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Los Tesoros Culturales del Mundo Hispanohablante
Núm. 7 - I Congreso de la Lengua Española y David Alfaro Siqueiros
Publicación de mayo, 1997.
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REFLEXIONES SOBRE EL I CONGRESO INTERNACIONAL DE LA LENGUA ESPAÑOLA

  Artículo por Edmundo Farolán Romero, Academia Filipina de la Lengua   (version pdf)

He leído unas ponencias de algunos académicos, periodistas y escritores que participaron en este Congreso, y me gustaría expresar mis humildes opiniones sobre ellas.

El ex presidente de Colombia, Belisario Betancur, habló de la amenaza de la globalización por la expansión de redes de información que hoy ocurre en el mundo, y ésta ha causado estandarización que resulta en el empobrecimiento del lenguaje y el pensamiento. El catedrático español, Bernardo Díaz Nosty añadía que esta imposición lleva consigo un matiz mercantilista, fenómeno de origen anglosajón, y que es menester combatir esto para regenerar nuestra lengua y cultura.

En mi opinión, sí, la amenaza existe, pero tenemos que utilizar esta influencia anglosajona a nuestro beneficio. Es decir, en vez de tomar un puesto defensivo, tenemos que seguir adelante con esta globalización e utilizar lo para efectuar más la comunicación entre los países hispanohablantes. En cierto sentido, veo la globalización como una conquista nueva de la lengua española, más bien como una angelización, en lugar de una demonización. Las nuevas tecnologías anglosajonas que tratan de uniformar el internacionalismo, como decía Alejandra Lajous de la televisión mexicana, es un reto para fortalecer nuestras propias culturas, y hay que aprovechar de estos medios de masa para divulgar nuestra herencia lingüística y cultural. La homogeneización de los mensajes y expresiones es, en cierto sentido, una ventaja para poder unir al mundo hispanohablante. Esta unidad servirá como un reto contra el mundo anglosajón. En fin, utilizar la metodología anglosajona de la globalización a nuestra ventaja.

El escritor cubano Lisandro Otero encuentra que los escritores verán obligados a pelear su espacio porque hoy día, la televisión, radio, cine, internet domina este mundo tecnológico. Creo que no. Al contrario, estos medios de masa ayudan más a los escritores en el aspecto propagandístico, en el aspecto de divulgación de sus obras, y como decía el editor mexicano Jaime Labastida, "permaneceremos" en el mundo del papel.

La ponencia de Miguel León Portilla sobre El español y las lenguas indígenas me impresionó mucho por los paralelismos que existen en Hispanoamérica y Filipinas. Las lenguas indígenas en nuestros países no son obstáculos al desarrollo de la lengua española en el sentido de que esta pluralidad es un castigo, como en la Torre de Babel; al contrario, es riqueza, porque de esta pluralidad, emana una unidad con una sola lengua: el castellano. En Filipinas, la red que capta la unidad en los diferentes dialectos lingüísticos es el castellano. Por ejemplo, aunque el bisayo del Sur no comprende al ilocano del Norte, por el complejo de verbos, se unen en otros aspectos de comprensión en las vocales castellanas, las letras latinas, y hasta muchos nombres que se usan en común: mesa, silla, tenedor, misa, etcétera. Es decir, las palabras españolas unen a estos dialectos indígenas.

El poeta Octavio Paz en su ponencia Nuestra Lengua habla de la experiencia de pertenecer a un mundo internacional con la lengua castellana. El español transciende no sólo las fronteras nacionales y geográficas sino también las históricas. La lengua "nos fundó", dice Paz, e hizo posible "nuestro nacimiento como naciones". Guillermo Gómez Rivera, colega mío en la Academia Filipina, apunta esta misma idea en su obra Defensa del Español en Filipinas. Dice que si no fuera por la lengua española, Filipinas no hubiera sido una nación.

Para acabar, me gustaría ofrecer mis reflexiones sobre la ponencia del novelista colombiano Gabriel García Márquez, conocido internacionalmente por su magic realism, en el mundo anglosajón, por las traducciones inglesas de sus cuentos y novelas. En su ponencia Botella al mar para el dios de las palabras, ofrece, casi en términos novelísticos, la sugerencia de que ya es tiempo de jubilar la gramática, antes que la gramática termine por simplificarnos. En cierto sentido, ya ocurre esa escuela de pensamiento que el Spanglish o, en el caso de Filipinas, el Taglish, es el movimiento del futuro. Elabora en que tenemos que negociar con los gerundios bárbaros, los qués endémicos, el dequéismo parasitario... Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna. Exagerado todo, pero bien puesto, casi humorístico, como es el estilo de este popular novelista. Pero creo que antes de tomar esta licencia, más bien, este derecho de sublimarnos de la lengua de nuestra herencia, tendremos primero que disciplinarnos, saber bien y perfectamente la lengua para luego licenciarnos en hacer lo que queramos con ella. Hay que establecer lo básico antes de proceder a las más complejas implicaciones lingüísticas de cualquier lengua. Y Márquez es uno de los expertos de la lengua; maneja la lengua con fértil dominio y gracia que si alcancemos el nivel de este gran y popular escritor, entonces, podríamos acertarnos que ¡sí, cierto, adelante con otros experimentos!

En fin, estas son las humildes reflexiones que este académico filipino ofrece, reiterando la metáfora de García Márquez, enviando estas ideas, en una botella, al mar.

David Alfaro Siqueiros

David Alfaro Siqueiros



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