dar, para enfrentarse a tanta arbitrariedad, a
tanto crimen y a tanto sinvergüenza "honorable" con estatuas levantadas.

Esta joven poesía no descansa, no se inspira o no tiene la influencia paterna
de los octavio paz, que maicean a sus pequeños discípulos. Para
los corifeos y críticos tradicionales y oficiales, esta generación sufre de
una escasez del lenguaje poético tradicional u oficial. Sin embargo no le
falta el lenguaje en donde hierve, se caldea o muerde el habla popular,
en donde la energía del discurso de combate invade la palabra. Esta generación
no teme expresar la realidad y la pobreza y para ello se sirve del
lenguaje.

Estas nuevas emociones nos conducen a nuevos caminos, a una ceremonia
en la que se sumerge un pueblo para escarbar su historia en la conciencia.
La actitud de este movimiento es legítima y no lo digo por un
simple deslinde político; sino por una necesidad real del lenguaje literario.
Este es uno de los puntos principales que los reúne en una publicación.

Creo que se enfrentan a un medio literario donde los poetas son principalmente
de corte tradicional, de grupos muy reducidos, como el mismo
Alí Chumacero lo ha declarado: "mi poesía es para las minorías". Lo
mismo Octavio Paz, aunque su poesía es hermosísima, se ha vuelto complaciente
consigo misma y, en ese sentido, no alcanza a expresar la realidad
profunda de una sociedad. Es un poeta que necesita realizar
reportaje político para tratar esta temática; pero su poesía no es ya suficientemente
fidedigna y flexible como para enarbolarla de una manera
impactante y que deveras interesara a esta juventud que quiere hacer
poesía. Esta es una juventud que busca la poesía con otras formas, buscando
de una manera distinta, con otros moldes, buscando, quizás, de
una manera ciega en lo ya perdido; pero sabiendo que se trae en la sangre
algo que no tiene necesariamente que ser filtrado por una historia poética
de élite.

Aquí hay el interés de hacer una poética que debe haberse logrado desde
Guillermo Prieto con su "Musa Callejera", y el Nigromante con sus poemas
de mayor garra, de quienes despunta una poética que no supimos seguir
en lo mejor de nuestra tradición. Se puede volver a Martí, Altamirano,
Othón y Antonio Plaza y López Velarde, y sacar líneas muy importantes,
de un interés social muy genuino, de una inquietud por el México al que
una revolución buscó reinterpretar a través de sus muralistas.

Creo que esta poesía quiere ser una poesía muralista, quiere decir en las
planas lo que se dice en los muros, explora en lo profundo las imágenes
de una sociedad a la que los poetas de élite y de minorías nunca prestaron
su palabra para hacerlas verdad y para darles voz.

Esta joven generación se encuentra dentro de una exigencia histórica que
los obliga a una trascendencia; se nota en Mario Ramírez el esfuerzo por
decir cosas muy fuertes, muy grandes, muy “arrastra pueblos”, cuando
dice, por ejemplo: “¡Vengan a mí! / grité con profetas en los dedos…” Pareciera
que necesita tener magnetismos digitativos al escribir sus versos.

Los poetas del Maíz Rebelde muestran una necesidad de hacer acopio de
márgenes carismáticos a través de un magnetismo que los reúne, quizá
con el código de su propio carsima, y buscan moverse en el seno de la sociedad
a través de la cultura y un espíritu revolucionario. Pareciera que
están llenos de un ánimo que no carece de jardinería mesiánica; pero
también se manifiestan como becerros enojados, hambrientos o sedientos,
que rompen las cercas y se enfrentan a la situación de la indiferencia
egoísta y gigantesca con un desvalimiento enorme, como si los hubieran
abandonado los propietarios de las realidades en las cuales se desarrollaron
como seres vivos. Su obra es un movimiento como de salvaje
brinco, que pasa por los prados de los artistas de lujo, como si no los conocieran,
sin hacerles caso.

Reciben, a veces, influencia más del extranjero que del propio país, hay
un rechazo selectivo y un sentimiento de nostalgia. En otra veta importante,
expresan su nostalgia porque quieren recuperar las raíces. Por otro
lado hay desarraigo porque el pasado inmediato no se quiere recibir, no
se quiere aceptar, porque se han visto sus frutos y esta juventud no
quiere asumirlos, no puede seguir esa línea, no puede repetir la historia
de los voceros oficiales. Por eso para ellos la historia se replantea a partir
del 68 y desde ese momento se aprecia de manera distinta toda la tradición
cultural, en la cual los éstos poetas toman su lugar sin tantos premios
ni aspavientos.

Cada autor tiene su propia singularidad, un estilo bastante logrado a
fuerza de desear escribir y lograr expresarlo. Los tres están comprometidos,
se están comunicando con una sociedad histórica. En unos casos
con una comunidad joven, en la que Mario Ramírez es un activista y líder
de constante presencia. En otro caso, el poeta se está comunicando son
una sociedad de amigos o camaradas, como ocurre con Tlatelpas, él
mismo lo dice: "mis amigos de parrandas". Cuando habla de personalidades
históricas habla como de “mi cuate”, “mi carnal”, hasta le hubiera
gustado tomarse un trago con ellos, es más, se lo toma, como un gran
brindis de conciencia social. Se manifiesta como el más coloquial, amiguero
y muchachero en toda su temática. Benito Balam nos muestra
unos poemas en los que se comunica con el drama de la historia, es relevante
su necesidad por hablar con el espíritu inmortal en el humo que
queda de nuestros antepasados.

La imagen muralista de la que toman aliento estos poetas proviene de los
murales de Bonampak, los relieves de Monte Albán, o los restos históricos
de Teotihuacan o Cacaxtla, la descripción de todos esos guerreros, de
todos esos cortejos, de esas ceremonias, iniciaciones y misterios, proceden
del muralismo más antiguo de México.

Benito Balam, por ejemplo, busca en las fuentes de la cultura maya sus
raíces y de ahí pasa a convertir en mural todo aquello que los ojos de su
voz han contemplado en la historia; mientras que Tlatelpas las busca en
la cultura nahuatl del pueblo chinampero de Tláhuac y Mario Ramírez se
desenvuelve en la cultura del barrio y entre el valiente tropel de amigos
que defiende esos territorios.

Es a partir de esas pautas que ellos van labrando entendimientos, con la
esperanza de llegar a entender un siglo entero de acontecimientos. El muralismo
es también una manera de ordenar la armonía de los sentidos y
crear el entendimiento en orden a una nueva historia.

Para toda poesía que se respete es, de alguna manera, esta descripción,
este estar en la historia, lo que la hace universal y vigente. La poesía,
cuando tiene demasiados elementos ahistóricos ya no es poesía, es invernadero;
es el poema en donde la jardinería también logra hermosos resultados;
pero la poesía original (original no por pura, sino por su
brutalidad, por el caudal irresistible del que proviene) creo que se aprehende
y se desprende de su momento histórico, así se escribió La llíada
y el Canto de Job. La poesía pura, ahistórica, nunca ha tenido momento,
es una poesía huérfana, quién sabe de cuántas musas ha sido abandonado
el hijo que esa poesía reclama.

Lo que podríamos empezar a llamar "el muralismo poético" de esta joven
generación, de la que este libro nos muestra una parte y una primera selección,
tiene algunos matices. No es exactamente como el movimiento
muralista; pero indudablemente éste tiene resonancias en ellos. Esta sinergia
y compromiso social que produce el movimiento del Maíz Rebelde
no se ve en todos los grupos de poetas de su generación, y esto es algo
que los distingue de un modo significativo.

La prueba más evidente es la compañía estética del muralista José Hernández
Delgadillo, incansable luchador social, en el diálogo plástico-poético
en el que convergen con emoción y acción. Al retomar estas
reflexiones, podría agregar que Hernández Delgadillo pudo transmitir con
simpatía la genialidad no sólo de su arte pictórico sino también la honestidad
de su compromiso.

Naturalmente que éstos poetas han leído el esfuerzo poético de la última
década y de los últimos 50 años. Esto es evidente: sería pueril renunciar,
deshacerse o avergonzarse de una cultura. El asunto es que esa cultura
no les permite a ellos llegar a sus objetivos, y en cambio, la cultura mural
sí les da base y también la cultura prehispánica y el indigenismo actual
con la cultura urbana de las comunidades proletarias e indígenas de
nuestros días. Los poetas del Maíz Rebelde quieren hacer un nuevo consenso,
quieren descubrir a la comunidad que el 68 parió, la sociedad mexicana
a la que se enfrentan y encontrar nuevos caminos.

Hay una siembra rebelde, y este es un "Maíz Rebelde" porque se exige
crear el alimento, dar el atole y las tortillas verdaderas, que nutran al
campamento de una campaña impredecible. Es una poesía que está reclutando
y llamando a filas para un acontecimiento que se llama consenso,
que se llama conciencia social, que se llama compromiso histórico.

Hay que tomar de su claridad lo que nos permita, en la conciencia, captarnos
o identificarnos como comunidad histórica. Y deslindarnos de toda
la bastardía y parasitismo, con las que una cultura de élite ha ignorado
con su poética a la sociedad que sufre. Y no será el gemido, el chillido o
la protesta los elementos con que construya la nueva poesía; sino la convicción
profunda de que se está en el ordenamiento histórico de un pueblo
que se ha negado a arriar las banderas.

Esta selección no agota el consenso, es sólo un trío de los poetas que
están trabajando en esta línea, pero valga como un primer ejemplo para
mostrar esta corriente y su empeñoso deseo de incluir la victoria en sus
objetivos.

“Hasta la victoria siempre”

Portada del libro "Desde los Siglos del Maíz Rebelde"

Portada del libro "Desde los Siglos del Maíz Rebelde"



Share

Página previa Página siguiente

Otras publicaciones dentro de este número.

  1. TOLUCA
    Poesía por José Tlatelpas
    (ver versión en pdf)
  2. AMADA
    Poesía por Benito Balam
    (ver versión en pdf)
  3. Desde los siglos del maíz rebelde
    Introducción por Horacio Caballero Silva
    (ver versión en pdf)
Loading...