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La Redvista Electrónica de Cultura Latinoamericana en Canadá Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante |
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De sus primeros días en la ciudad de México, a Andrés Henestrosa le quedó la costumbre de recorrerla, andarla y caminarla de cuando en cuando sin rumbo fijo. Un hábito que, confiesa, es equivalente a una lectura o a una clase de historia, sociología y literatura. Para el poeta y narrador, las calles son páginas de la biografía de un pueblo; una calle es algo así como un surco para que el viandante arroje la semilla de una palabra, de un árbol futuro o el germen de un recuerdo. "Personas, obras, cosas" es el título de la bitácora que ha acompañado a Henestrosa no sólo en su errante caminar por las colonias y barrios de la urbe, sino también en su acercamiento a algunas de las grandes figuras de la cultura mexicana. El libro, editado por la Colección Periodismo Cultural de la Dirección General de Comunicación Social del Conaculta, reúne sus columnas publicadas en el periódico Unomásuno y despliega un mapa de la memoria de este intelectual mexicano que invita a conocer a su lado lugares y personalidades insertos en nuestra historia contemporánea. El autor confiesa que le gusta compartir los dones de la nostalgia, e incluye en esta obra anécdotas y evocaciones sobre la Alameda Central, las tardes en El Taquito, la época de los tangos, los organillos de arrabal, los restaurantes donde todavía suele degustar el café negro desde tempranas horas, sin faltar un homenaje a la gran Casa de los Azulejos, lugar que desde hace años acoge sus mañanas en compañía de amigos, así como del lápiz y el papel. En esta recopilación no podían faltar los homenajes a figuras como Antonieta Rivas Mercado, Martín Gómez Palacio, Amado Nervo, Juan de Dios Peza, Rufino Tamayo y Hans Lenz, entre muchos otros. En el prólogo del libro, Alí Chumacero afirma que, por encima de otras preocupaciones, Andrés Henestrosa insiste y perdura en hacer del periodismo el oficio principal de sus actividades. "Henestrosa es un hombre ávido de rechazar la ausencia y preferir la permanencia entre nosotros. Porque su quehacer cotidiano no se reduce al universo de los libros o al ejercicio de la cultura, sino que su ir y venir se fundamenta particularmente en enfrentar la vida con el espíritu abierto a todos los vientos. No abundan los intelectuales que, como él, conserven encendido el contacto con aquello que los rodea, que sepan mirar más allá del resplandor de las lecturas y que dispongan de un sentido de la vida con tal vehemencia y con tal amor por la alegría y la tristeza." En el relato titulado "Lectura en los tranvías", Henestrosa asegura que a la ciudad hay que conocerla durante esos días cuando se asoman todas las carencias, tal como ocurría en los días de su juventud. "Recorrer para mí las calles de la urbe era como olvidarme de mí, anular el tiempo, engañarse con un nutrido pan; ir al teatro, al cine, a los toros era cosa imposible. Descubrir a la ciudad era ver al pueblo afanarse, al niño empinar un papalote, oír chismear a las mujeres a la caída de la tarde, que es cuando son más tristes las canciones." "Los jardines y parques fueron mis bibliotecas: silenciosos pero para mí invadidos de una vaga y triste quietud. Sin aquella tristeza sería imposible vivir y sobrevivir. Y yo logré las dos cosas. Si se gana así, equivale a un pan entero. Un día, sin quererlo y sin buscarlo, cometí un latrocinio. Ocurrió que, en la esquina de Tacuba y Brasil, un niño sustrajo de la bolsa de un viejo que ahí bajaba del tranvía la cartera que yo le arrebaté al tiempo que yo subía. Cada uno, el viejo y el niño, siguió su camino; el uno, huyendo; el otro, a paso lento, y yo, sentado, dueño de un abono suburbano de tranvía por un mes." En el prólogo, Chumacero afirma que en las columnas que publicó durante años en este periódico se traslucen la claridad de la imagen y el gusto por la vida. "Dentro de la multitud de asuntos que aborda, sobresalen la seguridad afirmativa, el sentido que acostumbra imprimir a sus apreciaciones y la emoción con que impulsa aquello que surge hábilmente de su ingenio." Y añade: "Henestrosa observa que ese universo, persistente y preservado por quienes forman el sustrato de la población, es un impulso que matiza lo nacional. Congratulémonos de que la tesis originada por la pluma de este escritor, a menudo dispuesta a poner de manifiesto el significado de haber nacido en estas tierras, no sea el ruidoso ditirambo que suele empañarlo todo, sino la exposición estética, armónica, que todo lo ilumina". |
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