|
|
La Redvista Electrónica de Cultura Latinoamericana en Canadá Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante |
| Página previa | Página siguiente |
|
VLADY, pintor ruso y mexicano Por José Luis Colín "Mi primer encuentro con Vlady... hace memoria Colín, "... fue de verdad emocionante, aunque lo cierto es que pasó mejor dicho como un sueño o una alucinación etílica, pero también por lo mismo pudo ser catastrófico tanto para mí como para él. Y es que se me ocurrió hacerle una entrevista para el suplemento cultural con el cual colaboraba por esa época, La Onda, del diario Novedades, coordinado por don Jorge Deangeli. Por ser el motivo el mural que entonces pintaba en los espaciosos muros de la Biblioteca Lerdo de Tejada que está allí, en la calle de República de El Salvador -entre Isabel la Católica y Bolívar-, ese fue lógico, nuestro escenario... pero montados los dos sobre un andamio bamboleante de tubos de metal y a casi tres metros de altura. Según nos movíamos, o más bien yo bajo los efectos de no sé cuántos tragos de marranilla, el precario andamio rechinaba y crujía... Y curioso, pero yo me reía y el maestro ruso-mexicano me festejaba... Este momento dio pie a una larga y fructífera relación de tres décadas, hasta la fecha de su deceso.
-Ah que maestro Colín... -me respondió con una sonrisa igual de franca- usted no se muerde la lengua... ¿y sabe qué...? Puede que tenga razón...
En todas las ocasiones que lo necesité para hacerme de algunos centavos que no fueran producto de planchar la dignidad con las nalgas o cuadrándose lambiscón ante los idiotas con poder, Vlady gustoso y sin resquemor alguno, me tendió con amplia generosidad su mano... y su obra. Recuerdo la última ocasión que lo visité, cuando él y su esposa doña Isabel vivían ya en Cuernavaca. Tras los momentos consabidos de mi presentación, sin más le espeté mi petición de una de sus obras, con la cual me ayudaría a salir un rato de la pranganez en que me debatía por entonces. Al escucharme doña Isabel, su esposa, me dijo con un tono un poco de reproche, "pero maestro Colín... creo que ya le hemos regalado algunas piezas, antes...". "Espere doña Isabel -respondió Vlady de inmediato- esto es algo que debo resolver con el maestro Colín... A ver, véngase por acá... maestro", y me tomó del brazo llevándome al fondo del jardín interior de su casa, donde se hallaba su estudio, un inmenso galerón de cinco metros de alto por no sé cuántos de ancho y largo, pero que era realmente enorme. Muy conveniente, para el tamañp soberbio de sus obras principales, sus murales y/o telones. "Maestro Colín no tome a mal lo que diga doña Isabel... Usted comprende que como esposa del pintor, es la que protege sus intereses. Porque imagine si yo regalara obras a todos los que vienen y me piden, que son muchos, nunca acabaría o no me alcanzarían. Pero yo creo que usted se merece la ayuda que le podamos dar, ¿y sabe por qué? No sólo por ser mi amigo, sino porque para mí usted es un poeta de verdad...". Si vieran qué bien me sentí. Sobre todo por venir aquellas palabras del pintor Vlady, cuya fama como crítico bien ácido era proverbial. Así que sin hacerle más al cuento, ese día salí de su casaa como siempre o algo más, pues me obsequió además de uno de sus grabados una pintura abstracta al óleo, cuya venta remedió en algo mi paupérrima situación de aquellos días. |
|
| Página previa | Página siguiente |
|
Loading...
|