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El mundo se engendra en el delirio, fuera del cual todo es quimera.
(E.M.Cioran)
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Hijos de la claridad de los tigres
de la rueda del caos emanaron los días.
Desgranaban infinito las arenas
del alba, resonaba el océano
en la cabellera al viento de los ángeles
el rumor de sus alas, mensajeros del cielo,
siluetas extraídas de algún libro sellado
cuando ya se habían abierto quizá los siete sellos
y nadie recordaba el futuro
ni los apocalipsis sembraban la venganza
sobre las tierras arrasadas...
Cuando las cosas no tenían nombres y eran libres para serlo
todo nuevamente, allí en la unanimidad de los abrazos del caos
en el magma constantemente deshaciéndose
en el corazón de lo amorfo deslumbrante
en el vértice mismo del abismo
sostenido por la flor de loto
el elefante blanco
de cuyo centro emanaban los siete ríos de fuego,
la lengua del dragón
del paraíso.
También ésta es una profecía.
En el no tiempo en que
antes es igual a después
y nacer es aniquilarse,
la inocencia es olvido
y antes de la historia es después de la historia
-recitan las siete lenguas del dragón
en el centro mismo de lo que nunca ha sido ni será
cifrando en el pasado el porvenir
y en la utopía, el acabamiento.
Amparo Arróspide
aperezgut@nexo.es
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