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Si no hubiera sido por la imposición del inglés a principios del siglo pasado en Filipinas, la tradición literaria en lengua española en estas islas que empezó a florecer en el siglo 19, se hubiera desarrolado en un jardín inmenso y glorioso. Edwin Agustín Lozada se siente vinculado a esta tradición y es uno de los pocos filipinos que hoy en día crea y publica poesía en español. Sus poemas escritos entre 1980 y 2000 aparecen en "Sueños anónimos/Anonymous Dreams", editado por Carayan Press en 2001. "Bosquejos/Sketches" salió en marzo de este año. Está preparando una colección de poesías inspiradas por lo filipino titulada "Luz de la sampaguita". Compone su poesía primero en español y luego crea una versión en inglés. En la actualidad, reside y enseña en California.
www.carayanpress.com
Visiones
está tronando
la lluvia se escapa
sin saber adónde va
por la calle un niño corre
calado hasta sus temores más íntimos
se estremece
en alta mar va a la deriva
un barco cargado de sueños anónimos
¿hasta dónde llegará?
tú, escondida entre las sombras
de los deseos aún no nacidos
te callas
se me escapa todo
busco refugio
en el ocaso donde a veces yo jugaba
A la deriva
una perla de cálida lluvia tropical
cae en tus labios
calladamente estalla
en arroyos tiernos y melosos
que lentamente se deslizan
acariciando los pétalos de tu boca
(carmesí)
con mi lengua quiero marcar
la ruta infinita
de estos riachuelos de deseo
que seductoramente
te despiertan
(sol)
cierro los ojos
y a tientas
busco tu corazón
y en tu perfume
me abandono
(embriaguez)
(de "Bosquejos")
Impresión
la incertidumbre segura se esconde
en los resquicios de puertas quebradas
de esperanzas tenues, adormecidas
blancas ruinas mudas y abandonadas
ay, gimen y después desaparecen
en una olvidada lancha fantasma
insegura que ha perdido su rumbo
y va vertiendo su congoja amarga
mientras surca, surca mares quiméricas
en una soledad acaso mía
A Federico García Lorca
Siguiriyas
Los ojos de la noche,
afilados, negros,
cortan las venas de la sierra y surge
un río de cuervos.
Un grito mudo y rojo
se hunde aquí en mi pecho
y llena mis sueños de tempestades
que arrasan tus besos.
Una brisa lóbrega,
con un manto oscuro,
gimiendo sigue a la luna morena
que ya está de luto.
Ay, mare de mi alma,
dime,¿dónde estás?
Escóndeme en tus sollozos ocultos,
ahí no me hallarán.
La guitarra en llamas
derramaba angustia
y cantaba una fuerte lluvia fría
con su voz de púas.
Música
Cuando la lenta tristeza
nos invade y turba el alma,
Cuando la insensatez ciega
grita y nos cruza el camino,
Y al sentirnos impotentes
ante nuestro terco sino,
Muy suavemente la música
nos restituye la calma.
Cuando el corazón ansioso
se hincha de alegría y danza,
Porque alguien nos ha devuelto
al cuerpo el fuego perdido,
O si te apresa el vacío,
triunfa y te deja vencido,
Abatidos o felices,
la música nos alcanza.
Música, hermana gemela
de la bella Poesía,
Cuando ellas cantan a dúo,
no hay nadie que las resista
Y su poder vuela y llega
al cielo y al alma mía.
Música, nos acompañas
en nuestras horas de pena,
O cuando el sol ilumina
y obsequia una bella vista.
Música, vivir sin ti:
¡intolerable faena!
(de "La luz de la sampaguita")
Interrogatorio
Ay, lacuachero, lacuachera,*
¿adónde vais con tanta prisa?
¿A casa?
No.
¿A la iglesia?
No.
¿Al palenque?**
Tampoco.
¿A la playa?
Puede que sí.
¿A la escuela?
¡Qué va!
¿A una fiesta?
Quizá.
¿Al trabajo?
¡Ay, pare, no, que no!***
Decidme lacuachera, lacuachero,
¿adónde vais con tanta, tanta prisa?
Vamos a la calle de los recuerdos
donde ya nos acecha
otra vez tu pregunta.
Ay, lacuachero, lacuachera,
¿adónde vais con tanta prisa?
(*) lacuachero(a): Alguien con una inclinación a pasear, callejear y entretenerse fuera de la casa, y así, evitar las responsabilidades.
(**) palenque: mercado.
(***) pare: compadre, amigo.
El bosque
por entre la verde infinidad de generaciones
del grácil bambú
el baile sutil de los tantos cuerpos esbeltos
que se dirigen e intentan alcanzar
el firmamento azul, resplandeciente
te mueve el alma dormida
un sendero: una alfombra espesa y milenaria
de hojas desteñidas, casi blancas
fantasmas inmóviles que una vez eran
frescos brazos de la primavera
saludan con su cuchicheo
y mansas se ajustan al paso de los caminantes
que callados, lenta y ligeramente vuelan
escuchando la serenata discreta
de murmullos y silbidos suaves
reverberando en este mundo
donde el hombre está de paso
y no es nada más que un viajero
dueño de nada
los mensajeros dorados del sol
penetran la verde espesura de las hojas
por unos segundos
se sostienen en el aire felices
exquisitos destellos solares
después caen
y se esconden en los fósiles de las hojas caídas
y los caminantes siguen callados
al asir los secretos
que susurran las hojas al temblar
pero ellos no pueden detenerse tanto
no pueden quedarse
tienen que seguir caminando
o si han aprendido
vuelan
por este bosque antiguo
hasta oír
la canción ondulada de un río lejano
que los llevará
a otros bosques
y luego
a otros ríos
y así siguen los bambúes
con su baile y serenata
en su mundo donde el hombre
no es dueño de nada, nada
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